doctora-marcelina-franciscoDoctora Marcelina Francisco Domingos. Foto: José Antonio Pupo

Marcelina Francisco Domingos llegó un día del año 2000 a Cuba, con 17 años de edad y cargada de expectativas y sueños. Se había ganado el derecho a estudiar Medicina en la Isla, donde terminaría la enseñanza preuniversitaria con una preparatoria para el aprendizaje del idioma Español.

Se identificaba desde siempre con los cubanos, aunque la gran proeza de Cuito Cuanavale solo le llegara como historia, porque contaba con cinco años en 1988, cuando las tropas cubano-angolanas asestaban el demoledor y definitivo golpe a los racistas sudafricanos, y los MIG 23 les partían el corazón.

Había visitado la Isla en vacaciones, invitada por su hermano, Guillermo Raymundo, quien a la sazón se formaba como ingeniero en minas en la Universidad de Moa y devino su principal inspirador en la maravillosa aventura de cruzar el Atlántico y establecerse por casi una veintena de años “en este verde caimán donde crece una pequeña cubano-angolana de seis años y encontró en Urquides Taureaux Martínez, amor y compañía.

“Mi extracción es humilde: papá carpintero, mamá maestra primaria y nací en la Ilha, a orillas de la mar, en Luanda, el 15 de octubre de 1983”, narra con recuerdos originarios que trae a la contemporaneidad al afirmar: “…pero aquí creció mi otra familia, encontré a una madre cubana, Olga Bonnamé Martínez, que me acogió en su casa y en su iglesia (Metodista), como una bendición de Dios.

“A Cuba la amo por razones insoslayables: me educó y formó como persona y profesional. Me hizo médica (2007) y me dio las oportunidades se ser especialista en Medicina General Integral (MGI), en 2013, primero; y ahora estoy casi al convertirme en Oftalmóloga, para servir mejor a mi país cuando regrese, en especial desde los servicios hospitalarios públicos, donde acude mayoritariamente la población necesitada”.

En Angola conviven la Medicina privada y la pública, esta última presupuestada por el Estado que la envió a formarse en la isla caribeña, donde la doctora Lina, como le gusta la llamen, se mueve como una cubana más, sin que apenas la raíz portuguesa de su lengua denote el origen africano.

“Cuando regrese -adelanta- practicaré lo aprendido en esta tierra, que tiene que ver con el humanismo, la solidaridad y en Medicina las estrategias preventivas con mucha promoción, y particular énfasis en las acciones higiénico-epidemiológicas, amén de la labor como MGI y la asistencia especializada en Oftalmología”.

Las alternativas que ofrece la llamada “Medicina verde” es de las pasiones profesionales de la futura especialista, quien junto a un colectivo de autores entre quienes firma su tutora, doctora Berta Reauge Valerino, confeccionó El Manual instructivo de Oftalmología en Medicina Natural y Tradicional, recientemente laureado con una Mención por el Concurso Premio de Salud 2015, auspiciado por el Consejo provincial de Sociedades Científicas de la Salud.

El tiempo cubano parece acortársele en la misma medida en que completa la segunda especialidad. Volveré a Angola para servir a mi pueblo, pero llevaré conmigo al cubano, la familia que me acogió como a una hija y a mis profesores, a quienes les debo la guía y enseñanzas para convertirme en la profesional médica que soy hoy.

Así también ve a Lina el claustro que la acompañó durante sus largos años de cubanía y que en la voz de la doctora Reauge Valerino califica como una profesional muy formada, llena de valores, y muy responsable ante las Ciencias Médicas y la sociedad.

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La Receta de Hoy

Tarta de piña sin horno

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Esta tarta de piña sin horno es un clásico de los postres sencillos y cómodos porque no hay que ser experto para hacerla. La podemos preparar en formato redondo o en formato rectangular, que también queda muy bonita. Es tan deliciosa como efectiva, con un sentido sabor a piña si usamos la gelatina de este sabor. Una estupenda forma de iniciarse en la repostería y uno de esos postres que gusta a todo el mundo.

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