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En el librero, hay varios libros de Fidel Castro, y abajo, en una artesanía de barro crudo, una bolsa con arena de Playa Girón. Es mediodía y José Sánchez Guerra, historiador de la ciudad de Guantánamo, ha detenido su rutina para adentrarse en la personal inmensa del máximo líder de la Revolución Cubana, fallecido en la noche de ayer a la edad de 90 años.

“Me enteré sobre la medianoche, nos llamó la hermana de mi esposa y a esa hora nos conectamos con Telesur. Fue un gran impacto, aunque sabíamos que su salud venía resintiéndose. Pensé en lo que ha significado para los cubanos y los guantanameros”.

Va lejos para establecer el vínculo. En toda su vida, Fidel estuvo en la provincia en más de 25 ocasiones, desde aquella primera vez el 3 de febrero de 1959, cuando se reunió con el pueblo en la hoy Plaza 24 de Febrero, para hablar de los planes de desarrollo, de la Reforma Agraria, y del problema de la base naval estadounidense.

“Fue, asegura, un hombre preocupado por Guantánamo, por su historia, y eso se puso de manifiesto en 1995 cuando se apareció en Playita de Cajobabo, a un evento organizado por los historiadores…, y al cual se unieron campesinos, obreros. Pero también fue expreso en su primer discurso público el 26 de julio de 1985, en la recién estrenada Plaza de la Revolución Mariana Grajales, y luego, en otro 26 una década después”.

Habla en presente. Todos cuando me hablan casi siempre usan el tiempo de la permanencia sin sombra de duda…, hasta que hablan del legado. “El mayor de todos, es su obra humana, el haber cambiado el curso de este país en un momento difícil…, pensemos en los años cincuenta, con un gobierno totalmente entregado a las compañías norteamericanas y con la mafia dueña de las calles de La Habana. Cuba, entonces, era un pequeño México, y lo seguiría siendo si no fuera por la Revolución… Esa capacidad de entregarse a la causa de los pobres, siendo un hombre proveniente de una familia rica”.

Desde el punto de vista teórico, precisa el historiador, “es portador de un nuevo socialismo latinoamericano, que inicio José Carlos Mariategui, siguió Julio Antonio Mella y planteaba que no había que seguir los modelos europeos, al margen de ciertas coyunturas. Aportó nuevos elementos teóricos al socialismo del siglo 21 conjuntamente con Hugo Chávez. Un pensamiento totalmente asentado en estos tiempos que ahora nos toca estudiar”.

Como hombre “me impresionaba además la profundidad de su pensamiento y su conocimiento histórico, su preocupación por todo, por la ciencia, por el medio ambiente que lo llevó a renunciar a los proyectos de la hidroeléctrica del Toa, que habría acabado con los bosques de parte de Baracoa, y la carretera a Moa que zanjaría, por la mitad, el parque Alejandro de Humboldt. Él supo reconocer, con asistencia de Enrique Núñez Jiménez, el peligro”.

Para los cubanos, ahora que ya no está, continúa, “se impone la unidad en estos momentos difíciles, la unidad en torno a la dirección de la Revolución y hacer, cada uno, su trabajo con eficiencia, dondequiera que esté”.

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No lo creía, simplemente, no lo creía

A Eldys Baratute Benavides la noticia del deceso del Comandante en Jefe lo sorprendió trabajando. “Vi la repetición de la alocución de Raúl y aunque era una fuente muy confiable, llamé al presidente nacional de la Asociación Hermanos Saízpara confirmarlo. No lo creía a pesar de todo y es que en nuestros referentes no existía la idea de que Fidel se fuera a morir alguna vez”.

Lo sorprendo en la oficina que ocupa como presidente de la organización que agrupa a la vanguardia artística joven en Cuba, en los altos de la Casa del Joven Creador. Se le nota el poco sueño, y lo mucho que ha meditado las palabras con las que responde mis preguntas. Las preguntas que haría cualquiera. Las que se formulan, ahora mismo, muchos guantanameros entre sí.

En lo personal, lo marcó el Fidel “eternamente revolucionario en el sentido del cambio, la persona inconforme siempre generando proyectos nuevos, insistiendo en la transformación, en la rebeldía, pensando en lo que sería bueno para la generación de cubanos del mañana”.

