Desde el verbo colmado de esa ternura signada por el magisterio que se torna infinito, Oralys Francisco del Sauzal reveló el sentido de su vida: "yo nací para ser maestra", y sus pensamientos difícilmente pueden desligarse de una pasión que la acompaña día a día.
Con casi siete décadas de vida y más de medio siglo dedicado a enseñar desde sus inicios en su natal Zaza del Medio, comunidad del municipio de Taguasco, en la provincia de Sancti Spíritus, esa sencilla mujer afirmó a la Agencia Cubana de Noticias que los últimos 11 años son los que con más fuerza marcan su labor de educadora.
Es la etapa en que me enrolé como maestra ambulante, un quehacer atado a mi filosofía de enseñar a quien necesita de ello, sobre todo, si por determinadas enfermedades u otros problemas le es imposible asistir a una institución docente, refirió en esta ciudad.
Acotó Oralys cuan complicado es el proceso, porque se precisa adecuar el programa de enseñanza a la realidad de cada alumno, a sus capacidades intelectuales; sin embargo, a partir del hecho de que todas las familias también desean ver a sus hijos avanzar en la adquisición de conocimientos, se establece una permanente relación de cooperación.
Cuando Oralys Francisco del Sauzal despierta, ya dejó atrás horas de preparación en el hogar y, bajo la premisa de quien ama su profesión, está presta a "devorar" kilómetros, desde los barrios del Chambelón hasta Jesús María, casi de extremo a extremo de esta urbe capital.
Organizo bien mis sesiones de trabajo para que cada pequeño disponga del tiempo suficiente a la semana para aprender, puntualizó, nunca he dejado a un estudiante y a su familia esperando por mí y hasta las puertas de mi casa se abrieron desde el primer momento para complementar los contenidos cuando lo requieran.
Detalló, además, que son educandos que por sus particularidades suelen cansarse en el proceso de enseñanza, pero siempre llevo conmigo una mochila de alternativas para motivarlos, desde la lectura de cuentos hasta juegos didácticos, y eso me funciona muy bien, relató.
En estos años de maestra ambulante he tenido muchas satisfacciones, manifestó, desde la sonrisa que se multiplica en el niño cuando llego a su casa hasta los premios provinciales y nacionales en artes plásticas de uno de mis alumnos, pero nada se compara con esa gratitud de la familia cuando constata como sus hijos, paso a paso, se nutren del conocimiento, dijo.
Entré por vez primera a un aula en 1968, impulsada por el deseo de enseñar a leer y escribir, en esos quehaceres pasé mi juventud, me hice mujer, esposa, madre y nada me ha separado del magisterio hasta hoy, destacó.
Me jubilé, me reincorporé en esta labor y mientras la salud física y mental lo permitan, aquí estaré, educando, porque yo nací para ser maestra hasta mis últimos días, sentenció al tiempo que sus manos alistan los textos y cuadernos con los que, desde este primero de septiembre, entrará en complicidad con las familias para ayudar a sus niños a desandar los senderos del aprendizaje.
Tomado de ACN