operacion saludAdemás del tratamiento adulticida, Salud Pública incrementa la aplicación del decreto ley 272, con multas de 100 a 300 pesos. En general, se impusieron 14 en Caimanera, 85 en Tames y 399 en Guantánamo. Fotos: Lilibeth Alfonso MartínezEn la calles de Guantánamo se libra una guerra. Con soldados, con táctica y estrategia, con mapas, con cadenas de mando, armas y hasta bajas del bando contrario.

Es, no obstante, una guerra singular que inició el pasado 19 de febrero y se afianzó con el llamamiento del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros General de Ejército Raúl Castro Ruz, que anunció un plan para disminuir la infestación por Aedes, ante la alerta mundial por el zika, con la anuencia de 9 mil miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionariasy 200 de la Policía Nacional Revolucionaria en todo el país.

Las tropas desplegadas en el municipio cabecera de nuestra provincia, Caimanera y Manuel Tames, superan los 300 efectivos, entre soldados, oficiales y reservistas de la Región Militar Guantánamo, vestidos de riguroso uniforme de campaña e identificados.

Su misión, bajo el nombre de Operación Salud, es disminuir las poblaciones de mosquitos del género Aedes -además del “famoso” aegypti, el más reservado albopictus o mosquito tigre-, a partir de un riguroso tratamiento adulticida.

Sin tibieza en las tropas

Unos 50 hombres armados con 22 bazucas de fumigación y organizados en cinco brigadas recorren, desde bien temprano, varias manzanas en los alrededores del policlínico Emilio Daudinot, que atiende a los Consejos Populares de Norte-Los Cocos-Confluente y Pastorita.

Entre los dos Consejos, los militares deberán cubrir un área de 306 kilómetros cuadrados, con una densidad poblacional de 103.2 habitantes por kilómetro cuadrado, y una población real que supera los 35  mil. Por eso es tan importante mantener el ritmo de trabajo.

El plan de casas para fumigar el martes, me dice el Mayor Raúl Laurencio Delgado, responsable de los hombres de verde en esa área de salud, es de 2 mil 158, de las cuales el 60 por ciento debe hacerse por la mañana.

“Se trabaja en dúos. Uno avisa al morador y llena los papeles y el otro efectúa la fumigación -que en esta ofensiva se realiza cada seis días. Entre los dos, en una jornada deben completar, al menos, 100 casas”, me dice el oficial en activo aunque, en la práctica, sus subalternos aseguran que esa cifra llega hasta 120.

operacion salud2La efectividad del tratamiento adulticida, expresada en más mosquitos muertos, se ha incrementado significativamente desde que estas tropas recorren nuestros barrios. Fotos: Lilibeth Alfonso Martínez

Dentro de las casas, se trabaja sin apuro. “Lo que está orientado, es que la fumigación debe crear una cortina de humo, que se logra colocando la bazuca en un ángulo de 45 grados, haciendo movimientos de zigzag hacia las paredes”.

La preparación a los combatientes, de hecho, se realizó desde la propia creación del contingente y, en los primeros días, recibieron el apoyo de los trabajadores de la campaña, hasta que aprendieron el manejo de los equipos.

En el terreno, se verifica el trabajo y se lleva un control riguroso de la efectividad de la fumigación y la conducta de los hombres. “Tenemos dúos muy buenos, pero no todos son iguales. El secreto está en supervisar el trabajo”, asegura.

Mientras, la preparación de la mezcla para el tratamiento adulticida, que debe tener 4 mililitros de Malathion por cada litro de diésel, es también controlada rigurosamente, así como el consumo de la gasolina que mueve el motor del nebulizador.

Por otra parte, las casas cerradas, uno de los mayores problemas de la lucha antivectorial de todos los tiempos, ahora parecen abrirse aunque directivos de la Campaña aseguran que las casas cerradas, en estos momentos entre 30 y 36 cada día, no varía demasiado.

En general, el procedimiento es similar al de siempre. No hay, como en otras provincias del país, avisos en papel en las casas y barrios, ni pegatinas que marquen el barrio donde se fumigará, pero igual parecen estar haciendo la diferencia.

Según lo previsto, me confirma Laurencio Delgado, los hombres a su cargo estarán en el terreno durante 45 días.

operacion salud4“Las casas cerradas se visitan una y otra vez durante el día, esa es una de claves para recuperarlas. Además, somos flexibles, si nos llaman, vamos a la hora que sea", asegura Laurencio Delgado (segundo de derecha a izquierda). Fotos: Lilibeth Alfonso Martínez

En la calle

Para hacerlo llevadero, el trabajo se comparte. Quien avisa por la mañana, fumiga por las tardes y viceversa, “porque eso -me dice Edivannis Michel apuntando a la bazuca que carga su compañero- pesa y llega a cansarte”.

