Siempre quise ser militar, afirma la entrevistada.Me recibe en uniforme, lista para salir al trabajo. Su ropa luce impecable, los botines relucientes. A su lado, su hija Hellen también es una muestra de la dedicación de una madre: la Mayor Danae Arjona Ramos, granmense del poblado rural Majarana, en Guisa, hoy jefa de la unidad militar 4295 del Batallón del Oeste en la honrosa Brigada de la Frontera "Orden Antonio Maceo".
Antes de la entrevista, ofrece café. "Es lo primero que hago siempre para levantar los ánimos. Mi abuela me crió así: a las cinco de la mañana ya estaba despierta y la esperaba para tomarlo juntas".
El tono amable de Danae habla más de ella que cualquier palabra: una mujer educada, sencilla, cubanísima y, ante todo, segura de sí.
"Siempre me gustó la vida militar, quizá por mi vocación de líder. Desde niña declamaba en los actos por los Cinco Héroes, por el regreso de Elián, y hasta fui jefa de colectivos. Yo era la que llevaba la voz de mis compañeros y siempre fui estricta. Mis padres, apenas supieron que quería ser militar, me apoyaron y me acompañaron.
"A los quince años entré a los Camilitos, en Bayamo, lejos de casa, pero yo tenía un entrenamiento previo, pues había hecho la secundaria interna en la ESBU 'La Batalla de Guisa', en la montaña, en la ruralidad. Y a todo me adapté.
Danae lleva más de una década en la Brigada de la Frontera."Llevo casi 20 años de servicio. Primero en los Camilitos, en Bayamo, y luego en la escuela de cadetes. Siempre me ha gustado la preparación fuerte. Y lo mejor de este mundo es que, como exige, también apoya. El colectivo ayuda y empuja cuando los ánimos están caídos. Tuve uno de los mejores colectivos de profesores del país. Eso, más el orden y la limpieza, hacen de uno alguien cada vez mejor.
"Ser mujer en esto es complejo —admite Danae—. Los entrenamientos te ponen al límite. Caminar kilómetros, vivir en campaña en la costa, la montaña o polígonos de ciudad, hasta cuatro días con mochila y fusil. La mochila, que pesa 12 o 13 libras, se siente peor si corres tres kilómetros y cruzas obstáculos con vallas de tres o cuatro metros para lanzarte y seguir.
"Pero debo decir que la presión fue equitativa para todos: se nos daba y exigía el mismo nivel de preparación que a los hombres. Incluso a veces con el período menstrual, en el peor momento. Uno se sobrepone al cansancio de ayer y al de hoy. Una escuela en lo físico y en el carácter. Eso ha sido y es para mí las Fuerzas Armadas Revolucionarias", reafirma.
Guantanamera por… decisión propia
En 2015, Danae llegó a Guantánamo. Debía estar cuatro meses de práctica de mando en la frontera. Jamás imaginaría que allí estaría colocando la primera piedra de su trinchera.
"Me querían poner frente a un pelotón de mujeres y pedí una compañía de infantería, con hombres. Me nombraron jefa de pelotón. Y a base de disciplina y respeto fui de las más destacadas.
"Terminé ese período y, al graduarnos, volví para la frontera a cumplir la misión que mi país quería. Ya han pasado once años desde que empezó mi periplo por Guantánamo. Después de jefa de pelotón de infantería, fui segunda jefa de compañía, jefa de compañía, jefa de operaciones, segunda jefa de batallón, jefa de plana mayor… y desde 2024, jefa de batallón.
"Soy la primera mujer en ocupar este puesto y lo digo con orgullo, porque ha sido otra oportunidad para servir mejor a mi patria. Sin dudas es algo retador, pero la vida es así y agradezco que lo sea", afirma Danae y no duda; su mirada serena lo demuestra.
"He dedicado mi vida a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, a la frontera, a esta misión especial. Aquí los errores son inadmisibles, porque sabemos lo que está en juego. Por eso, como muchos, he perdido el miedo a muchas cosas; ante el enemigo no dudamos.
"Nunca he pensado en retirarme. La situación que vivimos te hace crecerte. Veo a los líderes, a los ministros, haciendo su parte. Yo debo seguirles el paso el tiempo que sea necesario, como Vilma Espín. Ella es mi inspiración y la historia de Cuba.
Danae mantiene el equilibrio entre sus responsabilidades hogareñas y laborales."También mi niña, Hellen Columbié Arjona, de cuatro años, es mi fuerza y mi debilidad. Trabajo para verla segura al llegar y salir del círculo infantil 'Retoños de Verde Olivo' donde otros cuarenta hijos de militares están al cuidado mientras sus padres laboran en la frontera o en otras unidades.
"Hellen se ha acostumbrado a dormir separada de mí, a veces. De hecho, van más de seis meses que no veo a mi familia en Granma. Mi madre es maestra, está a punto de jubilarse. Mi padre, mayor. Cuidan a mi abuela. Sufrimos no poder estar juntos, pero nos llamamos constantemente.
"De Guisa extraño los baños en el río, la tranquilidad, las charlas de las tres de la tarde con el café, pero sé que todo eso me espera cuando vuelva. Ahora la misión es lo primero", dice, y aquí está, en casa, lista para salir al batallón. De la mano de Hellen camina para dejarla en la Casita Infantil y seguir rumbo a su otro hogar.
Danae apenas tiene tiempo libre, y cuando aparece es para Hellen. Lee, y admite que a veces se queda dormida con el libro en el pecho.
"También me gusta cocinar, escuchar música romántica, Ricardo Arjona… eso me ayuda a hacer los deberes", comenta entre risas, y antes de despedirme me mira un instante y dice:
"La defensa de la Patria no es un concepto. Es levantarte cada día sabiendo que alguien depende de ti. Tu hija, tu tropa, tu país… todo y todos a la vez".
Y es que las mujeres como Danae, cubanas, no saben hacer otra cosa que dar todo con la mirada firme y serena, como amiga, hermana, esposa o madre, que cada mañana dejan un pedazo de corazón en casa y salen a cumplir su deber.