dayron robles 2019Quisiera que en la próxima olimpiada cambiara algo: soy el último campeón del atletismo cubano y deseo que eso se rompa, lo necesitamos todos.Hace poco más de 10 años se convirtió en el último campeón olímpico del atletismo cubano. Su vida deportiva fue un tanto polémica, admirada en muchos momentos y criticada en otros.

Guantanamero de nacimiento y cubano total de corazón. Un hombre de palabra tan fácil como rápido fue sobre las pistas… Así es Dayron Robles Planes, el continuador de la tradición ganadora en los 110 metros con vallas, especialidad que contó antes con estrellas de la talla de Alejandro Casañas y Anier García.

Recordista mundial durante cuatro años, con marca de 12.87 segundos; campeón del orbe bajo techo, pero nunca al aire libre; perfeccionista en todo lo que hacía y poseedor de un físico elegante que aún le acompaña a los 32 años de edad, como si nunca hubiera abandonado las carreras.

Agradecido de quienes siempre le apoyaron y resentido con algunos que no le fueron tan fieles, pero por encima de todo empeñado en que de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 salga un nuevo titular para el campo y pista de la Isla.

De su rol como preparador de juveniles en la selección nacional, y de otros detalles de su vida, habló con Jit, luego de un tiempo fuera del alcance de los periodistas porque no siempre estuvo de acuerdo con las opiniones de algunos.

¿Por qué el atletismo?

Nacer en Cuba da la oportunidad a todo niño de participar en eventos deportivos, practicar la disciplina que quiera, la que sus condiciones físicas le permitan, y eso lo exploté muy bien. Aunque pude irme por la música, pues mi abuelo paterno fue profesor, me crié con la parte materna y me preferí el deporte.

Comencé como a los 10 años, busqué una alternativa para gastar energías, y a mi primer entrenador aún le digo papá. Miguel Martínez me guió y todavía tenemos fantásticas relaciones.

De Guantánamo a La Habana… ¿Una travesía complicada?

En el 2001 estuve “dando vueltas” por aquí, pero fue realmente en el curso del 2002 cuando vine a estudiar a esta misma escuela (la Esfa Giraldo Córdova Cardín). Fue un cambio difícil, pues al principio, en la adaptación a los entrenamientos, hubo un momento tan duro que dije: «yo me voy».

¿Qué te hizo cambiar de idea?

Teníamos una preparación física muy fuerte y sicológicamente no estaba tan preparado para aguantarla. Pero sobre la base de la conversación, de entender qué vinimos a buscar, me convencí de que aquella era la única forma de subsistir. Al final, no podía virar para Guantánamo y decirle a mi mamá «soy un perdedor, no supe aguantar el sacrificio que había que hacer».

Para ser una estrella… ¿Talento o constancia?

Lo primero es tener una gran convicción de lo que se quiere y las condiciones físicas requeridas. Ese talento innato es necesario, pero no determinante. Muchas personas lo poseen y lo desaprovechan. Hay una parte volitiva interesante, basada en lo físico, pero si además de ser un talento tienes la voluntad de ser enorme, de dejar una huella, pues eso será fantástico.

¿Y tú contabas con ese algo?

Esas cualidades y el deseo de ganar siempre me llevaron a la convicción de que debía trabajar, que había detalles por pulir, y sobre todo me ayudó la aspiración de hacerlo todo perfecto.

La manera de tener momentos perfectos se puede trabajar… Y yo buscaba cada día eso, ser perfecto, lo cual en un evento tan técnico como las vallas te obliga a repetir y repetir…

Tu principal característica…

Era un atleta muy potente. Hoy todavía conservo potencia, aunque no compita. Hay dos clases de vallistas: el velocista-vallista y el vallista-saltador. Yo me veo más entre los últimos.

Aplicaba la potencia de los saltos en función de la aceleración que iba a adquirir. La velocidad la tenía en un término medio y debía trabajarla un poco más.

¿Qué es lo peor que le puede pasar a un atleta?

Perder la confianza en uno mismo.

¿A ti te pasó?

Por momentos sí. Pierdes confianza en tus condiciones físicas y empiezas a pensar que no puedes… En el momento que te dices «no puedo» ya estás perdiendo. Es más sicológico que físico. A veces sientes que tu “batería” está abajo y no es así. Lo único que debes hacer es subir el umbral del dolor, buscar un equilibrio en que confirmes que sí puedes.

