
A pesar de las complejísimas situaciones socioeconómicas, agravadas por las amenazas del imperio y la empecinada pretensión del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de acabar con el ejemplo de Cuba, el pueblo se mantiene firme, de pie, consagrado al trabajo por el bienestar y sostenibilidad de la nación y la salvaguarda de la Patria, porque son más los hijos e hijas de esta tierra soberana que aman, construyen y fundan.
Con esa pasión y el esfuerzo de hombres y mujeres de todas las profesiones y oficios se sigue levantando una obra, con imperfecciones y desaciertos, pero hermosa y digna, motivación para la entrega sin límites para enaltecerla, lo que también provoca el reco nocimiento y respeto de muchos amigos del mundo, a 67 años de la gesta heroica de 1959.
Soberanía, prestigio y fuerza le han dado a esta Isla, sin miramientos de tiempo y circunstancias, aquellos que la defienden, los que crean riquezas, los que producen, los que escriben, los que imparten clases, los que preservan la salud, los que hacen ciencia para la vida, en fin, quienes se empeñan en que crezca y se fortalezca con todos y para el bien de todos.
En estos tiempos adversos y desafiantes son muchos también los que hacen valer y le dan plena vigencia con su actuación cotidiana a las ideas del Héroe Nacional José Martí: “La pobreza pasa, lo que no pasa es la deshonra”.
Por eso se empinan, se crecen y continúan con la cabeza erguida, sin vulnerar un solo principio, ante dificultades internas y el cruel bloqueo económico, comer cial y financiero impuesto por EE. UU. Igual que puede afirmarse que el pueblo de esta nación es antimperialista por esencia y naturaleza, principio enraizado en la sangre desde las enseñanzas de Martí y Fidel, puede asegurarse que la mayoría de sus hombres y mujeres rechaza esa criminal política, pues conoce en carne propia cuántos perjuicios acarrea en el acontecer cotidiano.
Esa posición de condena que resulta, asimismo, sentido de resistencia y filosofía de vida, alcanza posturas inconmensurables al desafiarlo por más de 60 años. Pero el genocida cerco se ha estrellado ante el espíritu indomable de los hijos de esta tierra, herederos de un proceso gestado en la manigua redentora con el pensamiento independentista de los mambises que empuñaron el machete para conquistar la libertad.
Dolorosamente, en el propio suelo que los vio nacer hay quienes no saben levantarse ante las difi cultades y le ha cen el juego al enemigo, se regodean y lucran ante las carencias, y hasta negocian aprovechando las adversidades de toda índole, sobre todo, las económicas.
A los verdaderos cubanos les duele esa ofensa de sus propios compatriotas que disfrutan de errores, insuficiencias y privaciones, lo aplauden y hasta se satisfacen de algún retroceso que multiplica el infortunio o se jactan del anunciado día para acabar con su legítima Revolución.
Duele que los haya ganado el dinero para obrar contra su gente, pero alienta y reconforta que sean muchos más los hijos e hijas que siguen alimentando a su nación con su buen proceder, su trabajo abnegado y su patriotismo, dispuestos a salvaguardarla a cualquier precio, ante peligros y amenazas.
Los que aman, construyen y fundan continúan consecuentes con una historia de ejemplos tan edificantes como el de los insignes patriotas Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Máximo Gómez y Antonio Maceo, que lucharon por la independencia de la Patria con el machete mambí y la vergüenza, y colocaron el valor, la hidalguía y la intransigencia revolucionaria en lo más alto.
Ese legado es recogido por las generaciones que surgieron después con iguales convicciones, guiadas por Fidel, el principal artífice de la epopeya emancipadora que trajo verdadera libertad y soberanía, y a quien Cuba y su pueblo honran, especialmente, en este año del centenario de su nacimiento, el venidero 13 de agosto. El mejor tributo al invicto líder es, asimismo, la tradicional confianza en la Revolución de su pueblo, que participa creadoramente en la solución de sus problemas, gracias al espíritu de unidad nacional y actitud digna en defensa de su integridad.