Jardines de Luxemburgo Francia 5Un señor lee el periódico a cielo abierto sin temor a los rayos del caliente sol veraniego. Está sentado como si nada pudiera perturbarle, mientras extiende una pierna en la silla de enfrente, en señal de plena comodidad.

Muy cerca hay quienes parecen imitar la pose y espíritu del “acomodado” y disfrutan en grupo o en solitario del paisaje y la tranquilidad desde los asientos que de forma desordenada se esparcen al borde de las descapotadas pasarelas y debajo de los vecinos bosquecillos de castaños, tilos y otras especies exóticas, donde los niños pueden montar ponis o burros, retozar en diferentes atracciones y hasta ver un espectáculo de marionetas.

Justo delante del Palacio de Luxemburgo, nombrado así en honor a su primer propietario, el duque Francois du Luxembourg, se alinea un gran estanque en cuyas aguas navegan diminutos botes de vela manejados con mandos a distancia por infantes que logran que sus padres asuman previamente el alquiler.

Al fondo, en una zona más alta, sobre el césped que separa a largas filas de árboles con trabajada forma cuadrada, parisinos y visitantes se tienden, en masivo picnic, a conversar con familiares y amigos acompañados del excelente vino, el café o los croissants que venden en los cercanos quioscos, o leer un libro, jugar con el celular o chatear en Internet.

El cuadro hermoso que se extiende a la vista lo aderezan el intenso verdor de la yerba y el multicolorido de las flores, custodios fieles junto a la arboleda de las 22,45 hectáreas de los Jardines de Luxemburgo, parque privado abierto al público que a menos que el clima lo impida, vive lleno –algo en lo que ayuda su constantes ofertas culturales, que incluyen conciertos musicales, obras de teatro y exposiciones al aire libre, sin contar la centena de estatuas y esculturas allí ubicadas.

La belleza de dicho espacio urbano atrae desde siglos atrás a muchísimos artistas que buscan inspiración, y por allí se dice eran asiduos escritores como Balzac y Baudelaire, o Ernest Hemingway durante sus estancias en la capital francesa –sin contar a Víctor Hugo que lo escogió como uno de los escenarios de su novela Los Miserables.

En los Jardines también se respira historia, desde la de su construcción por la reina María de Médici entre 1615 y 1617 en busca de crear un entorno que le recordara su Florencia natal -está inspirado en el italiano Jardín de Bóboli y al inicio tenía solo 300 metros cuadrados-, pasando por albergar a integrantes de la Comuna de París durante la Revolución Francesa y a miembros de la aviación nazi en la segunda Guerra Mundial, hasta la actualidad donde el Palacio es sede del senado de Francia.

La magia de los Jardines de Luxemburgo, ubicados entre los parisinos barrios Latino y Saint Germain des Prés, radica en la combinación de naturaleza, entretenimiento, historia y arte. Por ello casi nunca faltarán allí los lectores “acomodados”, la grey infantil retando la paciencia y bolsillos de los padres para alquilar minibotes o montar equinos o aparatos, los “culturosos” y quienes aprovechan el aire puro para esculpir sus cuerpos, conversar con familiares y amigos o encontrar el amor.

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