La contingencia energética provocada por la política hostil de los Estados Unidos contra Cuba impactó todas las esferas de la provincia de Guantánamo. Nos obligó a reinventarnos, incluso, en las maneras de aprender. En lugar de pizarras y aulas convencionales, ahora miles de estudiantes continúan su docencia en instituciones donde la teoría y la práctica se mezclan.

Es el caso de los educandos de las Ciencias Médicas han sido los policlínicos, centros de Salud y las comunidades el mejor lugar donde aprender y amar su futura profesión con pasos, preguntas y cercanía.

La nueva realidad ha modificado la rutina académica, pero lejos de detener la formación, la ha empujado hacia el corazón mismo del sistema de Salud: la gente. Allí donde los saberes de los libros se vuelven pulso, mirada, presión arterial.

Historias con Salud

practica docLas instituciones de salud son en la semana las aulas de aprendizaje, aunque también acuden a la universidad.En el Policlínico 4 de Agosto, el movimiento es constante. Jóvenes con batas nuevas se desplazan entre consultas, registros y visitas. No simulan ser médicos: comienzan a serlo.

“Estoy en el policlínico desde que empezó el segundo semestre, estudiamos aquí y trabajamos en los consultorios, ayudando a los médicos e interactuando con la comunidad”, cuenta Maricely Riveados Herrera, estudiante de primer año de Medicina.

Su voz arrastra el cansancio de las jornadas largas, pero también una energía admirable. La experiencia no ocurre en condiciones ideales. Su consultorio está ubicado en una zona compleja: Los Cocos de Confluentes.

“Es una población un poco difícil… hay bajo nivel educacional, bastantes riesgos en adolescentes con familias disfuncionales, hay problemas de higiene y hacinamiento en muchas viviendas”, describe.

El diagnóstico no está en un libro. Está en las calles que recorre.

Cada jornada se convierte en una cartografía humana: casas que cambian de habitantes, familias que crecen o se fragmentan, pacientes que aparecen o desaparecen.

“Estamos haciendo dispensarización porque todo el tiempo se renuevan las personas en las casas… hay personas que se mudan, otras que fallecen, y encontramos lo mismo casas vacías hace meses que otras muy llenas, parece imposible que existan algunos hogares así”, explica.

Aprender, en este contexto, significa adaptarse. Los estudiantes no solo observan. Intervienen. Preguntan. Aconsejan…

“Tenemos conversaciones con la población, interactuamos casi todos los días… los días que no tenemos universidad estamos en el consultorio”, afirma Maricely.

En ese contacto directo, el conocimiento adquiere otro peso. La presión arterial deja de ser un número abstracto. La fiebre tiene rostro. El riesgo se vuelve historia personal.

“Muchos nos llaman y nos dicen: doctora, me siento así… y nosotros tramitamos su información hacia la doctora del consultorio para resolver sus necesidades”, relata.

La palabra “doctora” aparece antes del título oficial. Y eso emociona y compromete.

“Me siento bastante útil… es una población que ya me conoce, que me saluda, que me dice médico y uno se lo cree”, confiesa con una mezcla de sorpresa y satisfacción.

La utilidad, en tiempos de crisis, es una forma de aprendizaje. Las guardias médicas, por su parte, funcionan como estaciones de entrenamiento intensivo.

3prLos jóvenes aseguran sentirse más útiles cada vez que están en los consultorios médicos.“Tenemos habilidades que dominar como tomar la presión, la temperatura, medir talla, peso, frecuencia cardiaca, poner inyecciones… también la ética médica la aplicamos todo el tiempo”, enumera. No es solo técnica. Es carácter.

En el municipio de Manuel Tames, la escena se repite con otros rostros. En el Policlínico de Jamaica, estudiantes de Enfermería convierten cada turno en una clase viva.

Allí, bajo la guía de profesionales experimentados, el aprendizaje se teje entre la urgencia y la vocación.

