Las fuerzas de EE. UU. e Israel han atacado sistemáticamente las instalaciones nucleares iraníes desde el inicio de la guerra.
Han pasado más de cinco semanas desde el inicio de la guerra de agresión de EE. UU. e Israel contra Irán, el 28 de febrero de 2026. Las primeras evaluaciones que señalaban un bajo riesgo de escalada generan hoy serias dudas.
La destrucción sistemática de la infraestructura civil y energética iraní, y la creciente desesperación de los agresores ante la cada vez más eficaz resistencia del pueblo persa han elevado la probabilidad de un evento nuclear a niveles nunca antes vistos en Oriente Medio.
El máximo líder cubano, Fidel Castro Ruz, advirtió en reiteradas ocasiones sobre los peligros de una guerra nuclear, particularmente en el contexto de un posible conflicto en esa región que involucrara una agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Fidel no albergaba dudas de que un ataque coordinado de ambas naciones contra la República Islámica podría escalar hasta el uso de armas atómicas, con consecuencias catastróficas para la vida en el planeta.
La pregunta ya no es si existe el riesgo, sino bajo qué condiciones se materializaría y qué forma tomaría. El plan de guerra relámpago sionista-estadounidense fracasó. El asesinato de la máxima dirección del país, lejos de amedrentar y dividir al pueblo iraní, lo ha unido más.
No hay protestas contra el gobierno. Muchos de los que un día se lanzaron a las calles hoy combaten en defensa de su patria. Ciudadanos que vivían en el extranjero, incluso opositores, han regresado para incorporarse a la lucha contra la agresión.
Durante décadas, la doctrina iraní se basó en la llamada «paciencia estratégica»: enriquecer uranio sin cruzar el umbral. La fatwa del líder supremo de la República Islámica de Irán, ayatolá Alí Jameneí, contra las armas nucleares fue el pilar de esa contención, pero cabe preguntarse: ¿esa fatwa murió con él el 28 de febrero?
Irán ha sido bombardeado dos veces en medio de negociaciones por dos Estados con armas nucleares. Debemos tener presente que, antes de la guerra, Irán poseía 400 kg de uranio enriquecido al 60 %, material suficiente para fabricar entre 10 y 12 artefactos nucleares.
Mientras tanto, la entidad sionista mantiene oficialmente una política de opacidad nuclear, pero posee un arsenal estimado entre 90 y 400 cabezas nucleares, desplegadas en tríada: aire (F-35 y F-15), mar (submarinos clase Dolphin) y tierra (misiles Jericó).
Las fuerzas de EE. UU. e Israel han atacado sistemáticamente las instalaciones nucleares iraníes desde el inicio de la guerra, por lo que el riesgo de accidente nuclear es sumamente preocupante: un misil impactando en las instalaciones de Dimona o en una planta de energía iraní, podría generar una explosión radiológica de gran magnitud, desatando una escalada incontrolable.
El reloj corre, la quinta semana de guerra ha demostrado que Washington y Tel Aviv no tienen una estrategia de salida clara. Desde Estados Unidos se ha dicho que la guerra terminará en dos o tres semanas, pero las amenazas de atacar infraestructura civil puentes, plantas eléctricas, refinerías indican lo contrario.
La guerra ya ha matado a miles de personas; una explosión nuclear, incluso accidental, marcaría un punto de no retorno para la civilización humana.
Tomado de Granma