No quiso entrevistas. Con la modestia que la caracteriza, Raquel Laviste Villafruela se negó a que la prensa realzara cuánto entregó a Guantánamo y al país durante 45 años de vida consagrados al sector de la Educación. Su despedida, sin embargo, habló por ella.
Hace algunos días, en la Dirección Provincial de Educación —ese espacio que dirigió por largo tiempo—se le despedió formalmente, era tiempo de su jubilación.
Las redes sociales, entonces, se llenaron de agradecimientos y emotivas palabras que testimonian una trayectoria forjada en el aula, en los pasillos de las escuelas rurales y en la conducción de un sistema que tiene en el recurso humano su principal fortaleza.
Luego de ese “hasta siempre”, la propia Raquel publicó en su perfil de Facebook las palabras que aquel día no pudo leer por la emoción. En ellas no aparecieron datos de informes ni estadísticas, sino palabras de agradecimiento a quienes, a su juicio, son los verdaderos artífices del quehacer que ella impulsó en sus años de labor.
Se dirigió a los maestros, directores, personal administrativo y de apoyo, amigos todos; aquellos que compartieron con ella una ruta que comenzó hace más de cuatro décadas y que ahora cierra por orden natural.
“Recorriendo con la memoria estos años, veo rostros”, escribió. En ese reconocimiento sincero a sus subordinados —a quienes prefiere llamar “compañeros de ruta”— dejó una lección de liderazgo al resumir que una circular puede organizar el sistema, pero es la vocación de un maestro en el aula la que transforma vidas.
Y es que el paso de Raquel por Educación provincial estuvo marcado por la cercanía. Durante sus años al frente del gremio fue testigo de la entrega de educadores en escuelas rurales de difícil acceso, de la creatividad para sortear la falta de recursos, de la paciencia infinita con los estudiantes que más necesitan apoyo y de la resiliencia en tiempos difíciles.
De ellos, aprendió que liderar no es dar órdenes desde un escritorio, sino caminar juntos por los pasillos, escuchar preocupaciones y celebrar logros.
En su mensaje de despedida, Laviste Villafruela agradeció a la ministra de Educación, doctora en Ciencias Naima Ariatne Trujillo Barreto, al equipo del Ministerio, a los directores provinciales y municipales, a las autoridades del territorio, a la Universidad de Guantánamo y a todos los que acompañaron al sector en disímiles tareas.
Pero el centro de sus palabras estuvo en quienes mantienen el rumbo del sector: “A mi sucesor le entrego un barco con una tripulación excepcional que estoy muy segura seguirá navegando. Cuídenla, escúchenla y valórenla, porque son ellos los que realmente mantienen el barco a flote”.
Con la certeza de que la educación de la provincia queda en las mejores manos, Raquel Laviste Villafruela termina esta función, y a partir de ahora, afirma, será una espectadora orgullosa que, desde la distancia, aplaudirá cada uno de sus éxitos.
“Que la vida les devuelva con creces todo el bien que siembran a diario”, les dijo al despedirse. Con esa bendición, cargada de la modestia que siempre la acompañó, cerró una página, dedicada a la educación, y dejó abierta otras tantas, en cada maestro y escuela de Guantánamo, que sabrá con orgullo dar continuidad a la noble faena de educar.




