El Grito de La Confianza, dibujo realizado por Juan Emilio Hernández Giró y donado por sus familiares con motivo del centenario del 24 de febrero de 1895.
La pieza constituye el único original conservado en Cuba que representa artísticamente la proclamación del inicio de la Guerra Necesaria.
La tarde del 24 de febrero de 1895 no comenzó con disparos. Comenzó con una decisión largamente contenida.
En la finca La Confianza, a las afueras de Guantánamo, 28 hombres se reunieron alrededor de una mesa sencilla para materializar lo que ya habían hecho en conciencia muchas veces: comprometerse con la independencia.
Esta vez no bastaba la palabra. Esta vez firmaron un acta. Allí, bajo techo humilde, dejaron constancia escrita de que iniciaban la lucha armada y que la sostendrían hasta alcanzar la libertad de Cuba.
Desde 1890, por indicaciones de Antonio Maceo, la jefatura militar de la conspiración en Guantánamo había recaído en Pedro Agustín Pérez, Periquito. Su liderazgo no se limitaba al plano militar.
En 1893 asumió también como subdelegado del Partido Revolucionario Cubano, creado por José Martí para articular la llamada Guerra Necesaria. Aquella doble responsabilidad —militar y política— lo convirtió en una figura singular dentro del movimiento independentista cubano y fortaleció la cohesión de la región oriental.
Mientras en otros territorios la conspiración avanzaba con fisuras, en Guantánamo se tejía con paciencia y método. La influencia de Periquito alcanzó a gremios como panaderos, tabaqueros y carretilleros, que ya enfrentaban los abusos de sus patronos y encontraban en la causa independentista una vía de dignidad colectiva.
En los campos vinculados a la industria azucarera y en los barrios rurales de la jurisdicción, la organización crecía sin estridencias. La información se compartimentaba y cada cual conocía lo imprescindible: así sobrevivió la red.
En 1893 la traición estuvo a punto de fracturarla. Manuel Cardet Grave de Peralta, teniente de voluntarios, aparentaba compromiso mientras entregaba informes detallados al mando español. Hubo detenciones, vigilancia constante y riesgo real de desarticulación.
Periquito tuvo que internarse en los montes de Matabajo para continuar dirigiendo desde allí la conspiración. Sin embargo, la estructura resistió. La compartimentación impidió que el colonialismo desmontara por completo el movimiento.
En mayo de 1894 llegó a Guantánamo Emilio Giró, enviado de Maceo, con instrucciones precisas: intensificar los preparativos y garantizar que, una vez iniciada la guerra, fueran atacados los puestos militares costeros entre Sabanalamar y Baconao, zona estratégica ante un eventual desembarco del Mayor General. No se trataba únicamente de alzarse, sino de sostener una ofensiva organizada.
El 17 de febrero de 1895, Periquito recibió la orden definitiva transmitida por Guillermo Moncada: por disposición de Martí y de Máximo Gómez debía iniciarse la insurrección el día 24. Los mensajes circularon por manos seguras. La fecha quedó fijada.
Y llegó la tarde esperada.
En La Confianza, además de pronunciarse, firmaron. Ese detalle -la redacción de un acta que explicaba las razones del levantamiento- constituye un hecho singular dentro de los alzamientos del 24 de febrero.
No era solo la guerra que comenzaba; era la conciencia histórica de estar comenzándola y Guantánamo no fue un punto aislado en el mapa.
En Periquito Pérez recayó el mando político y militar: como Mayor General encabezó las huestes mambisas. José Martí lo designó subdelegado del Partido Revolucionario Cubano.
En Boca de Jaibo, Periquito también se pronunció junto a sus familiares. En el ingenio Santa Cecilia, Pedro Ramos y Enrique Brooks tomaron el poblado y aseguraron armas y víveres. Enrique Tudela atacó y ocupó el fortín de Morrillo Chico, considerada la primera victoria militar de la nueva etapa en la región.
