Delegado de Baracoa“¿Jubilarme? Nooo, por ahora no -afirma Pinito a sus 65 años-. Mientras la gente siga eligiéndome, y tenga fuerzas, estaré en el mismo lugar, seré el delegado, el presidente, el baracoeso enamorado de mi tierra y de mi pueblo…”.

Nadie sabe exactamente cómo Pinito se las arregla para estar como el arroz blanco. "Hay quien dice que no sabe cómo mi mujer me aguanta tanto que nunca esté en casa, pero la verdad es que tengo una familia buena, y llevamos muchos años juntos".

Ángel Ramón Pérez Ramos asegura luego que ser presidente del Consejo Popular Cayo Güín -a unos 17 kilómetros de la Ciudad Primada de Cuba- no es cosa de juego, y lo hace desde el mérito de la permanencia y el respeto ganado en estos años.

Desde 1986 es delegado de la circunscripción 9 del Toa y desde 1995 el máximo representante del Poder Popular en esos lares en los que la vida se divide entre las plantaciones de coco, los árboles de madera dura de las fincas forestales, los cultivos varios y las aguas rumorosas del río más caudaloso del país.

Allí, él plantó su vida. "Mis padres nacieron y se criaron aquí, y después nací yo, en Naranjal del Toa, crecí y sigo en la misma zona, con algunos movimientos a Cayo Güín, cuando fui profesor de historia".

No tiene secretos su arraigo. "Si acaso la gente buena, la familia por parte de madre y padre, el lugar hermoso, tranquilo... Yo he viajado por ahí, pero siempre echo de menos, son muchos años de vivir, de trabajar aquí. Sinceramente, yo vivo enamorado de mi tierra".

Como testigo excepcional, narra la obra de la Revolución, cuánto ha hecho el Poder Popular, a grandes zancadas. Puede hacerlo: Pinito nació en 1951, así que vivió todo.

"Esto ha cambiado mucho, con dificultades, pero hoy tenemos transporte, viales, solo en el Consejo cuatro consultorios del médico de la familia, siete escuelas, incluyendo un centro mixto, tres bodegas, dos centros gastronómicos, la villa Maguana, una carpintería, cuatro formas productivas de la agricultura, un porcino...".

Todo lo toca. Todo lo conoce. Se da lujo de detalles y memoria. Dice que en este tiempo se ha ganado el respeto y la admiración de sus votantes. Es decir mucho, pero debe ser verdad cuando en los últimos 30 años, ha ganado con amplitud cada elección, "y nunca, en mi vida, he ido a una segunda vuelta".

Lo que no demuestran las estadísticas, lo planta la vida. Lo llaman, dice, para cualquier cosa y en los horarios más difíciles. Ha resuelto problemas, planteamientos y hasta líos en los que la vox populi asegura que nadie se debería meter.

"Pero Pinito, si a ti te llaman hasta en las broncas de matrimonio, me dicen y es verdad. Más de una vez una pareja ha venido a pedirme consejo, a veces él, otras ella. Entonces me siento, agarro la experiencia de mi matrimonio de muchos años, y trato de guiarlos".

Más de una vez, como Presidente del Consejo ha recomendado a los electores ir con su delegado directamente, que es el primer eslabón ante los problemas, pero insisten y entonces se echa los problemas a la espalda, gestiona, ayuda.

Eso, confiesa, es lo más difícil. "Todo lo que se pasa resolviendo un problema, buscando una respuesta, tratando con las personas y tocando puertas. Nos faltan muchas cosas, tenemos planteamientos históricos -viales en mal estado, agua para Maraví y Maguana, una bodega que se solicita en Cayo Güín-, pero hemos resuelto muchos también, más de un 92 por ciento.

A estas alturas de su vida, cree que en la fortaleza del delegado, del presidente de un Consejo Popular, está la fortaleza de la Revolución. "Nunca he tenido un problema con un directivo, pero les exijo al punto de la quisquilla, y ellos me atienden cuando llamo. Hay que respetarme, me lo he ganado con mi ejemplo personal, que es fundamental en un representante del gobierno".

Y Baracoa, las personas que integran su comunidad, su municipio, están de acuerdo. "Hemos recibido muchos reconocimientos -dice hemos y no he, plural de una modestia que no logra desdibujar un mérito que le pertenece-, desde la moneda por los cinco siglos de la Villa, la condición de cuadro destacado hasta la Llave de la Ciudad. Todos, sin excepción, significan más compromiso".

"¿Jubilarme?", me dice con sus 65 años a cuestas y es la primera vez que su voz sube el tono. "Nooo, por ahora no. Mientras la gente siga eligiéndome, y tenga fuerzas, estaré en el mismo lugar, seré el delegado, el presidente, el baracoeso enamorado de mi tierra y de mi pueblo..., ya mi mujer sabrá aguantarme".

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