Si Cuba se convirtió, desde la nada, en una potencia deportiva; si ha mantenido esa condición, o si esta se lacerara, pasa por una clase que se desarrolla en los patios e instalaciones de nuestras escuelas y por el profesor que la imparte.
Hace 65 años, en la Primera Plenaria de los Consejos Voluntarios Deportivos sobre la Educación Física, el 19 de noviembre de 1961, Fidel expresó: La Educación Física del pueblo es la base del deporte.
De ese insustituible magisterio, que busca desarrollar en el niño sus capacidades motrices, mediante disímiles herramientas, entre ellas el juego como catalizador de estas, al enriquecer en el infante su imaginación, la interacción social y la consolidación de la confianza en sí mismo, nacieron las glorias que tanto hemos vivido.
Hoy, cuando el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder), llega a sus 65 años, esa clase que en la sigla se muestra con la letra E, necesita más que nunca de la Excelencia.
Es la que permite que el niño o niña, a la par que adquiere los conocimientos de otras materias, desarrolle la velocidad, la fuerza y la resistencia, a fin de blindar físicamente su intelecto y prepararlo para los futuros retos. Una larga jornada de un médico o de un científico; de un soldado o de un obrero; de un maestro o de un artista, son más soportables en la medida en que haya calado en ellos la clase de Educación Física.
Ese alcance social fue definido aquel día por el líder histórico de la Revolución Cubana: La Revolución tiene la obligación de luchar por un pueblo saludable y fuerte; por un pueblo superior en condiciones físicas.
Fue tanta la importancia de esa asignatura que, a diferencia de los más avanzados pensamientos sobre esta materia, Cuba incluyó la Educación Física desde primer grado, es decir en el primer ciclo de la enseñanza primaria, convirtiéndose en pionera de esa experiencia. La decisión se basó en el pensamiento de Fidel, quien sostuvo siempre la idea de que el deporte y la Educación Física no le irán a quitar el espacio a los estudios, sino que irán a fortalecer los estudios de los alumnos.
Por esa clase del profe más querido de la escuela, cuya aula no tiene pupitres ni pizarrón y el cuaderno en el que se escribe es el cuerpo de cada alumno, han pasado las 239 medallas olímpicas que Cuba ha logrado en Revolución; es decir, con la clase de Educación Física como primer paso hacia los podios de premiación.
Entonces, ella no es el clásico uno, dos, tres, cuatro, y el profesional que la vea así, estaría lastrando el desarrollo de la nación.
Solo una anécdota para ilustrar cuán valioso es el trabajo del profesor de Educación Física:
Hace unos años, en una conversación con Enrique Figuerola, el primer medallista olímpico de la Revolución, al pasar segundo en la final de los 100 metros de los Juegos de Tokio-1964, me dijo que los velocistas existen, solo tenemos que ponerlos a correr.
Comentaba que los muchachos en las escuelas son retadores, de por sí competitivos, y si se organizaran festivales de velocidad en las escuelas, y luego entre ellas en el consejo popular, después en el municipio, y el campeón compite por la corona de la provincia, para luego reunir 16 muchachos y muchachas por el trofeo nacional, podríamos sacar al niño y niña más veloz del país.
No hace falta una inversión, la carrera sería de 50 o 60 metros, no hace falta estadio, ni hospedaje ni transporte, tampoco zapatillas Nike o Puma; ni una pista moderna, la calle es de nosotros. Figuerola está seguro de que aparecerían otra vez los Silvio Leonard, Osvaldo Lara, Leandro Peñalver, Andrés Simón…
¿Es o no el profe más querido de la escuela? Claro que sí; ¿es o no la Educación Física nuestra mayor cantera? Por supuesto que sí.
Tomado de JIT




