desembarco expedicion

¡A Oriente, Maceo! Lo había concebido y preparado José Martí, delegado del Partido Revolucionario Cubano, desde que alistaba las expediciones que luego zozobrarían por infidencia en el puerto de La Fernandina.

Se trataba de traer a tierra cubana pertrechos, combatientes y, sobre todo, líderes reconocidos de las contiendas anteriores, que movilizaran a los cubanos a derrocar al régimen colonial, en la conducción de la “guerra necesaria” por la independencia de Cuba, cuya clarinada se había dado el 24 de febrero de 1895.  

 

Vendría aquella expedición bajo el mando de los generales Antonio Maceo y Flor Crombet, con unos 200 hombres, en el vapor Lagonda, aunque inicialmente se previó el Amadís, para recogerlos en Costa Rica y desembarcarlos en estas tierras, mientras otras dos caerían en Occidente y Centro de la Isla.

 

Con Pedro Agustín Pérez a la cabeza, Guantánamo se había alzado con éxito aquel día. Despejar la costa de enemigos para favorecer los desembarcos fue uno de los objetivos cumplidos ese día al atacar y tomar los hermanos Tudela el fuerte español de Morrillo Chico, en Hatibonico, e intentarlo en los de la bahía.

Así se había previsto, pues Emilio Giró Odio, enviado personal de Maceo, participó en la organización del alzamiento guantanamero, con la encomienda de preparar la zona del desembarco de la expedición Maceo–Crombet, la cual de acuerdo con el fallido plan de Fernandina, debía producirse en el sector comprendido entre los ríos Sabanalamar (en el actual municipio de San Antonio del Sur) y Baconao, en el extremo Este de la Mayor de las Antillas.

De ahí que el territorio más oriental de Cuba continuara siendo destino principal para los jefes independentistas que se encontraban en el exterior, y vendrían a incorporarse a la lucha.

Duaba, Playita, Maraví…

 

Definitivamente, el fracaso del plan maestro no varió la decisión martiana y maceísta. Y después de muchos azares, con los mínimos recursos disponibles, a partir de los fondos recaudados entre la emigración cubana y por otras vías, con un costo de poco más de tres mil pesos, después de un azaroso viaje se produjo la llegada de la expedición de la goleta Honor con 23 valientes comandados por Adolfo Flor Crombet y Antonio Maceo Grajales, aquel primero de abril de 1895.

 

Llegaron con solo 11 fusiles, 75 cartuchos para cada uno, 23 revólveres, y 15 machetes.

 

Tras avistar la costa cubana al iniciarse la madrugada, con un mar tormentoso, y ante el temor de que una luz avistada en ese momento fuera la de un crucero español, decidieron dirigirse inmediatamente a la tierra más próxima, echando el ancla frente a la costa.

 

Al quedar muy distante, decidieron sacrificar la goleta, echándola sobre la costa, y todos los expedicionarios se lanzaron al agua para ganar la playa, que sería Duaba, próxima a la ciudad de Baracoa, mientras las olas destrozaban la embarcación, luego cañoneada pocas horas después por un navío español.

Apenas 10 días después, también tras azaroso viaje desde Santo Domingo, llegaron José Martí y Máximo Gómez , junto a un puñado de patriotas, a La Playita de Cajobabo –en el actual municipio de Imías-, desembarcados de un bote, puesto en el agua desde el carguero alemán Nordstrand.

Pasado cerca de un año, el 24 de marzo de 1896, el General Calixto Gar­cía arriba a la playa de Maraví, en Baracoa, al frente de una poderosa expedición, tanto en hombres como en armas.

 

De esta forma se cumplía con la estrategia martiana concebida para la Guerra Necesaria de que las expediciones militares a Cuba tuvieran un importante papel, trasladando pertrechos, combatientes y, sobre todo, líderes reconocidos de las contiendas anteriores, que mo­vilizaran a los cubanos a derrocar al régimen co­lonial español.

 

Fueron las fuerzas guantanameras, a cuyo frente se encontraba Pedro Agustín Pérez, las que socorrieron a los expedicionarios de Duaba, de La Playita, de Maraví. Además, tras el inicio de la Guerra Necesaria era en esta zona donde más condiciones existían para el arribo de los líderes, tanto por las características geográficas del territorio, minado de lomas, como por la ebullición revolucionaria y organización de las tropas, que tenían a Pedro Agustín Pérez como un cabecilla capaz de movilizar.

 

Al saber la llegada de los primeros, en Baracoa Félix Ruenes se subleva, y va a incorporarse junto a Maceo. En la ciudad la guarnición española teme que Maceo la asalte esa misma noche. En la misma jornada, los expedicionarios protagonizan el combate victorioso de Alto del Pino.

 

Luego los hombres de Ruenes son la primera tropa mambisa en encontrarse con los expedicionarios de La Playita.

 

Así también las costas guantanameras pasaron a la historia como las de las playas de las expediciones.

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