marciano usufructuarioTras jubilarse de la Empresa Municipal de Acopio, Marciano solicitó más de una caballería de tierra en Los Ciguatos, un lugar semidesértico donde apenas llueve, y la mantiene como un jardín. Fotos: Leonel Escalona Furones

Las veces que el usufructuario Marciano Cala Matos ha concurrido con sus cebollas a la feria agropecuaria en el poblado de San Antonio del Sur y vende a cinco pesos, cada paquete, con siete u ocho ejemplares de buen tamaño, los consumidores se preguntan si en verdad habrá venido del planeta Marte.

 

Cuenta que cuando lo ven llegar, gritan “se acabó el abuso” y corren a formar la cola para comprar las suyas, dejando a un lado los raquíticos paquetes, con menos cantidad, que ofertan a 10 pesos los revendedores, quienes no pueden ocultar su incomodidad.

 

“En una ocasión uno de ellos quiso comprarlos todos, a seis pesos, y como me negué entonces cuestionó mi honestidad, pero prefiero perder que darle vida a esos maleantes que, sin trabajar la tierra, explotan a la población para engordar los bolsillos”, comentó.

 

Y no es que el dinero le sobre a este guantanamero, que sabe lo cuesta cada producto agrícola porque trabajó en la Empresa municipal de Acopio 44 de sus 69 años de vida.

 

Su actitud responde al alto sentido que posee de solidaridad y respeto con las demás personas, especialmente humildes como él. “Lo más importante es trabajar y ganar el sustento de la familia, no enriquecerme a costa de la explotación del pueblo, al que debo servir como usufructuario”.

 

Tras jubilarse de la referida entidad, Marciano solicitó un pedazo de tierra mediante el Decreto-Ley 300, y en el 2010 le entregaron poco más de una caballería en Los Ciguatos, un lugar semidesértico donde apenas llueve, a dos kilómetros aproximadamente de la cabecera municipal.

 

El objetivo inicial era desarrollar la actividad forestal y la crianza de carneros, fundamentalmente, pero la dirección de la Agricultura Urbana le pidió incursionar en los cultivos varios, a pesar de la aridez del suelo, y él no puso objeciones.

 

Lo primero que hizo, antes de mudarse incluso, fue excavar un pozo de 12 metros de profundidad por 1,5 de ancho, con ayuda de familiares y amigos, el cual acumula tres metros cúbicos de agua de manera permanente. “Desde entonces no ha faltado el líquido para el consumo de la casa y el riego de las plantaciones”, aseguró.

 

Para almacenarla construyó en la casa una cisterna y un tanque de mampostería cercano a las áreas de cultivo, con capacidad para 29 mil litros.

mireya usufructuariaMireya no es solo el amor eterno de Marciano sino también su brazo derecho en la finca. Fotos: Leonel Escalona Furones

 

Luego, también con la colaboración de la familia, principalmente de su esposa Mireya Noa Moreira, a quien considera su brazo derecho, acometió el desmonte de la finca que implicó eliminar numerosas plantas de aroma y otras espinosas y retirar decenas de miles de piedras, con las cuales formó cárcavas para proteger el suelo agreste.

 

Del total de la tierra, el labriego dedicó la mayor parte a la reforestación, donde sembró más de cinco mil 700 plantas de guayacán, cuyas posturas el mismo produjo en un vivero, y otras especies autóctonas de la zona, además de guayaba, anón de ojo y de manteca, aguacate… y caña como forraje para los carneros.

 

De estos últimos, Marciano que comenzó la crianza con 36 reproductoras y dos padrotes y para colmo perdió 103 ejemplares, a causa de la intensa sequía que azotó la zona en 2013, ha entregado 200 cabezas a la Unidad Básica de Producción Cooperativa 28 de Enero, a la cual está vinculado.

 

Ahora cuenta con 28 ovejos, entre ellos 12 hembras gestadas, guanajos, de los cuales llegó a tener 93 ejemplares, gallinas, entre otros animales.

 

En el área restante (0,60 hectáreas), que riega con un sistema por aspersión, obtuvo 12 quintales de frijol colorado en 2013, así como lechuga, pepino, habichuela y las referidas cebollas, renglones que vende directamente a la población de la cabecera municipal, a precios asequibles.

 

Considera que sin los conocimientos sobre el trabajo agrícola, los que adquirió de otros campesinos, de especialistas y tropezando en el campo, no se puede cultivar la tierra ni tener buenos resultados. “Pero hay que trabajar duro para producir los alimentos que el pueblo necesita”, confesó.

 

En La Cúrbana, nombre con que Marciano identificó la finca por contar con 14 ejemplares de esa planta medicinal, en peligro extinción, y a la cual el Grupo Na­cional de Agricultura Urbana y Suburbana le otorgó la condición de Referencia Nacional en el 2013, el incansable usufructuario espera celebrar junto a Mireya, el aniversario 48 de su matrimonio el próximo 26 de julio.

 

“No sólo porque los dos cumplimos años el mismo día (12 de julio) sino también por los gustos e intereses, pareciera que el destino nos unió para siempre, más en este pedazo de tierra donde nos sentimos felices”, afirmó Mireya que ha echado la vida junto a Marciano para educar una bella familia con tres hijos en común.

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