Para cuando se publique este reportaje, la gran mayoría de las niñas de nueve años que viven, estudian y crecen en Guantánamo estarán a salvo de los serotipos 16 y 18 del virus del Papiloma Humano (VPH), los principales causantes del cáncer cérvico uterino en el mundo.
La sentencia anterior, que apenas suma medio centenar de palabras, es una de las mejores noticias de este final de año que, buena parte de los cubanos, despedió como a los malos amores: Sabemos que existió, pero preferiríamos olvidarlo.
María Elena Sánchez García, responsable del Programa de Inmunización de la provincia, lo tiene claro. “Esta vacuna defiende e invierte en una visión de futuro, pues estos tumores son una de las principales causas de muerte en Cuba dentro de la población femenina”.
La luz
La campaña de vacunación transcurre sin contratiempos gracias al apoyo de la GAVI, la Alianza para las Vacunas y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La primera campaña de vacunación en Cuba contra el VPH, incluida hace apenas unas semanas dentro del Programa Nacional de Inmunización, estaba prevista del 27 de octubre al 27 de diciembre, aunque en Guantánamo inició efectivamente a partir del 10 de noviembre, luego de las afectaciones por el huracán Melissa.
Es, básicamente, el resultado de un largo camino de investigaciones, logística y negociaciones que resultaron en un esquema de vacuna escolar que protegerá, en la provincia, a 2 mil 691 niñas con el inmunógeno de fabricación china Cecolin bivalente.
Se inoculan con la vacuna -precalificada por la Organización Mundial de la Salud- las niñas de nueve años, que en la educación primaria están en cuarto grado, y algunas, en quinto; las de la educación especial independientemente del grado escolar, y aquellas que por alguna enfermedad no asisten a las escuelas.
El tiempo de preparación, además, permitió garantizar la campaña incluso en las difíciles condiciones del país: desde las enfermeras calificadas, los espacios en las escuelas, las jeringuillas, el material gastable, las dosis vacunales y una cadena de frío suficiente y eficiente a prueba de apagones.
Previamente, también se informó a los padres y se buscó consentimiento para la aplicación de la vacuna producida por Innovax, la cual en su recorrido ha demostrado eficacia, seguridad y una respuesta inmune comparable con otros compuestos similares usados en el mundo.
“Es un paso importante. Esos espacios nos permiten aclarar dudas, explicar la eficacia, y desmentir rumores. Esta -ratifica- es una vacuna segura. Es incierto que cause esterilidad temporal o permanente. Es incierto que produzca algún trastorno en la salud sexual y reproductiva o en otros ámbitos”.
La gente, la gran mayoría, ha respondido bien. “Y las madres negadas, poco a poco, han acudido para proteger a sus hijas porque es una oportunidad de darles una oportunidad frente al cáncer, una que nosotras no tuvimos”.
Al cierre de noviembre -la campaña, en Guantánamo, empezó a partir del día 10 debido al huracán Melissa- se habían inoculado el 61,2 por ciento de las niñas previstas, la mayoría en sus propios centros educativos.
Las reacciones adversas informadas hasta ahora, indica la responsable del programa de vacunación en Guantánamo, son las comunes a otras vacunas: dolor e irritación en el sitio de la inoculación. El proceso, en general, marcha sin contratiempos.
Hay, sin embargo, preguntas en el tintero. ¿Por qué se vacunará solo a los nueve años? ¿Por qué no ampliar la campaña hacia otros grupos etáreos más al borde del inicio de la vida sexual? ¿Por qué se excluye al sexo masculino?
“Es solo para las niñas, pero esperamos lograr la ‘inmunidad en rebaño’, pues protegiéndolas beneficiamos a los varones que se relacionen con ellas en el futuro, ya sean sus contemporáneos o de otros grupos de edades”, responde Sánchez García.
Por otra parte, abunda, “se fijó la edad de vacunación a los nueve años porque, a partir de los resultados de las investigaciones, consideramos que era el momento más apropiado para garantizarles protección antes de que inicien su vida sexual”.
Pensar en futuro
Con más de 30 años de experiencia, la enfermera vacunadora Mileidis Quiala Ramírez ratifica la seguridad de Cecolin. “Es una oportunidad que nosotras no tuvimos… Es segura y previene un cáncer que nos afecta de una forma muy dura”.
