maria socorro entrevistaFoto: Leonel Escalona Furones

A Maria Do Socorro Gomes le preocupa la paz. La paz, me dice en un portuñol que ella misma reconoce terrible, “está muy amenazada en todos los continentes, hay amenazas en Asia, en América Latina…”, y frunce su ceño de mujer temperamental, de luchadora.

En ese contexto, la presidenta del Consejo Mundial por la Paz reconoce como “emblemático” el Quinto Seminario de Paz y por la Abolición de las Bases Militares Extranjeras, que se celebrará desde hoy y hasta el sábado aquí, como un espacio para “fortalecer la unidad y la cultura contra la guerra”.

 

Sobre estas preocupaciones, y muchas esperanzas, conversó Venceremos

 

¿Cuán amenazado está el mundo, en estos momentos?

 

La paz está amenazada en todos los continentes. Ahora mismo, el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, atacó a Siria y lo hizo con argumentos falsos, diciendo que Bashar Al Assad había usado armas químicas contra una región de Alepo.

 

Pero sucede que ni la propia Organización de las Naciones Unidas sabe a ciencia cierta de dónde partieron las bombas, pues todavía es necesaria una investigación.

 

Y a pesar de ello, qué es lo primero que hace el presidente -un hombre que además no hemos visto equilibrado sino más bien acelerado: actuar contra la ley, contra el derecho internacional, y hacer de la región del oriente medio y sus vecinos, un verdadero calvario.

 

La península coreana también está extremadamente amenazada por los ejercicios militares provocadores de –otra vez- los Estados Unidos con Corea del Sur, y con la Otan, que cada vez más aumenta los presupuestos militares de los países miembros.

 

En nuestro continente hay un clima de amenaza generalizado. En Venezuela, desde el primer momento en que asume el poder Hugo Chávez, los Estados Unidos buscó golpear la democracia y soberanía bolivarianas.

 

En otros países también vemos agresiones, golpes de estado: Honduras contra Zelaya; Paraguay contra Lugo, porque son golpes, no importa si militares, o tienen cierta apariencia de legalidad, golpes parlamentarios, golpes judiciales con apoyo de un instrumento que se ha tornado un arma de guerra de la modernidad, los grandes medios de comunicación.

 

Esa prensa se ha convertido en el primer batallón de los imperios, porque van sembrando mentiras, demonizando presidentes, creando caos y terror, como en Siria, para que los ejércitos puedan intervenir, derrocar gobiernos soberanos y promover otros sumisos a sus intereses; asaltar, como verdaderos mercenarios, las riquezas de los pueblos.

 

Brasil es un ejemplo de este golpe de la modernidad, con la diplomacia sucia, que incluyó desde el espionaje de la CIA y el Pentágono a Dilma Rousseff, hasta las difamaciones contra el gobierno.

 

Ante esta coyuntura, solo hay una forma de detener la escalada guerrerista y es la unidad de los pueblos, la conciencia y la fuerza en la lucha, porque estos golpes buscan además imponer la política neoliberal, y destruir los derechos laborales, las conquistas sociales, imponer la dictadura de las oligarquías financieras.

 

Y en ese contexto, llega el Seminario. A buen tiempo, diría yo…

 

El seminario será emblemático para nosotros, primero porque es en Guantánamo y en Cuba.

 

En Guantánamo, que es la primera base de la región y que tiene la característica especifica de ser la única base que, desde el triunfo revolucionario, existe en contra de la voluntad del gobierno y el pueblo cubanos, y que solo permanece por la fuerza bruta, por la amenazada de las armas.

 

Y en Cuba porque es un ejemplo para todas las personas que aman la paz, de humanismo, solidaridad y amistad entre los pueblos, que exporta salud, educación y los más nobles valores humanos mientras el capitalismo exporta armas y explotadores.

 

Además estamos en esta región, que ha sido víctima del imperialismo, de las políticas neoliberales, que sufrió el Plan Cóndor, La Escuela de las Américas, las dictaduras militares, y cuyos pueblos han aprendido a valorar la importancia de la paz, y de la unidad para lograr un mundo que no solo es justo y necesario, sino como decía el Comandante Fidel, imprescindible.

 

¿Qué espera de este quinto seminario?

