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1 hogarEn los hogares maternos se les garantiza a las gestantes los servicios necesarios.

Los hogares maternos son sinónimo de prevención y salvaguarda de la vida. En Guantánamo no son simples instalaciones anexas al sistema de Salud, sino espacios pensados para anticiparse al riesgo y reducir complicaciones antes de que aparezcan. Estas instituciones demuestran que en un contexto económico complejo, marcado por carencias materiales y el impacto del bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba, la protección a la maternidad se mantiene como prioridad estratégica del país.

A finales de 2024, la provincia recibió la indicación de ampliar estos servicios y desde entonces cada municipio empezó la imperiosa misión.

El doctor Leinier Chibás Pardo, jefe del Programa Materno Infantil, recuerda que solo existían hogares en Guantánamo, Niceto Pérez, Imías y Baracoa, mientras otros territorios trabajaban con pequeñas salas de hospitalización dentro de policlínicos.

Caimanera y Maisí fueron la avanzada -precisa-, lograron abrir los primeros nuevos espacios. Luego se sumó Yateras y en febrero abrió San Antonio del Sur, lo que cambió la dinámica para muchas gestantes que antes debían trasladarse por largas distancias para recibir atención.

La expansión no responde a una estadística fría. Responde a una lógica preventiva. El hogar materno no sustituye al hospital, pero sí evita que muchas mujeres lleguen a él con complicaciones. Se ingresan gestantes con anemia ligera o moderada, con bajo peso o con ganancia insuficiente durante el embarazo.

También se atienden infecciones urinarias asintomáticas y síndrome de flujo vaginal. Cuando existe riesgo de prematuridad y requiere colocación de pesario, el hogar provincial asume el seguimiento. Las patologías más complejas se remiten al hospital general, porque cada nivel tiene su función bien delimitada.

Chibás Pardo asegura que el riesgo geográfico constituye otro criterio esencial. Una mujer que vive en una zona montañosa o distante puede ingresar desde las 34 semanas para evitar una emergencia en carretera. A partir de las 37 semanas muchas se trasladan al hogar provincial o al hospital, según la evolución clínica. La decisión no se toma al azar. Se evalúa caso por caso. Se prioriza siempre la seguridad de la madre e hijo.

Hoy funcionan ocho hogares maternos en la provincia con capacidad para más de 200 embarazadas, la mayoría concentradas en el Hogar provincial Cristina Pérez, con 86 camas; el de Baracoa, que cuenta con 42 capacidades, el de Niceto Pérez que dispone de 16 y Maisí y Yateras, que mantienen 10 cada uno. Manuel Tames y El Salvador trabajan para inaugurar sus propias instalaciones, mientras sostienen salas hospitalarias funcionales.

Cada uno de estos sitios funciona a partir del principio que considera al ser humano como centro de las políticas sociales en Cuba, apegados a un protocolo altamente profesional y adaptado a las individualidades de cada caso.

Actualmente la provincia reporta mil 571 gestantes, de ellas 241 adolescentes. La atención diferenciada a este grupo implica seguimiento desde etapas tempranas del embarazo, con integración de sectores como Educación y Deporte. El embarazo adolescente se aborda como fenómeno de salud y también como realidad social que requiere acompañamiento familiar, por eso en los Hogares Maternos también este grupo etario tiene prioridad.

2hogarActividades coordinadas por Cultura y Deporte disfrutan las futuras madres.Las limitaciones materiales exigen adecuaciones constantes, pero la provincia se reorganiza para preservar el servicio, así lo afirma el doctor Chibás Pardo, quien explica que si bien la disponibilidad de electricidad influye en horarios para la realización de ultrasonidos y otras prácticas de laboratorio, se ajustan las sesiones para que ningún servicio esencial se detenga. Asimismo se prioriza la distribución de medicamentos. La prevención continúa siendo el eje.

El Hogar Materno provincial…

3 hogarYunaisis González, subdirectora del Hogar Materno provincialEl Hogar Materno provincial Cristina Pérez Pérez, concentra en Guantánamo los casos que requieren mayor seguimiento. Dispone de 86 camas, aunque no todas están ocupadas pues una de las salas está en reparaciones tras las recientes afectaciones provocadas por el huracán Melissa.

