coco siembraEladio Lambert echa alrededor de 50 libras de materia orgánica a cada planta de coco sembrada. Foto: del autor

La colosal destrucción ocasionada por el huracán Matthew a las plantaciones de cocotero en este municipio, lejos de resquebrajar el espíritu de los miles de baracoenses dedicados a este cultivo, los compulsó a emprender su recuperación con energías comparables a las del meteoro.

El fenómeno hidrometeorológico derribó más del 90 % de las 6 408 hectáreas de coco existentes en Baracoa. Las pocas plantas que quedaron en pie también sufrieron daños, muchas incluso sin posibilidad de salvación. De hecho fue ese cultivo el que sufrió mayores estragos en el municipio y la provincia, sin desdeñar las cuantiosas afectaciones a otros como el café, el cacao y el plátano.  

Apenas unos días después del paso del huracán, con el apoyo de la provincia y el país, los baracoenses emprendieron la redención del Cocos nucifera L., la palmera más cultivada en el mundo, también conocida como árbol de la vida o de los cien usos.

Especialistas del Grupo Nacional Agroforestal y de la Empresa Agroforestal y Coco Baracoa diseñaron la estrategia recuperativa del cultivo, punto de partida que además contó con la participación de investigadores del Instituto de Frutales de Cuba y de los productores.

El programa de rescate contempló plantar 4 279 hectáreas en tres años, de ellas no menos de 1 500 en el actual. Las siembras están indicadas a realizarse en los sitios más idóneos, preferiblemente en las zonas con menos pendientes y los suelos con mejores condiciones.

También se tienen en cuenta las variedades a sembrar, con prioridad para las más resistentes a las plagas y enfermedades y las de mayor rendimiento en fruto y en aceite, como las llamadas indio cobrizo, indio café con leche e indio verde.

Para la concreción de la tarea un paso determinante lo constituyó la construcción de los viveros por las diferentes formas productivas, lo que posibilitó un arranque impetuoso, de tal manera que hasta abril se habían plantado 824 hectáreas, casi el doble de las previstas hasta ese mes, reseña Alexis Toirac Perera, director de la Em­presa Agroforestal y Coco Baracoa.

Explica el especialista que la respuesta a las siembras denota la responsabilidad y el entusiasmo con que los productores han acogido la recuperación del cultivo, del cual dependen millares de familias en el montañoso municipio.

Para emprender las actividades demandadas por el restablecimiento del rubro, como la producción o la compra de posturas, las siembras y las atenciones culturales, el Estado cubano ha favorecido a los productores con un crédito bancario, el cual les asegura cinco años de financiamiento, con un año de gracia y diez de amortización.

No pocos campesinos, con el propósito de lograr cosechas e ingresos rápidos, intercalan otros frutales, sobre todo guayaba, en las áreas que plantan de cocotero. Hasta el momento esta forma de policultivo rebasa las 60 hectáreas. En otras muchas la palmera es acompañada con calabaza, frijol y otros renglones.

Las plantas sembradas este año deben entrar en producción en unos seis, es decir, en el 2023, comenta finalmente Alexis.

cocos huracanAsí quedaron los cocales en Baracoa, después del paso de Matthew. Foto: del autor

EL HOYADO, UN PROBLEMA

A Eladio Lambert Lambert, coquero de toda la vida en la comunidad de Guandao, Matthew le dejó en pie apenas unas 150 plantas de las más de 3 000 que poseía.

«Fue un golpe muy duro, del cual nos vamos recuperando», asegura el conversador y experimentado campesino.

«Ya he sembrado las primeras áreas, cantidad que fuese mucho mayor si hubiese contado por más tiempo con el equipo mecanizado que abre los huecos para hincar las posturas», expone el labriego.

«En el municipio escasean mucho los equipos para realizar el hoyado. Si no fuera por este inconveniente creo que todos los productores hubiésemos cumplido los planes de siembra, pues ahora hay humedad en el suelo, la que debemos aprovechar.

«Y es que la tecnología del cultivo, con la cual estoy de acuerdo pues busca la calidad de la siembra y del desarrollo de la mata, pide abrir hoyos grandes (60 centímetros de largo, por 40 de ancho y 60 de profundidad), muy trabajosos de hacer a pico y pala. Mientras a mano un hombre abre cinco huecos, la máquina puede abrir hasta 200, considero yo.

«La tecnología también demanda llenarlos de materia orgánica para favorecer el crecimiento de las posturas. Yo le echo a cada hoyo alrededor de 50 libras de materia desmenuzada, comenzando por la del propio coco. Ello me está dando buenos resultados, pues las matas crecen vigorosas», concluye Eladio.

Una de las bases productivas con un trabajo meritorio en la siembra lo constituye hasta el momento la unidad básica de producción cooperativa (UBPC) Eraldo Martínez Quiroga, de Mabujabo.

Este colectivo ha plantado 27 hectáreas y debe llegar a 106 este año, empeño que puede ser favorecido por la disponibilidad de más de 10 000 posturas en vivero y la aceptación por sus integrantes de potenciar el fomento del coco, frutal que por su buen pago los puede salvar de sus tradicionales problemas financieros.

Jorge Luis Núñez Acosta, jefe de brigada en la UBPC, coincide con Eladio en lo mucho más dificultoso que es abrir los hoyos a pico y pala, tanto por sus dimensiones como por la cantidad que requiere cada hectárea. La tecnología exige plantar 180 posturas por hectárea, con un marco de siembra de ocho por ocho metros.   

LA CADENA PRODUCTIVA NO SE HA ROTO

Cuando el huracán Matthew azotó a Baracoa, el 5 de octubre del 2016, allí estaba en pleno apogeo un programa para el desarrollo integral del cocotero.

Conocido como encadenamiento del coco o cadena productiva del coco, dicho proyecto se sustenta en la rehabilitación del cultivo, su mejor comercialización y en el aprovechamiento industrial y manufacturado de las partes que lo conforman.
Aun cuando la casi totalidad de las plantaciones del municipio fueron derribadas por los vientos del meteoro y averiadas las industrias destinadas al procesamiento de la palmera y de su codiciado fruto (algunas de ellas en construcción o remodelación incipiente entonces), a dicho proyecto nunca se renunció y mantiene total vigencia.

Así lo corrobora, por ejemplo, el proceso de instalación del equipamiento tecnológico que se realiza en la industria para la elaboración de la fibra del coco y sustrato orgánico.

También lo avala la construcción de una minindustria para elaborar dulce de coco, la modernización de la planta de carbón activado, el mejoramiento tecnológico de la fábrica de aceite y el arribo a Baracoa de parte de los equipos que conformarán la brigada de reparación y mantenimiento de caminos serranos, la cual se subordina a la Empresa Agroforestal y Coco.

De manera que en Baracoa, la zona predilecta en Cuba para el desarrollo del cocotero, la bendecida palmera, lejos de desaparecer, resurge con más pujanza.

Fuente: Periódico Granma

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