“Nos llamó mucho la atención que no todos viven en la cabecera municipal y aun así, desde temprano, estaban listos para asumir los nuevos retos del día”, agrega Pérez Escosia.

La distancia no detiene la voluntad. Desde comunidades como Casimba Arriba, Honduras o San Vicente, los estudiantes se trasladan para cumplir con su formación. El sacrificio se vuelve parte del currículo invisible.

En otro punto de la provincia, Amalia Dailet Muñoz Palacios coordina el trabajo en el Policlínico Centro.

Su rol combina organización, liderazgo y acompañamiento.

“El trabajo que estoy haciendo es apoyar a los profesores y ver si los estudiantes están cumpliendo sus actividades y asistiendo a sus áreas de salud”, explica.

“La estructura no se improvisa. Se sostiene. Mi experiencia es muy buena… estoy rodeada de profesionales muy capacitados que me apoyan mucho”, asegura. La red de aprendizaje se extiende y en cada nodo, hay una certeza: el conocimiento crece cuando se comparte.

El impulso de la FEU

2prEl contacto con la población es vital para aplicar los conocimientos en la praxis.Desde la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), la visión adquiere dimensión estratégica.

Su presidente, Silvio Eneider Cuevas de la Cruz, explica el contexto de esta reorganización.

“El Ministerio de Salud Pública, junto con el de Educación Superior, descentralizó a los estudiantes hacia los municipios… allí están recibiendo conferencias y aportando a indicadores de salud”, señala.

La formación no se detuvo. Se redistribuyó.

Uno de los ejes fundamentales es el Programa de Atención Materno Infantil.

“Cada estudiante atiende una materna y un lactante, los visitan y les dan seguimiento”, precisa Cuevas de la Cruz.

La responsabilidad llega temprano, pero también la conciencia.

“Ha sido magnífico porque podemos aplicar los conocimientos teóricos a la práctica y ver de cerca esos procederes. La distancia entre aula y paciente se acorta.

“Incluso en zonas de difícil acceso, la participación se mantiene. Hay estudiantes que no se han incorporado al policlínico, pero sí a consultorios en sus comunidades Nadie queda fuera del proceso”, explica.

La flexibilidad se convierte en herramienta pedagógica. En medio de este escenario, surgió, además, una iniciativa que resume el espíritu del momento: La Brigada “13 de Marzo”.

Un contingente formado por estudiantes de Medicina, Estomatología, Enfermería y Tecnologías de la Salud. Misión: reforzar la atención materno-infantil en la provincia.

“Lo hacemos por amor… por cada niño, cada gestante, cada adolescente”, expresa Cuevas de la Cruz.

Y uno se percata que no es una consigna vacía. Es una declaración de principios. “En tiempos difíciles, los jóvenes tenemos que jugar un papel esencial y dar el paso adelante. La brigada no solo ofrece atención médica. También promueve salud, educa, visita hogares. Dialoga con familias. Lleva información y, a veces, esperanza”, añade.

En hospitales pediátricos y salas de maternidad, su presencia se multiplica. La prevención se convierte en escudo. El conocimiento en salud, en semilla.

“Queremos contribuir a que los indicadores mejoren y traer conciencia a la población”, subraya.

De esa forma, gracias a estos jóvenes el aprendizaje especializado, entonces, deja de ser individual. Se vuelve colectivo. Cada estudiante es, a la vez, aprendiz y actor social, pues las consultas son lecciones compartidas y la comunidad, un libro abierto para aplicarlas en contexto.

En Guantánamo, la contingencia energética apagó luces, pero encendió otra forma de enseñar. Una que no depende de electricidad. Una que se alimenta del contacto humano. En ese escenario, los estudiantes no esperan el futuro.

Lo construyen, paso a paso, casa por casa, paciente por paciente. Aprenden haciendo. Y en ese hacer, también transforman, labrándose su propio camino al andar.

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