En San Andrés del Vínculo, Prudencio Martínez Echevarría y Evaristo Lugo marcharon hacia Maqueicillo; en Baitiquirí, Luis González Pineda se alzó junto a su familia antes de internarse en la sierra de María Ana. Y en Yateras y Tiguabos también hubo pronunciamientos.
Los días siguientes confirmaron que no se trataba de un gesto simbólico. El 25 de febrero fue tiroteado el cuartel de la Guardia Civil desde los altos de San Justo. El 26, en la finca La Gloria, las fuerzas de Periquito enfrentaron tropas españolas bajo el mando del teniente Muñiz.
El 4 de marzo, en el combate de los Mamoncillos de Ullao, cayó herido Alfonso Toledano, quien moriría días después y se convertiría en el primer mambí guantanamero muerto en combate en la nueva guerra.
Guantánamo contaba desde 1890 con una estructura conspirativa sólida, veteranos de guerras anteriores y un liderazgo articulado. Su papel no fue circunstancial, fue consecuencia de una planificación persistente.
Años más tarde, el poeta e historiador Regino E. Boti evocaría en versos a Pedro Agustín Pérez y al significado de aquella jornada. No era una disputa por primacías, sino una defensa de la memoria:
Saliste a pie para volver en bronce, / que a tanto el giro de la gloria alcanza / cuando el ánimo heroico hace de gonce / a la puerta lustral de la esperanza. / Que nadie el lauro de la patria tronce / trasmutando el recuerdo en olvidanza, / porque se oirá de nuevo en este esconce / el grito redentor de La Confianza.
El nombre del autor aparece asociado al modernismo, a la renovación lírica, a la sensibilidad oriental que amplió los registros de la poesía cubana del siglo XX, pero pocas veces se menciona que dedicó años a discutir un asunto que parecía cerrado: cómo debía entenderse el 24 de febrero de 1895.
Mientras la historiografía popular fijaba la expresión Grito de Baire como síntesis del inicio de la Guerra Necesaria organizada por José Martí, Boti comenzó a revisar documentos, cartas y testimonios para examinar si aquella denominación hacía justicia a la complejidad del levantamiento. Sabía que el 24 de febrero no fue un estallido aislado, sino parte de una estrategia concebida por Martí junto a Máximo Gómez y Antonio Maceo, con alzamientos simultáneos en distintos puntos de la Isla.
En 1910 inició la recopilación de fuentes directas. No lo movía una emoción provincial ni una rivalidad simbólica. Lo impulsaba una preocupación metodológica. En una carta afirmó que quería probar la verdad histórica sobre el levantamiento. La frase es reveladora: probar, no afirmar; verificar, no repetir.
Regino Eladio Boti demostró la preponderancia del Levantamiento de La Confianza, aunque la historia haya significado el Grito de Baire. En Guantánamo, además del único dual liderazgo de Pedro A. Pérez, hubo disímiles levantamientos ese día, se produjo en primer combate (Morrillo Chico) y cayó el primer insurrecto: Alfonso Toledano
Su estudio El 24 de febrero de 1895. Exposición crítica de los más importantes estudios publicados hasta hoy sobre la fijación histórica del Grito de Independencia, publicado en 1923 tras presentarlo ante la Academia de la Historia, no fue una narración épica, sino un desmontaje analítico. Boti examinó versiones anteriores, señaló inconsistencias, comparó cronologías. No proponía sustituir un mito por otro. Buscaba restituir la dimensión estratégica del proceso.
Porque en Guantánamo, el 24 de febrero de 1895, la guerra no nació del impulso momentáneo. Nació de una red que resistió la traición, de una dirección que combinó política y estrategia, y de hombres que comprendieron que la independencia no era un acto espontáneo, sino una construcción paciente.
Porque aquí no solo se alzaron. Aquí se firmó la guerra.