Allí un equipo multidisciplinario articula criterios clínicos y sociales para la atención personalizada de las gestantes. Participan obstetras, médicos generales integrales, enfermeras con amplia experiencia, psicólogos y fisiatras, la mayoría con más de una década de labor.

“El pase de visita integral no es un formalismo, sino un espacio de análisis colectivo. Se evalúa la evolución clínica, el estado nutricional y también la estabilidad emocional de cada paciente. La preparación para el parto comienza mucho antes de que inicien las contracciones”, comenta Yunaisis González Torres, subdirectora del centro

Agrega que las negativas de ingreso existen. Algunas mujeres temen alejarse de sus hogares o dejar a otros hijos al cuidado de familiares. El equipo básico de salud trabaja desde la persuasión, explica riesgos y beneficios, e involucra a comisiones sociales cuando resulta necesario. No se trata de imponer, sino de convencer desde la evidencia. Las fugas disminuyen cuando la paciente comprende que interrumpir un tratamiento implica comenzar de nuevo y prolongar su estancia.

El contexto económico impone retos visibles. La falta de combustible obliga a reorganizar horarios de ultrasonido según la disponibilidad eléctrica. El hogar provincial dispone de grupo electrógeno y lámparas recargables para garantizar atención nocturna. La alimentación se mantiene mediante alternativas que incluyen el uso de leña cuando resulta necesario. La prioridad se concentra en dietas reforzadas para pacientes con anemia y bajo peso. Ningún servicio esencial se ha detenido.

González Torres significa el compromiso del colectivo con la sostenibilidad de estas prestaciones, quienes mantienen su disponibilidad de trabajar pese a las distancias.

Ejemplo de esa perseverancia y vocación de servicio es la enfermera Isabel García, con 25 años de experiencia en la institución, conoce la rutina como quien recorre su propia casa. Explica que la jornada inicia temprano, con toma de signos vitales, administración de medicamentos y control de peso. Pero insiste en que el cuidado no se reduce a cifras.

“Hay que escuchar”, comenta mientras describe cómo muchas pacientes llegan con preocupaciones que no siempre aparecen en la historia clínica. Para ella, la vigilancia constante permite detectar cambios mínimos y actuar antes de que se conviertan en complicaciones mayores. Su experiencia le ha enseñado que el acompañamiento emocional también forma parte del tratamiento.

Entre las gestantes, el hogar deja de ser una sala hospitalaria y se convierte en espacio compartido. Lisnay Marcillí Quiala, de 21 años y con 33 semanas de embarazo, llegó preocupada, permanecer ingresada tanto tiempo y lejos de la familia fue difícil, pero ahora reconoce que la disciplina alimentaria y el seguimiento diario le han devuelto la tranquilidad.

Participa en las actividades educativas, conversa con otras futuras madres y asegura que ha aprendido a identificar señales de alarma que antes desconocía. “Una se siente acompañada”, afirma con convicción.

Ana Lidia Agüero Capello, de 19 años, se encuentra en la etapa final de su embarazo. Vive en una zona alejada y decidió ingresar antes de las 37 semanas para evitar riesgos en el traslado. Explica que estar cerca del hospital le ofrece seguridad. Aprovecha las sesiones de preparación para el parto y escucha con atención las orientaciones sobre lactancia materna. Para ella, el hogar representa previsión, una manera de adelantarse a cualquier imprevisto sin dramatismos.

Sheila Martínez Montero, adolescente asmática, combina el seguimiento médico con la continuidad de sus estudios. Realiza exámenes escolares mientras permanece ingresada y mantiene tratamiento controlado para su condición respiratoria. Reconoce que el ingreso temprano le permitió estabilizarse y reducir crisis. Habla con serenidad sobre su experiencia y asegura que el acompañamiento psicológico ha sido importante para enfrentar temores propios de su edad.

En cada una de ellas el hogar cumple una función distinta, pero con un mismo propósito: sostener la salud antes de que aparezca el riesgo mayor. En Guantánamo, los Hogares Maternos no solo amplían capacidades físicas. Refuerzan una estrategia preventiva que coloca la seguridad materno infantil en el centro. Entre controles médicos, conversaciones cotidianas y vigilancia constante, la vida avanza acompañada.