escuela casa maisiMélani y sus compañeros confían en que la escuela pronto estará recuperada y quedará igual o mejor que antes. Fotos: Jéssica Eliás Domínguez

Todavía duele, y mucho, ver las palmeras decapitadas y los poblados desnudos con algunas casas aún sin techos. Los bosques quemados con muchos árboles con las raíces a fuera. Son huellas del paso del huracán Matthew por Maisí, uno de los cinco municipios más afectados por el meteoro en Guantánamo.

Poco más de un mes ha trascurrido de la embestida de la furia de los vientos y la intensa lluvia, y el vestigio de los deslizamientos de tierra y puentes quebrados igualmente laceran la imaginación de quien visite ese territorio y sufre al pensar el desespero de los pobladores aquella noche larga, muy larga, cuando veían a la Madre naturaleza ensañarse contra lo mucho o lo poco que tenían.

Justo cuando el dolor se atraganta en forma de nudo en mi garganta y es inminente la salida de una que otra lágrima mientras recorro parte de la dañada geografía de ese territorio, aparece frente al carro en el que viajo la esperanza, pero esta vez no lleva su verde tradicional, está disfrazada de rojo, azul y blanco, encarnada en dos cuerpecitos de “locos bajitos”, como así llamara el cantautor español Joan Manuel Serrat a los niños.

Vestidos de uniforme escolar los dos menores hacían señas para que le “dieran botella”.

¿De dónde vienen?, fue la pregunta a la que con peculiar entonación respondieron: “de la escuelita”, a la vez que indicaron hacia una modesta vivienda.

Caminamos hasta el sitio señalado por los infantes y allí encontramos a seis pequeños más que organizaban una informal aula.

Y es que esa vivienda, situada en Limonar y perteneciente al matrimonio de Isbae Estévez Jiménez y Yadira Guzmán Estévez, desde que se reanudaron las clases en el municipio se convirtió en un aula multigrado de la escuela rural Vietnam Heroico, devastada por el furor del fenómeno meteorológico.

En uno de los dos cuartos, devenido aula, tienen los niños sus sillas y mesas, también la pizarra del maestro y guardan con celo algunos libros y otros materiales escolares.

Como una gran familia

Cuenta Yadira, dueña de la morada, que luego del paso del ciclón su casa, salvo el portal, quedó totalmente sin cubierta y que gracias a los beneficios otorgados por el Estado recibieron 20 tejas para arreglar el techo las que unidas a las recuperadas, hoy cobijan a los ocho estudiantes, cinco de cuarto grado y tres de primero, en las actividades docentes que realizan allí.

escuela casa maisi2“Desde que los niños están aquí, siento que ha crecido la familia”, asegura Yadira. Fotos: Jéssica Eliás Domínguez

“Después de arreglar el techo de la casa, el director de la escuela conversó con mi esposo y le hizo la propuesta para que los niños recibieran clases aquí. No dudamos en aceptar, pues la otra variante sería mandarlos hasta La Juba, lugar bastante distante y además de tener dos hijos en esa aula, pensamos en los largos kilómetros que el resto de los niños tendría que caminar para llegar hasta allá”, dice la joven de 28 años.

“Desde hace dos semanas -era el tiempo transcurrido cuando la visitamos- están aquí, se sienten a gusto y para nada me molestan en mis tareas domesticas y mi esposo y yo no interferimos en sus actividades a menos que no sea para garantizarle mayor comodidad.

“El Gobierno nos ha ayudado y de alguna manera tenemos que retribuir esa ayuda, y qué mejor que brindar la casa para que las clases no se detengan“, expresa satisfecha Yadira, quien asegura que con la presencia de los pequeños allí, siente que la familia ha crecido.

Por su parte Ebilmer Leiva, maestro con cinco años de experiencia que está frente a esa aula, manifiesta que lo único diferente es el cambio de local, pues la docencia la imparte de la misma forma que cuando estaba en la escuela.

