centro provincial salud

La inquietud me surgió en un consultorio médico, cuando leí un afiche que decía “Tu servicio de salud es gratuito… pero cuesta”. En ese instante vinieron a mi mente muchas preguntas, pero una era la fundamental: ¿Cuánto eroga el Estado por los servicios de salud que los cubanos recibimos gratuitos?

Poco tiempo después, otros carteles complementaron la información que decidí buscar para mi conocimiento y que respondían parte de mi interrogante. En los mismos podían leerse los importes de una consulta, una interconsulta y el ingreso en el hogar, entre otros datos.

Imagino que como yo, varias personas deben preguntarse lo mismo, y unas cuantas no tendrán una respuesta. Así como también otras tantas disfrutarán de los privilegios de vivir en Cuba sin analizar el costo de lo que ellos reciben gratis por derecho, como por ejemplo, la atención de salud.

Para dar una idea: solo del presupuesto anual que el Consejo de la Administración Municipal de Guantánamo destina al desarrollo económico y social del territorio, el 47 por ciento se dedica a los gastos de las instituciones sanitarias, como muestra, el pasado año el monto fue de más de 100 millones de pesos y en el 2017 se estima que la suma supere los 98 millones, según dijo Henry Rodríguez Terrero, presidente del Gobierno en la capital provincial.

Consultas, medicamentos, tratamientos, reparaciones, inversiones, equipos… y todo un sinfín de servicios y recursos, tanto materiales como humanos, integran la larga lista para la cual, cada año, el Estado cubano destina millones de pesos, a pesar de las estrecheces económicas del país, pues hablamos de un sector que es esencia misma de la Revolución.

Existen consultas y procedimientos que por su rareza y complejidad se realizan en instituciones específicas y tienen costos elevados, pero por lo general, en Cuba se manifiestan casos aislados de esas patologías y aún así se garantizan.

No son esas precisamente las que motivaron este comentario, sino las del día a día en las instituciones de salud, las que se realizan comúnmente y la población refiere en el lenguaje popular que son “como tomarse un vaso de agua”, por lo que ameritan el análisis y la toma de conciencia, tanto de la gente, como de los profesionales de la salud.

Por citar algunos ejemplos: una prueba citológica especializada tiene un costo de 23.95 pesos, la gimnasia terapéutica de 11.36, colocar un dispositivo intrauterino (DIU) 8.90, una primera sesión de acupuntura, 6.08 pesos y calor infrarrojo, 8.80.

Y estos no son los únicos. Consultas tan visitadas como la de ultrasonidos y Rayos X le importan al Estado 148.50 y 99.39 pesos, respectivamente… y así, son muchos más las prestaciones que, por su aparente “simplicidad” a la hora de realizarse, se efectúan con mucha frecuencia en policlínicos y hospitales.

Es cierto que todos debemos ver a un galeno ante cualquier padecimiento o malestar, pero no se deben violar los niveles de atención establecidos, pues el consultorio de la familia existe con un propósito, y si es necesario realizar algún procedimiento, es importante que se cumpla con las medidas que este indica, para que el resultado sea eficaz.

De esa forma se evita el empleo innecesario o desperdicio de recursos, como los destinados a hacer una radiografía, por demás agresiva al cuerpo humano, cuando tal vez auscultando al paciente se puede llegar a un diagnóstico.

La lista es extensa cuando se trata de procederes que en disímiles ocasiones se realizan injustificadamente, ya sea por insistencia del paciente o por comodidad de los facultativos.

El objetivo no es la desatención, ni el llamado es a la restricción de los recursos, sino a la racionalización, al mayor y mejor empleo de los conocimientos humanos, a utilizar las tecnologías para confirmar diagnósticos y no simplemente para hacerlos, en fin de cuentas, las máquinas pueden tener errores técnicos, mientras que los especialistas dedican años al estudio para su preparación, esa que debe garantizar un adecuado dictamen médico.

Todos debemos tomar conciencia de que disfrutamos de un privilegio que muchos en el mundo anhelan, por ello hay que ser más consecuentes en el ahorro de lo que se gasta, cuidemos y agradezcamos hoy lo que no teníamos ayer y que queremos mantener para mañana.

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