¿Cuánto influyen el entrenador y el sicólogo en esos momentos?

El entrenador es más sicólogo que nadie. Esa persona está al lado tuyo en el momento bueno, en el malo, en el regular, en todos… Forma parte de tu familia, incluso más que la familia verdadera. Está junto a ti en los instantes en que eres más vulnerable. Ahí radica la importancia de ser un pedagogo, sobre todo cuando trabajas con jóvenes.

Dayron RoblesCuando gané los Juegos Olímpicos de Beijing, con apenas 21 años, me dije: «ahora voy a empezar de cero».

¿Cambia la manera de pensar cuando se tiene un nombre, cuando eres figura y toca ir más allá?

Para nada, el reto incluso es mayor. Ahí la gente dice: «ya lo hizo, ahora hay que ver si aguanta». Por eso cuando gané los Juegos Olímpicos de Beijing, con apenas 21 años, me dije «ahora voy a empezar de cero». Vivir eso tan temprano te pone a prueba sicológicamente, te llega todo lo que soñaste y hay que pensar qué hacer a partir de ese momento.

Esquivo el oro mundial al aire libre…

Se me resistió. Al final lo que sucedió en el 2011 (Daegu) ha pasado muchas veces, en muchas carreras de esta especialidad, pero me tocó la descalificación. Para mí gané, como mismo gané bajo techo. Son experiencias que uno tiene en la vida y al final voy a tener que contarlo como algo que no logré. Eso siempre está en toda conversación con Dayron Robles.

En un momento decidiste competir por tu cuenta fuera de Cuba y luego regresaste. ¿Qué sucedió?

Este país es una de las cosas que más amo, de lo contrario ya no viviera aquí. Soy cubano y estar acá forma parte de mi idiosincrasia. Tengo mi familia, mi esposa, mis hijas… Adoro esto. No resistía estar 15 días fuera, nunca he podido hacerlo. Y además me faltaba algo… Al final estaba compitiendo, pero no estaba motivado. Regresé buscando motivación. Incluso no quería que me dieran nada, regresé a ganarme lo que me correspondía.

¿Crees que cometiste errores?

Nunca logré la ambición necesaria. Buscaba la exquisitez en la carrera, hacerlo todo lindo, perfecto, pero nada más. Otro error fue no mentalizarme en buscar mejores tiempos. Simplemente salía a disfrutar, por eso Merrit dijo, cuando me rompió el récord mundial (2012), que «la única persona que tiene condiciones ahora para romper mi récord es Dayron Robles, si deja de correr en la forma en que lo está haciendo». Sucedía que me pasé muchos años corriendo sin trabajar como debía.

No muchos te veían como entrenador…

Yo tampoco. Ahora soy cuentapropista, he aprovechado las oportunidades dadas para el trabajo no estatal. Me veía haciendo otras cosas, pero me llamaron de la comisión nacional para un proyecto nuevo y amo mi deporte.

Ahora el atletismo está en una situación compleja y es necesario el granito de arena que cada uno de nosotros pueda aportar desde su experiencia.

¿Disfrutas hacerlo?

Cada día me gusta más. Estoy inmerso en buscar información y prepararme. Me está exigiendo muchísimo, porque la universidad es una cosa, pero esto me ha movido. Te dan las herramientas y cuando vienes a la acción descubres que es distinto.

¿Cuánto hay de Santiago Antúnez en lo que haces ahora?

El 99 por ciento de las cosas. Santiago solo es una escuela y haber estado con él desde los 16-17 años hasta ayer, como aquel que dice, es mucho… Toda mi madurez, todo lo que hice a su lado, son herramientas que ahora trato de adecuar. Es un mago, lástima que no esté con nosotros para formarnos realmente como entrenadores.

¿Peor momento?

El 2012, la final de los Juegos Olímpicos de Londres. Ese año en que también rompieron mi récord.

¿Lo mejor que te ha dejado el atletismo?

Ser parte de la historia de este gran deporte. Van a pasar generaciones y voy a estar ahí… Pero quisiera que en la próxima olimpiada cambiara algo: soy el último campeón del atletismo cubano y deseo que eso se rompa, lo necesitamos todos. (Tomado de Jit)

 

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