Médico de caimanarea

Dedicación, entrega y amor, son las palabras clave para el doctor Wilmer Rivera Rodríguez. Con 53 años de edad tiene más de dos décadas de trabajo que según él parecen nada para quien lo da todo en la labor de salvar vidas.

Aunque nació en Baracoa ha pasado toda su vida en Caimanera, y como caimanerense que se siente, la mayor parte del tiempo ha desempeñado su labor en el costero poblado, localidad en la que tiene el respeto y reconocimiento de la población y los directivos de Salud.
"Me gradué en 1990 –recuenta- y me ubicaron como médico de familia en el Consultorio número 13 de Glorieta. En el año 2003 me trasladan para el Consultorio 8, de la cabecera municipal, hasta que llega la indicación de abrir una sala de terapia en el policlínico local. Entonces hago el diplomado en terapia intensiva y participé en la inauguración de ese departamento en el que trabajé hasta 2006.
"Posteriormente me designaron en otras responsabilidades hasta que paso a ser Vicedirector de Asistencia Médica, cargo que desempeño hasta la actualidad. Aunque de 2007 al 2010 estuve prestando mis servicios como internacionalista en Venezuela".
Especialista, además, en Primer Grado en Medicina General Integral, el doctor Rodríguez confiesa que esa especialidad es "muy interesante, pues permite conocer las características de patologías que en otras se desconocen. Ya lo dice su nombre, abarca todas las enfermedades. Eso sí, requiere de mucho estudio, reto agradable porque me gusta aquello de que saber de todo un poco nunca sobra".
Lo que para muchos resultaría agobiante para el doctor Rivera es parte de la cotidianidad. Dirigir al personal médico, dar consultas a los pacientes y educar al relevo parecen tareas sencillas cuando él lo relata.
"A llevar adelante las responsabilidades se aprende con la práctica. Lo principal es planificarse bien, saber dosificar el tiempo, y enamorarse de lo que se hace. Cuando se tienen en cuenta estas cuestiones, no hay contingencias que hagan mella en el cumplimiento del deber", expresa.
La prueba más difícil que ha tenido que superar fue el hostiosarcoma encontrado a su hijo a los nueve años de edad y por el que tuvieron que amputarle una pierna.
"Fue la experiencia más difícil que me ha tocado vivir, pero a la vez fue también la más enriquecedora. Mientras atendían a mi hijo, tuve que lidiar con pacientes con cáncer, y ver a muchos quedar en el camino. Eso me hizo una persona más fuerte, pero sobre todo me hizo un médico más humano."
Ante golpe duros y tantas responsabilidades podría pensarse que renunciar es lo más fácil, sin embargo, este médico de médicos demuestra que su vocación es más fuerte, y que siempre hay una razón para seguir adelante.
"Lo que más me motiva a seguir trabajando es solucionar los problemas de salud del paciente. Mi principal orgullo es que ellos resuelvan con el tratamiento que les pongo y se sientan bien, mejoren, esa es mi misión y meta."

Comentarios   

0 #1 walter estrada 09-03-2015 14:16
Mis saludos para wilmer alo mejor no se acuerda de mi pero estudie medicina en gtmo y el jugaba en el equipo de baloncersto al igual que yo ,siempre ha sido tremendo trabajador y enamorado de su profesion como medico,ese ejemplo de luchar por la salud de su hijo y otros pacientes con cancer da mucho de que hablar ,saludos desde arizona sigue pa lante como decimos los guantanameros.
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