“Aquí están creadas las condiciones mínimas indispensables para dar las clases”, dice el maestro y asegura que se cumple el programa de estudio, el plan de adecuaciones y que evalúan el aprendizaje como se hace en la escuela.

“Los alumnos se sienten bien, colaboran bastante, y cumplen con todas las tareas que se les orientan, lo que sí es muy difícil que dejen de sentir añoranza por la escuela, por sus áreas verdes, que ahora se tornan pardas y grises, por los diferentes locales que algún día volverán a acogerlos, y por encontrarse con el resto de los estudiantes”.

Y de esa añoranza sabe bien Mélani Sánchez Matos, alumna de cuarto grado que vive en El Diamante, “después que pasas dos lomas y aparece lo que queda de dos árboles”, según la explicación que da para llegar a su casa.

Ella, que sueña con ser doctora, aunque me inclino a pensar que por lo locuaz que es se formará en un oficio o profesión donde use más las palabras, cuando habla punza fuerte el alma de quien la escucha.

“Extraño mucho la escuela porque allí todo era bonito, los árboles eran tan verdes y daban tanta vida a los pajaritos. Pero ahora la punta de las piñuelas están quemadas, aunque poco a poco van a cambiar, ya hay algunos que están echando hojitas y van a florecer en algún momento.

“Ese ciclón acabó con todo. En mi casa tumbó una mata de mamoncillo y la de maracuyá que daban tremenda sombra. Debajo de ellas yo me sentaba cuando llegaba de la escuela a estudiar, también allí jugaban dominó y hacíamos cumpleaños”, continúa hablando sin parar, los demás niños la miran pero no la interrumpen, tal parece que ellos también disfrutan al oírla.

“Aquí nos sentimos bien, salimos al mediodía para la casa a almorzar y regresamos cuando el profe de Educación Física o la instructora de arte nos citan para alguna actividad.

“Pero queremos estar en la escuela. Cuando la arreglen la vamos a poner bonita como era antes y le haremos todos los cuadros y adornos lindos que el viento y la lluvia rompieron, las fotos de los mártires, los dibujos. Ya verán cuando ustedes vuelvan va a estar lista y les prepararemos una sorpresa”, culmina con la mirada confiada en que todo será igual o mejor que antes en la escuela que tanto extrañan.

Por la hora ya teníamos que irnos. Nos despiden, no sin antes hacer saber que agradecen al matrimonio que prestó su casa para que ellos sigan aprendiendo.

Con la inyección de optimismo de estos niños que en la noche del 4 de octubre vivieron las horas más aterradoras de sus cortas vidas, nos alejamos del aula alternativa, de sus discípulos y benefactores. Llevo sentado sobre mis piernas a uno de los que al inicio de esta historia “pedía botella”. Me brindó con gusto el refresco caliente que tenía en un pomo y luego del vehículo rodar un buen tramo, me obliga a mirar por la ventanilla señalando hacia un llano al final de una pendiente

“!Mira mira, aquella es mi casa, la que ahora tiene techo negro! El ciclón se lo desbarató pero ya se lo pusieron nuevo.

Pidió que lo dejaran en ese sitio, me regaló un mojado beso, una sonrisa y un guiño y yo sin saber qué darle, solo atiné a entregarle mi pomo con agua congelada.

escuela casa maisi3Posando para un recuerdo los alumnos del aula multigrado junto a su maestro y el matrimonio que con gusto los acogió en su vivienda. Fotos: Jéssica Eliás Domínguez

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Pan de jamón y queso

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Hoy traemos una receta sorprendente: el exquisito Pan de Jamón y Queso. Es una receta familiar de origen español del arquitecto Roberto Arizmendi. El Pan de Jamón y Queso es un pan típico para fiestas o momentos especiales que será relleno con uvas pasas, aceitunas y por supuesto jamón y queso. Esperamos les guste.

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