images 6Frente a la casa de mi abuela crece una mata de rosas rosadas. No es grande ni llamativa, pero florece con constancia, como si no supiera hacer otra cosa que dar. La gente lo sabe. Por eso las rosas nunca duran demasiado en la mata.

Algunos no preguntan. Se acercan rápido, cortan una flor y se van. Otros tocan la puerta, explican, piden permiso. Casi siempre para lo mismo: una novia, un aniversario, un gesto urgente. 

Hay dos muchachos que llegan en una moto. Ya son conocidos. Vienen, piden una rosa y dicen que es “para la novia”. Las rosas pasan de la mata a otras manos y siguen su camino. A veces pienso que no pertenecen del todo a esa casa.

Mi abuela no está contenta del todo con esto. Dice que no quiere ver la planta maltratada. En el fondo, creo que es por no despegarse de las flores que con tanto cariño ha cuidado.

El otro día llegó un muchacho distinto. Dijo que su madre había fallecido y que en la funeraria no había flores. Lo dijo casi en susurro, como si pedir una rosa fuera también pedir consuelo. 

Mi abuela no le hizo preguntas. No preguntó nombres ni razones. Salió, las cortó todas y se las entregó. El muchacho las recibió despacio, las miró un segundo, dijo gracias y se fue.

Después de eso, la mata volvió a florecer. Como siempre. Y volvió a quedarse sin rosas. Para una novia, para una disculpa, para alguien que no sabía qué decir y necesitaba llevar algo en las manos.

El otro día el muchacho de la funeraria pasó a saludar. Le agradeció a mi abuela nuevamente, y se fue. 

Desde ese día, mi abuela ya no se enfada demasiado cuando desaparece "Han sido testigo de historias que no conocemos y de dolores que no se cuentan", me dijo esa tarde.

No todas las flores están hechas para quedarse. Algunas existen para irse. Y quizá por eso eso siguen ahí, floreciendo una y otra vez, porque no se trata de guardar, sino de dar. De entender que incluso lo frágil puede sostener a alguien más por un rato.

Y en tiempos donde falta tanto, una rosa puede ser más que una rosa. Puede ser la prueba de que todavía queda humanidad floreciendo en la esquina de una casa cualquiera.

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