La respuesta de la población, asegura este instructor de artes plásticas del círculo infantil Nené Traviesa, es buena, “creo que porque la gente entiende el peligro y ve que las fumigaciones son más efectivas”.

Cuenta que una señora “puso una sábana blanca en el piso, y terminó llena de mosquitos muertos”.

Mientras hablamos, el que fumiga se queda sin mezcla y un compañero, de otro dúo, viene al auxilio. La que se llena de humo blanquecino, por cierto, es una casa que, unas horas antes, estaba cerrada.

El hombre en cuestión, que se llama Leonis Clairat y trabaja como custodio en el Emilio Daudinot, entra y continúa el procedimiento: bazuca con la “boca” hacia abajo en un ángulo de 45 grados con respecto a su brazo, que se mueve de izquierda a derecha y viceversa. El humo es tanto que, a ratos, el humano desaparece.

La misma impresión la tiene Isis Centeno, vecina de 5 Norte entre Luz Caballero y Carlos Manuel. “Yo una vez llamé a los de la Campaña, les pedí que me fumigaran un cuarto, lo cerré y cuando regresé, los mosquitos estaban como si nada, y desde entonces dejé de abrir la puerta… hasta ahora.

“En parte, porque no hay puerta cerrada con familia adentro que valga, tocan una vez, dos veces, insisten y hay que abrir. Pero vale la pena, uno siente el olor del veneno más fuerte, más humo y los mosquitos se mueren de verdad”, reconoce.

A una cuadra de distancia, Bárbara Rodríguez espera junto a su familia en las afueras de su vivienda que pasen 45 minutos que, asegura, “ahora que fumigan los guardias es mucho más, por la cantidad de humo que permanece adentro”.

operacion salud3Isis Centeno asegura que siempre fumiga: "Es mi salud, imagínese. Tengo 71 y vivo sola, tengo que cuidarme". Fotos: Lilibeth Alfonso Martínez

Lo que queda

Cada elogio a los uniformados de las FAR es una crítica velada, o dicha, al trabajo que desde hace varios años despliegan los cientos de trabajadores de la Campaña Antivectorial.

Para Aida Rosa Rojas, jefa del Departamento de Vectores del Emilio Daudinot, no es tiempo de comparaciones, aunque reconoce que la aceptación entre las personas del trabajo del contingente verde, lo que llega a sus oídos, es bueno.

Jorge Luis Nápoles, director del policlínico, dice por su parte que a pesar de los riesgos ambientales de su área, “los riesgos intradomiciliarios son los que más inciden en el crecimiento de los criaderos, los más peligrosos pues en los otros –habla de zanjas, fosas…- reciben tratamientos periódicos.

“Estamos hablando de personas que no tapan sus tanques o no lo hacen de manera correcta, que no buscan alternativas, que no realizan el autofocal familiar, que no higienizan sus patios, las áreas de su vivienda. Eso al final es lo que decide, aunque es bueno reconocer que, en los últimos días, hay una evidente reducción de los casos febriles y la focalidad”.

La tendencia a la disminución, no es solo en esa área. Ariadna Benech Jiménez, subdirectora de la Unidad provincial de Vigilancia y Lucha Antivectorial, asegura que de manera general en el ciclo -de 44 días- que recién finalizó esta semana hubo una reducción de la focalidad del 64 por ciento con respecto al ciclo anterior.

Dice, no obstante, que es muy pronto para atribuirle el logro a la Operación Salud, aunque las pruebas de efectividad por cadáveres del alado desde el 19 de febrero -que se realizan colocando jaulas con mosquitos vivos o sábanas- arrojan una efectividad del 93 por ciento, contra un 85 anterior.

Lo interesante, reflexiona, es que “muchas de los movilizados que hoy se visten de verde son nuestros mismos trabajadores de la campaña, o sea, lo que cambia es el mando, es el rigor de la supervisión. Creo que además de reducir los focos, esta experiencia nos deja mucho para pensar”.

Mientras, los fumigadores que no fueron movilizados, se ocupan del saneamiento de los tanques bajos -donde se reporta el 70 por ciento de los focos en la actualidad-, y de las áreas de viviendas de manera general.

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La Receta de Hoy

Tarta de piña sin horno

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Esta tarta de piña sin horno es un clásico de los postres sencillos y cómodos porque no hay que ser experto para hacerla. La podemos preparar en formato redondo o en formato rectangular, que también queda muy bonita. Es tan deliciosa como efectiva, con un sentido sabor a piña si usamos la gelatina de este sabor. Una estupenda forma de iniciarse en la repostería y uno de esos postres que gusta a todo el mundo.

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