efrain campesino fidel“Siempre admiré su forma de ser, de tratar a los campesinos y al pueblo en general, especialmente a los niños. Él no andaba mirando que los tiempos fueran buenos o malos para salir a la calle a responder por el pueblo”, comentó Efraín Díaz Leyva. Foto: Leonel Escalona Furones

El Valle de Caujerí cada vez se parece más al sueño que dibujó el Líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, durante su primera visita al actual emporio hortícola del municipio guantanamero de San Antonio del Sur, los días 1 y 2 de julio de 1977.

Entonces, el Comandante en Jefe, quien antes había inaugurado el combinado poligráfico de Guantánamo, llegó hasta esa zona, muy azotada por la sequía, para trazar la estrategia de desarrollo y fundar, con sus campesinos, el movimiento cooperativo, las formas superiores de producción.

 

Durante unas cuatro horas escuchó los problemas que los afectaban, principalmente el empobrecimiento por largos periodos sin agua, lo que impedía cultivar la tierra, aumentar los ingresos personales, muy bajos entonces, y erradicar las dificultades que por esas causas atravesaban algunas familias.

 

En esa oportunidad Fidel habló sobre ambiciosos proyectos que devolverían al Valle más esplendor que en sus mejores tiempos de la década del 40 y de los esperanzadores propósitos que a lo largo de 39 años se hicieron realidad, gracias precisamente al desvelo y persistencia del Comandante en Jefe.

 

Efraín Díaz Leyva testigo de las visitas al Valle de Caujerí narra cuán agradecidos están de aquellas predicciones y el alto compromiso contraído con el legado del Líder de la Revolución

 

 “A Fidel y la Revolución le debemos hasta nuestra dignidad”

 

Con 74 años de edad, Juan Pancho, como le llaman en la comarca, permanece aferrado al surco. Su finca parece dibujada por los mejores pintores del mundo: cada cosa en su lugar, no hay espacios baldíos, entre el maíz que espiga, el frijol entra a la cosecha.

 

“Así la mantenemos siempre mi hermano, mi tres hijos y yo, pero apenas tenemos tiempo para el descanso”, comentó mientras buscaba el lugar más apropiado para la conversación.

 

Nació en el Valle de Caujerí y en El Corojo ha echado la vida entera. En 1961, dos años después del triunfo de la Revolución, se hizo campesino, tras heredar la finca de su padre, Gumersindo Díaz Frómeta. Entonces tenía 19 años.

 

Socio de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Elis Rodríguez, confiesa que anteriormente al Primero de Enero, para hacerse de algunos pesos había que emigrar a otra parte a trabajar.

 

“Mis padres tenían finca para mantener la familia, pero no les reportaba lo que necesitaban para vivir, pues se pagaba muy mal por las cosechas. Por un quintal de maíz, lo que más se cultivaba, pagaban poco más de un peso y el frijol valía pesetas. No había ni gota de agua para cultivar”, comentó.

 

“Fueron tiempos durísimos para todos. Lo único que había en Guaibanó era una farmacia, te enfermabas y fácilmente podías morir porque para llegar a un médico tenías que salir de aquí y los caminos eran trillos por los que apenas se podía andar a caballo. 

 

“Sin embargo -compara-, hoy no hay que ir a ningún lugar porque aquí mismo se crearon las condiciones para trabajar en el campo, además se construyeron escuelas, hospitales, carreteras, y se garantizan otros beneficios sociales.

 

“Después del triunfo de la Revolución, el cambio hacia la mejoría fue brusco, de no tener absolutamente nada, de pronto tenemos todo, más el respeto, la admiración y el cariño de nuestro pueblo.

 

“El Estado ha invertido millonarias cifras de dinero en el Valle para que los agricultores tengamos lo necesario para producir suficientes alimentos y obtener altos rendimientos: modernos sistemas de riego llevan el agua hasta las fincas, maquinaria, semillas de calidad y, lo principal, somos dueños de la tierra.

 

“La Ley de Reforma Agraria, que hizo propietarios a los campesinos, fue de las primeras medidas aplicadas por Fidel al frente de la naciente Revolución, de ahí para acá todo lo que hizo fue en beneficio nuestro y de los cubanos.

 

Durante la primera visita del Líder cubano a la zona, en 1977, Efraín estuvo entre los seleccionados, junto a otros campesinos, para participar en una reunión celebrada en el círculo social de Guaibanó.

 

A la cita –explicó- asistieron campesinos y trabajadores agrícolas de El Corojo, Mariana, Guaibanó, Manguito, Los Asientos, Los Letreros, Pelones, el Mate y Lagunita, y pudimos explicarle nuestros problemas, le expusieron criterios y temores y lo escucharon hablar de unidad en cooperativas.

 

“El Comandante me cautivó como, imagino, haya sucedido a todo quien lo vio de cerca, pudo estrecharle la mano, abrazarlo o besarlo, porque era único, un hombre sólido, popular, sencillo.

 

“Siempre admiré su forma de ser, de tratar a los campesinos y al pueblo en general, especialmente a los niños. Él no andaba mirando que los tiempos fueran buenos o malos para salir a la calle a responder por el pueblo.

 

“Aquí nos dijo que el Valle tendría que convertirse en un jardín agrícola para producir hortalizas, fundamentalmente, y sus palabras se han cumplido con creces y cada vez esta zona se vuelve más productiva y el campesino sigue progresando.

 

“Por ello, el agrimensor debe ser agradecido y honrado, entregar sus cosechas al Estado y no desviarlas a destinos ilegales, fundamentalmente sabiendo que el pueblo espera esos alimentos.

 

¿Su muerte?, hay chico, no solo estremeció al pueblo cubano, el mundo entero sintió la pérdida porque hombres como él no deberían morir. Aunque vivirá por siempre entre nosotros.

 

“Trabajar y producir más es lo menos que podemos hacer los campesinos de toda Cuba para honrar la memoria de Fidel y a la Revolución, que él mismo creó y forjó, pues a ellos les debemos lo que somos y lo que tenemos, incluso hasta nuestra dignidad”.

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