 

Primero, un fortalecimiento de la cultura de la paz, y eso es esencial, pues solo conquistaremos una sociedad justa si promovemos el respeto a la soberanía de los pueblos, al hecho de que los países tienen iguales derechos y deberes no importa si son ricos o pobres, incluso de escoger su camino.

 

Tendremos muchos momentos importantes, experiencias reveladoras, pero yo creo la cumbre será la declaración final que se hará en Caimanera, donde se leerán las manifestaciones de las organizaciones, su determinación de continuar defendiendo a Cuba contra el bloqueo y por la devolución de la base ocupada ilegalmente, y las propuestas para la lucha futura.

 

¿Cree que en todos estos años del Seminario, que se realiza bianualmente, se ha logrado replicar efectivamente el mensaje de la paz, contra las bases militares?

 

Creo que han contribuido a generar conciencia, informaciones y redes que buscan la paz en el mundo, y la conciencia de lo que representa la Otan, ese instrumento de guerra que está involucrada en todas las conflagraciones de la contemporaneidad, desde Yugoslavia, Irak, Siria…

 

Ha fortalecido las convicciones de nuestros movimientos sociales en cuanto a la importancia de resistir y la unidad, y a la creación de un movimiento muy fuerte en el mundo contra la militarización y las maquinarias de guerra, contra las armas nucleares y químicas.

 

Y, por supuesto, por la eliminación de las bases militares en países extranjeros que es importantísimo, porque ahora mismo los Estados Unidos tienen casi mil bases en todo el mundo, si sumamos las bases militares, más las flotas de guerra situadas en todos los mares, y los llamados puestos de avanzadas, aunque no hay una sola base extranjera en su territorio.

 

Es terrible, esta política, es una amenaza contra la humanidad. En estos días, hemos visto lo rápido que se mueven las tropas para amenazar a los pueblos, como pasa en Corea, pero pasó en América Latina también.

 

¿Se ha avanzado entonces?

 

Avanzamos en algunos momentos cuando triunfaron los gobiernos progresistas de América Latina sobre todo, y se crearon mecanismos de integración como el Alba, Unasur, la Celac, que además promovió la firma de un compromiso para declarar a la región como zona de paz, en Ecuador cuando se abolieron las bases.

 

Pero la última etapa ha sido muy difícil, porque el imperialismo estadounidense está en medio de una contraofensiva, motivada por su odio profundo a las conquistas de la soberanía de los pueblos.

 

Latinoamérica durante casi toda su historia fue el patio trasero de los estadounidenses, y esos gobiernos soberanos frenaron eso, tuvieron grandes avances reconocidos por la ONU en la lucha contra el hambre, el analfabetismo, la miseria, las desigualdades sociales, y esto está en contra de los intereses de los imperios, de sus intereses de saquear nuestras riquezas.

 

Por eso quieren derrotar cualquier proyecto de soberanía, justicia social, progreso, de integración y de paz. De modo que es un momento muy delicado y es muy importante para nosotros impedir que nuestros gobiernos soberanos sean derrocados por estos intentos criminales.

 

Tenemos la obligación de impedir que ese proyecto de violencia, de saqueo, y amenaza derrote el proyecto de paz.

 

Y en cuanto a Cuba. ¿Cree que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos implica en freno a sus agresiones?

 

Lo más importante de ese proceso de acercamiento es el reconocimiento de los Estados Unidos de que su política de tantos años, de agresiones, de intentar asfixiar al pueblo cubano mediante las penurias económicas, fracasó rotundamente pues Cuba y su pueblo resistieron a todos sus intentos. Y por eso tuvieron que cambiar, porque Cuba no renunció su proyecto, de solidaridad, de unidad…

 

Ese momento también fue un momento de victoria para el Consejo y para todos los movimientos de solidaridad que lucharon por el regreso de Los Cinco, cuyo proceso tuvo un enorme respaldo.

 

Los Estados Unidos, entonces, solo cambiaron el método, nunca el objetivo, de modo que hay que estar atentos, porque ellos están acostumbrados a la guerra sucia, a la diplomacia subterránea, a la llamada guerra de baja intensidad, con su dinero de la CIA.

 

A pesar de todo, yo confío. Confío en la resistencia del pueblo cubano, que tiene una larga experiencia, y convicción en su proyecto de nación, y además líderes muy respetados en todo mundo.

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