Son aproximadamente las 11 de la mañana y en el vacunatorio del Policlínico 4 de Agosto de la ciudad de Guantánamo, todo está en calma. A media mañana, me dice la licenciada y enfermera vacunadora Mileidis Quiala Ramírez, acudió una de las niñas pendientes por inocular con la vacuna contra el VPH. La única prevista en el día.
“La mayor parte de las vacunas se aplicaron en las escuelas, adonde fuimos dos veces, la segunda a recuperar los casos que no habíamos podido inyectar porque estaban enfermas. Las pendientes, las citamos al policlínico”, especifica.
El proceso, tanto en los centros educativos como en el sanitario, cumple protocolos estrictos. “Tenemos las vacunas en frío, en refrigeradores especiales y neveras capaces de mantener la temperatura hasta 36 horas, con sus termómetros que recogen cualquier variación”, detalla.
“Las niñas, por su parte, se someten un chequeo previo, se buscan en las listas provistas por educación, se anotan, reciben la vacuna -no hay que esperar, pues cada bulbo tiene una sola dosis- y luego, se les observa una hora en busca de cualquier evento”.
¿Y las reacciones adversas?, pregunto. “No se han informado. Solo algo de dolor, porque el pinchazo duele, pero si usted me pregunta, todo es bueno, no hay dolor comparable a padecer cáncer”, me dice, desde sus 37 años de experiencia en el sector de la salud.
Arlet Diaz Hernández, jefa del Programa de Vacunación del 4 de Agosto, precisa que hasta ese momento se habían vacunado 264 niñas y quedaban 15 pendientes, algunas por enfermedad, y ocho por negativa de sus padres o tutores legales a causa de una información errónea en una de las escuelas.
Los negados, en un primer momento, llegaron a 22. “Les dijeron, básicamente, que la vacuna causaba infertilidad durante 10 años, no dieron su consentimiento y sus niñas no fueron protegidas. Por suerte, poco a poco hemos ido trabajando, hablando, explicando y la gran mayoría ya vinieron al vacunatorio”.
¿Usted se la aplicaría a su hija?, inquiero. “Sin dudarlo. Tengo una pequeña de cuatro años y, sinceramente, respiré un poco más tranquila cuando supe que estaba en el esquema de vacunación. Todos los días una ve casos nuevos de cáncer cérvico uterino, y en personas cada vez más jóvenes.
“El VPH, sobre todo los serotipos más oncogénicos, es silencioso y las formaciones tumorales en sus primeros estadios también. A eso, se suma que muchas mujeres demoran o no se hacen la prueba citológica, hasta que es tarde”, reflexiona.
Rihanne es una de las guantanameras que contribuirá, con el acto de protegerse contra el VPH, a cambiar las estadísticas del cáncer cérvicouterino en el futuro, y su madre lo sabe.
Es, dice la doctora, una decisión personal, y así se lo tomó la joven especialista de recursos humanos de la emisora CMKS Ridian Megret Joubert, madre de Rihanne Despaigne Megret, estudiante de 4to 8 del seminternado Conrado Benítez García, y una de las niñas guantanameras protegidas contra el VPH.
“Con anterioridad, cuenta la joven madre, la maestra nos informó que se aplicaría una vacuna contra un virus de transmisión sexual que causa cáncer y debíamos dar nuestro consentimiento, y no lo dudé. Una, naturalmente, hace todo lo necesario para proteger a sus hijos, y las vacunas son parte de esa protección”.
¿Están contentas?, pregunto a la madre. “Ella llegó super contenta de la escuela, orgullosa con su vacuna. Yo, francamente, también estoy más tranquila. En mi familia nadie ha sufrido de ese tipo de tumores, pero son muy frecuentes y muy peligrosos”, responde.
Gracias a esa decisión, la pequeña Rihanne podrá formar parte de una estadística muy diferente a la que hoy marcan las incidencias del cáncer cérvico uterino entre nuestras mujeres: las estadísticas de las niñas guantanameras protegidas del VPH, gracias a una vacuna que les llegó justo a tiempo.