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1779190587675Hoy no se celebra solamente una fecha. Se celebra la resistencia de la inteligencia cubana, la perseverancia de generaciones enteras que hicieron ciencia aun cuando faltaban recursos, estabilidad y hasta certezas. 

Hace 165 años nació la Academia de Ciencias de Cuba 19 de mayo de 1861 en La Habana bajo el nombre de Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, la cual perdió el calificativo de “Real” en 1899, tras la ocupación estadounidense, y desde entonces se denominó simplemente Academia de Ciencias de La Habana. Posteriormente, en 1962, con la Revolución, se creó la Comisión Nacional para la Academia de Ciencias de Cuba, momento en que adquirió oficialmente el nombre de Academia de Ciencias de Cuba y un alcance nacional como un sueño de país, y desde entonces ha sido uno de los pilares más nobles de la nación.

La historia de Cuba no puede contarse sin sus científicos. Desde los estudios de nuestras enfermedades tropicales hasta las investigaciones agrícolas, meteorológicas y sociales, la ciencia cubana ayudó a salvar vidas, producir alimentos, enfrentar epidemias y comprender mejor la realidad del país. Muchas veces en silencio, lejos de los aplausos y de los titulares.

Hubo épocas de enorme esplendor intelectual. Figuras memorables dedicaron su vida al conocimiento cuando investigar era casi un acto de patriotismo. Laboratorios modestos dieron origen a descubrimientos valiosos. Profesores y especialistas formaron generaciones enteras de profesionales que luego sostuvieron universidades, hospitales y centros de investigación dentro y fuera de Cuba.

También hubo y hay años extremadamente duros. La emigración de talentos, las carencias materiales, el deterioro tecnológico y las limitaciones económicas han golpeado con fuerza al sistema científico cubano. Muchos investigadores tuvieron y tenemos que trabajar con sacrificios enormes, improvisando soluciones donde otros países disponían y disponen de abundancia. Y aún así, los que nos antecedieron y los actuales no dejamos morir nuestra vocación.

La ciencia cubana aprendió a resistir. Resiste apagones, crisis económicas, falta de financiamiento y aislamiento académico. Resistió siempre porque detrás de cada proyecto siempre hubo personas convencidas de que el conocimiento no puede rendirse. Las personas que actualmente nos dedicamos a la Ciencia tenemos Esa misma convicción. Esa es probablemente una de las mayores victorias de nuestra Academia: mantenerse viva en medio de todas las tormentas.

Uno de los momentos más admirables de las últimas décadas fue la capacidad del país para desarrollar investigaciones biomédicas y enfrentar desafíos sanitarios complejos. Más allá de debates políticos o ideológicos, miles de profesionales demostraron un compromiso extraordinario con la vida humana, dejando una huella que merece respeto dentro y fuera de Cuba.

Pero celebrar 165 años también obliga a mirar hacia adelante con honestidad. La ciencia necesita libertad para pensar, recursos para investigar, salarios dignos para retener talento y espacios donde el mérito tenga más peso que la burocracia. Ninguna nación puede aspirar al desarrollo si sus científicos sobreviven agotados o desmotivados.

La Academia tiene por delante el reto de conectar más profundamente con la sociedad cubana. Investigar no puede ser un ejercicio aislado de la realidad cotidiana del pueblo. Cuba necesita ciencia aplicada a sus problemas reales: pobreza, energía, alimentación, Salud Pública, envejecimiento poblacional, Educación y desarrollo económico sostenible.

A los investigadores jóvenes, a los profesores, estudiantes, técnicos y trabajadores que sostienen la ciencia cubana desde el anonimato: gracias. Gracias por seguir creyendo en el conocimiento en tiempos difíciles. Porque mientras exista una persona dedicada a investigar, enseñar y descubrir, Cuba seguirá teniendo una esperanza encendida.

Desde la Filial Sur Oriental de la ACC y desde Guantánamo en particular: ¡FELICIDADES PARA TODOS LOS CIENTÍFICOS CUBANOS!