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Hace 41 años, el 26 de julio de 1985, en el discurso en Guantánamo por el aniversario trigésimo segundo del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el Comandante en Jefe Fidel Castro convocó a trabajar en la provincia por reducir el éxodo de la población de las montañas, y los daños que provocan la sequía y la salinización de los suelos.

Al definir estos tres grandes retos (uno social y dos naturales), Fidel trazaba las pautas para el desarrollo de la más oriental y serrana provincia cubana; una meta solo posible con la introducción y aplicación de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Y es que, precisamente junto a la Comunicación Social y la Informatización de la sociedad, constituye la integración y uso de la Ciencia y la Innovación, pilar de la gestión de Gobierno en Cuba, una apuesta por la solución de múltiples problemas, avanzar hacia un desarrollo económico y social sostenible de los municipios y la provincia, y por consiguiente elevar la calidad de vida de la población.

A pesar de las limitaciones de recursos, carencia de combustible y la casi imposibilidad de acceder a tecnologías de punta, el país sigue, en su Programa de Desarrollo Económico y Social, incentivando el tránsito a la autonomía de los municipios, y que estos logren, paulatinamente, tener superávit, a partir de sus potencialidades.

En este empeño resulta vital que en los territorios se trabaje de forma prioritaria en proyectos sociales, científicos y de innovación, que tributen a elevar la producción de alimentos y los productos locales de manera tal que contribuyan a reforzar la canasta básica, así como en el programa para el cambio paulatino de la matriz energética, y en reducir el déficit presupuestario.

En la actualidad todos los municipios guantanameros cuentan con una cartera de proyectos de Desarrollo Local, de Colaboración Internacional y de Ciencia, Tecnología e Innovación, los que deben aparecer, incluidos en los planes de la economía y en sintonía con las estrategias de desarrollo territoriales.

Proyectos que van desde la creación de minindustrias para el procesamiento de frutas y vegetales que muchas veces se pierden en los campos; otros dirigidos a potenciar el desarrollo cooperativo forestal; y la electrificación con paneles solares de viviendas y entidades en zonas rurales.

También existen proyectos para potenciar la alimentación escolar y de personas vulnerables; inherentes a los centros para el desarrollo ovino-caprino, la producción intensiva de arroz, café, plátanos, leche y carnes; la resilencia sanitaria y la reducción de riesgos de desastres, entre otros.

Sin embargo, al revisar el estado actual de estos proyectos nos encontramos una realidad: muchos están en la etapa inicial de su ejecución, otros esperan porque se realicen las inversiones necesarias, y muchos no pasan de ser solo un propósito.

Entonces se impone como pregunta ¿por qué, a pesar de dificultades y limitaciones, no se presta en los territorios mayor prioridad a los proyectos que propulsan al desarrollo y la calidad de vida de la población, para que estos comiencen a dar los resultados que de ellos se espera.

Para una provincia como Guantánamo, signada por adversidades climatológicas, y singulares contrastes medioambientales la introducción de la ciencia, tecnología e innovación no es una opción más, y sí un imperativo.

Si aspiramos a una verdadera autonomía municipal y el logro de un desarrollo territorial sostenible, a partir de las potencialidades de cada región, no podemos darnos el lujo de engavetar el futuro.

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