museo matachin baracoaMuseo Matachín en Baracoa

A las puertas de Baracoa, en la Punta de Esteban, está el fuerte Matachín, que junto al de La Punta y el Castillo de San Seboruco, como fortaleza madre, conformaban el triángulo defensivo de Nuestra Señora de la Asunción, siempre asediada por corsarios y piratas y a merced de las rivalidades entre España e Inglaterra.

Entre 1739 y 1742 se construyó este reducto militar circundado por un ancho muro de piedra con troneras por donde asomaban entonces las bocas de los cañones aconsejando al enemigo no acercarse demasiado. Tan dobles y firmes como el muro circundante, son la paredes de esta instalación de tejas que alberga hoy la historia de La Primada, desde el lejano 27 de noviembre de 1492, pasando por el 15 de agosto de 1511, cuando El Adelantado, Diego Velázquez, funda la primera villa, capital y episcopado de la Isla.

El inmueble en sí mismo es testigo mudo de un pasado que lo convirtió en cuartel de los soldados ibéricos durante la lucha independentista, en refugio de familias desamparadas cuando las voces populares lo designaron como El Castillo Maldito, y después del triunfo revolucionario de 1959, se convierte en el valioso museo que es hoy.

Desde que se creara esta institución cultural, el 18 de octubre de 1981, Alejandro Sebastián Hartmann Matos ha sido su director, quien la define como “unidad andante de Baracoa y no un espacio de vitrinas frías: el museo es circulante del municipio y su objetivo es llegar al corazón de los lugareños”.

El museo móvil es una experiencia autóctona extendida por toda Cuba. Sale a extramuros y en una pequeña vitrina o en sencilla mesa de un delegado de circunscripción, maestro o campesino, expone piezas numismáticas, arqueológicas, documentos, etc.

el castillo malditoAntes del triunfo de la Revolción en 1959 los baracoesos lo llamaban el Castillo Maldito

“El ciento por ciento de las piezas de Matachín son donaciones de la población de Baracoa”, asegura Hartmann, Historiador de la Ciudad y poseedor de la Orden del Mérito Civil conferida en 2011 por el Rey de España, Juan Carlos I, en su grado de Encomienda.

Las muestras son parte de historias y leyendas que bien saben los locales, pero sobre todo, los más de tres mil niños que en tres décadas han pasado por aquí para aprender también sobre la flora, la fauna y la espeleología.

El Matachín dispone de cinco salas: “Arqueología, Conquista y Colonización”; “Piratas y Corsarios”, “Presencia Francesa en Baracoa”; “Guerra de Independencia” y “Seudorepública y Revolución”. Cualquiera de sus trabajadores: guías, oficinistas, veladores o custodios, no importa su función, son capaces de informar al visitante sobre la historia en detalles de la Primera en el Tiempo, como la define su escudo real.

Rondan los 200 mil visitantes nacionales y extranjeros que han transitado las salas del Museo Matachín, en las cuales han recibido servicios en idiomas español, francés, inglés y alemán y donde un día encontrarán al propio Hartmann, coleccionista de historias, definitivamente atrapado entre las vitrinas y memorias de la legendaria institución.

(Tomado del libro Baracoa: Más allá de La Farola, publicado por la editorial El Mar y la Montaña en 2013)

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