Sencillamente, un eterno joven. “Estamos hablando de un hombre de 90 años y que todavía está soñando con el cambio. Pero además, hay que remarcar que sabía escuchar. En 1961 se reunió con los intelectuales, y habló pero escuchó, y siempre se ha reunido con las personas para saber qué piensan. Esa capacidad de escuchar te da la medida de su gran respeto al otro, y esa cultura del respeto, de la escucha quedó en nosotros”.

Un hombre, además, “que tenía claro que este país podía salvarse fundamentalmente desde la cultura, y por eso cuanto proyecto surgió en estos años estuvo inspirado, impulsado por él, desde las diferentes escuelas de arte hasta las editoriales territoriales”.

Y ello nos ha marcado más allá de lo que concienciamos. “Ese modo de ver la cultura al centro de todo, determinó que hoy, hasta las personas más alejadas del mundo artístico, académico, tengan una formación cultural y eso los distinga dondequiera que van”.

¿Cómo ves la Cuba después de Fidel?, indago. “Yo quisiera pensar que va a seguir para adelante, como hasta ahora, porque aunque sabíamos que estaba cerca desde hace años no ejercía el poder…, a pesar de que este es un pueblo muy fidelista. Te lo dice el silencio, la gente de luto aunque no estuvieran de acuerdo siempre con su ideario.

“Veo una Cuba posible, que seguirá siendo y avanzará en la medida en la que todos aportemos un poco. La gente está triste, pero no podemos detenernos. Ahora estamos de duelo y se suspenden todas las actividades, pero no nos quedaremos tranquilos. El lunes, estaremos en la guardia de honor, y donde haga falta”.

carlos barban fidel

Fidel vive en el ideario de los cubanos

Carlos Rafael González Barbán era un niño cuando vio por primera vez la foto de Fidel con aquella paloma salida de Dios sabe dónde, posada en el hombro. “Es una imagen que atesoro, como cada cubano tiene la suya”.

Con ella, terminó de esbozar el perfil con que ganó, junto al artista Leonardo Miranda, la oportunidad de pintar el tercer tríptico que decora los salones de protocolo de la Plaza de la Revolución Mariana Grajales, en espera de los treinta años de ese conjunto monumental.

“Debíamos tratar el tema de la rebeldía en la última etapa de las luchas revolucionarias. Elegimos hacer un tríptico, con Fidel al medio, rodeado por guerrilleros y cinco palmas”.

Aquel, precisa, “fue un perfil muy personal. Yo sabía que a él no le gustaba que lo pintaran y le obsequiaran sus propios cuadros, a pesar de que Guayasamín lo hizo, así que lo dibujé lo más simplificado posible, sin muchos detalles, y con los colores del monte cubano, verde, ocre”.

Fue una obra muy grande, compuesta de por tres cuadrados que suman seis metros de ancho con dos de alto…, “en la que nos acompañaron, en las otras salas, Raúl Estrada y Alberto Ortiz para la gesta mambisa, y en el cuadro contemporáneo, Ernesto Cuesta y Orlando piedra”.

Fidel, dice, nunca le había quedado tan bien. “Lo he pintado muchas veces, pero no sentía que me quedaba bien y hacía otra cosa…, hasta el de la plaza, y luego, el año pasado, hice otro para una escenografía. Es también una cuestión de respeto”.

Y siempre grandes, en formatos enormes…, increpo. “Los hombres grandes se pintan grandes, se advierten grandes aunque el cuadro sea pequeño”, me dice emocionado y siento degradaciones más allá del pincel.

¿Qué ha significado para ti esta noticia, este Fidel ha muerto, para tu familia?, le pregunto a sabiendas de que aunque soy la primera, probablemente no seré la última en revolverle los afectos.

“Fue muy fuerte. Lo asumimos con mucha tristeza, mi familia empezó a llamarme, lo sentimos mucho. Cada cubano lleva un Fidel. Y es complicado hablar de una persona de su talla, cada cual tiene su visión de Fidel la mía en particular es que es un hombre de todos los tiempos”.

Tanto así que ahora mismo no sabría decirme, exactamente, qué momento, qué frase hará que lo recuerde más. “Sencillamente, porque es una persona que tiene la capacidad de quedar en la memoria de las personas, de moverles el sentimiento, la inspiración si eres un artista aunque es difícil, es imposible resumir su grandeza en una sola pieza, no importa cuán grande esta sea”.