mikisIlustración de Yaimel

Lo que empezó siendo una «moda inofensiva» devino «tribu urbana» y actualmente amenaza con convertirse en clase social. No estoy exagerando. Más allá del tono satírico con el que en esta misma sección me he referido a ellos, en estos momentos considero que debemos estar bien alertas a la evolución y desarrollo de los «mikis».

Como suele suceder en la mayoría de las investigaciones serias, mis conclusiones son resultado de varias técnicas, entre las que se incluyen la revisión bibliográfica, la observación participante y el juego de roles (sí, porque incluso intenté por unos meses comportarme como un miki).

Atendiendo al estado del arte, no existe aún una definición conceptual que contemple todas las aristas de las personas jóvenes (y no tan jóvenes) que se suman a este grupo social. Al principio el término era asociado a quienes vestían a la moda, tenían comportamientos «plásticos» (saludos chillones, muecas exageradas, sobreuso de anglicismos), escuchaban música en inglés y tenían una preferencia por el color rosado. Ahora las cosas han cambiado.

Lo sé porque hace unos meses, mientras entrevistábamos para una webserie a una adolescente, supimos que entre sus aspiraciones estaba tener un amigo miki. Ella se asumía repa y decía que una posible amistad con un miki la enriquecería espiritualmente, le aportaría buenos consejos, la ayudaría. Ese criterio desmiente las teorías iniciales de que los mikis eran fríos y superficiales. También existen apasionados, ardientes y profundos. Si por un lado es positivo que el imaginario que sobre ellos tienen otros grupos haya cambiado para mejor, por otro, es alarmante la forma en que se ha consolidado su estatus social.

La mayoría de quienes se asumen como mikis tienen mucho dinero, por eso visten ropas caras y modernas, visitan bares, frecuentan hoteles, e incluso pueden practicar deportes «exóticos» como el golf, la pesca deportiva, el buceo. Sus zapatos parecen eternos; en el caso de las mujeres, porque tienen varios y se los ponen poco; en el caso de los hombres, porque son de marca, duran mucho y apenas los gastan (solo los usan para acelerar el carro, sostenerse encima de sus estruendosas motos, o caminar cortas distancias; si se ponen viejos los usan para correr).

Sus bebidas son de alcurnia: nada de cerveza Mayabe, ni siquiera Ron Havana Club de 3.85 cuc; eso es para principiantes. Tienen la última generación de dispositivos móviles y en muy contadas ocasiones cogen guaguas. Si salen a pasear, y no tienen carro propio, lo mínimo es pagar un taxi: no se puede sudar antes de llegar al lugar, porque se corre el maquillaje o se pierde el perfume (aunque a los mikis «originales» el perfume no se les cae ni aún después de hacer el amor).

Hasta aquí he mencionado algunos resultados preliminares, pero una vez que intenté insertarme en su mundo tropecé con algunos obstáculos. Solo listaré los cuatro primeros:

*Hay bares frecuentados por mikis en los que, aunque «te tires» las mejores prendas, el muchacho de la puerta te dice que el bar está lleno o que ellos se reservan el derecho a la admisión. Es como si supieran que tú no eres un miki de raza.

*Cuando ahorras para comprarte un perfume que cueste 20.80 cuc (como los Antonio Banderas), ese mismo día descubres que hay perfumes que cuestan 80.00 cuc y que esos son los indicados.

*Si decides inscribirte en un gimnasio supuestamente miki —que cueste 10 cuc al mes— descubrirás, en menos de una semana, que los verdaderos mikis no frecuentan este espacio, sino que ahora hacen spinning y pagan 2 cuc la hora, lo que equivaldría a más de 40 cuc mensuales.

*Por muchas marcas que memorices (para andar como pez en el agua en alguna «conversación miki» que pueda surgir) nunca son suficientes.

Eso ha generado preocupaciones. Si se siguen expandiendo… ¿cómo sería un país dominado por los mikis? ¿Qué ocurrirá con quienes no igualen sus ingresos económicos: repas, emos, frikis? ¿Los libros de historia en el futuro hablarán de mikis, burgueses, obreros y campesinos? ¿Cuál será el grupo destinado a enfrentarlos y ponerle fin a su reinado? Imagino el epitafio del líder del movimiento: «¡repas de cualquier barrio, uníos!»

Fuente: Revista Alma Mater

Comentarios   

0 #1 jade 10-03-2017 16:26
MUY INTERESANTE ESTE ARTICULO... VIVIR PAR VER
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0 #2 yohivis 15-03-2017 13:56
me gusta el ertículo pueto que desde el punto devista periodistico nos da una mirada mas abrcadora de este tema, creo que debemes preserva nuestra especie del mismo modo que ayudamos a preservae el resto de la naturaleza. ;-)
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