Para Alexa, el Periodismo es una forma de acompañar y contar la realidad.Apenas nos separa un año en la vida profesional, pero cuando se trata de alguien cercano, de alguien a quien se respeta y se ha visto crecer dentro del mismo camino, las palabras parecen volverse más cuidadosas, como si pesaran un poco más de lo habitual.
Actualmente trabaja en el departamento informativo del Telecentro Primada Visión, en el municipio de Baracoa. Allí comienza a abrirse camino en un periodismo que, como ella misma reconoce, pone a prueba todos los días a quienes lo ejercen.
Cuenta que su vocación no nació de manera temprana ni romántica, como suele imaginarse. “Fui una niña de las que siempre terminaba primero en las pruebas finales. Más tarde, en la secundaria fui Jefa de colectivo. De alguna forma, nunca me imaginé a futuro. Ojalá pudiera decir que, desde mi infancia, mi anhelo era ser periodista. Sin embargo esa pasión no nació con tanta prontitud.
“El amor al papel y a la pluma —no creas que yo lo que hago es teclear, bromea— lo deduje de mis requisitos para optar por una carrera: tenía que ser de letras y que me permitiera escribir. Desde el primer momento, cuando la secretaria del centro pasó por mi aula con el anuncio de las pruebas de aptitud, levanté la mano. Honestamente no sé qué habría sido de mí si no lo hubiera hecho", confiesa.
Comenzar a ejercer el Periodismo, reconoce, implica enfrentarse a una realidad mucho más compleja que la aprendida en las aulas. “Ver el Periodismo desde fuera de la academia siempre será un reto. Aun cuando desde los primeros años de la carrera nos vinculamos con el gremio. Enfrentarte al contexto social, económico y político de una Cuba cada vez más cambiante es un choque inevitable”.
A eso se suman las inseguridades propias de la juventud y los desafíos que implica abrirse paso en el oficio. “Te hablo de la inexperiencia, desde esas ganas de hacer y desmontar, de hacer Periodismo, pero que lleve tu sello". E insiste, el mayor desafío es otro. “Creo que el mayor reto es no perderse en el camino. Recordar por qué estamos aquí, en primer lugar, y lo que aspiramos llegar a ser”.
Sobre los estereotipos que aún rodean a las mujeres dentro del periodismo, Alexa es clara. “Existen estigmas dentro y fuera de la redacción. Incluso se siente mal denunciarlos. La figura de la mujer ha tenido por siglos el lugar de ‘embellecer’, pero ¿qué pasa cuándo hacerlo es una obligación?”.
Recuerda situaciones que todavía resultan incómodas en el ejercicio cotidiano del trabajo. “En muchas coberturas o cuando el lugar ni siquiera lo amerita, se me exige una sonrisa. Justifican la petición alegando que soy bonita o muy joven para estar 'tan amargada'. Sé que estos comentarios jamás le serían dirigidos a cualquiera de mis compañeros masculinos”.
Aun así, reconoce que dentro del propio gremio también hay desafíos que deben enfrentarse. "Debemos enfrentar el sexismo implícito o explícito que llega desde quien menos esperas. Aprender a responder ante él. Defender estas ideas que, depende de quien las mire, pueden ser descabelladas o innovadoras.
“Creo también que hay que fomentar a la mujer en el Periodismo deportivo, aunque cause incomodidad o rareza al oído. A mi ojo, nos veo un poco encasilladas en el sector de las artes, que es precioso, pero no el único".
Pensar en el futuro dentro del Periodismo no es algo que le obsesione. “No tengo una cúspide o lugar al que llegar. Sin embargo, tengo muy claro qué quiero, que escribir se sienta como la primera vez, con la experiencia que me regalen los años. No quiero jamás creer que tengo la razón absoluta y sí conservar la magnífica virtud de poder cambiar de opinión”.
Cuando habla de los temas que le gustaría investigar, su voz adquiere un tono particularmente comprometido. “No se habla lo suficiente sobre los temas de género en Cuba. Quisiera investigar sobre los feminicidios en Baracoa, por ejemplo. Hablar de feminismo, para que empoderamiento no se confunda con doble jornada laboral, o que se conozca que el machismo también afecta a los hombres.
Su mirada como mujer, dice, influye inevitablemente en las historias que quiere contar. “Ser una mujer de estos tiempos, haber crecido en un entorno machista y ser privilegiada a la hora de contar con una educación tan amplia quizás me hizo tener otra perspectiva en diferentes asuntos”.
En su agenda personal hay otros temas pendientes. “Tengo un apartado para la mujer rural, para la de campo adentro. También me gustaría hacer crónicas o bitácoras de viaje, porque me gusta 'rodar'. Ojalá pueda llenar un libro entero sobre mi terruño. Siempre me ha dado la impresión de que le debo dar las gracias".
Sobre su generación, considera que vive un momento lleno de contradicciones. Comenta que, “donde se cierran puertas se abren ventanas, aunque sean virtuales. Mi generación tiene tecnología, y disponer de ella ya es en sí un reto. Desde el escenario complicado con el que batalla el periodista cubano, donde se limitan los horarios de edición o poder llevar al aire la emisión del noticiero, ya tenemos una panorámica de lo que conlleva el oficio en la actualidad.
“Hoy tenemos la amenaza de nuestra sustitución por una IA. El riesgo ético de no sucumbir ante la inmediatez, el clickbait o un texto generado en cuestión de segundos que permita irse a casa más temprano". Aun así, ve en su generación una fuerza particular. “Mi generación, es tan desfachatadamente creativa como transgresora. Eso sí, el contexto se nos torna desafiante”.
Cuando se le pide un consejo para otras muchachas que piensan estudiar Periodismo, duda un instante. “Ahora me asalta la duda de si, con apenas ocho meses de graduada, puedo dar algún consejo”, pero finalmente comparte una reflexión que resume su manera de entender el oficio. “Siempre hay que plantearse la disyuntiva entre si escribes solo para justificar ocho horas laborales o existe una intención de ayudar detrás. Si es lo primero, entonces no es Periodismo”.