Río Seco es una comunidad del litoral maisiense habitada por unas decenas de familias, en su mayoría dedicadas a la pesca, la silvicultura o la producción de carbón, actividad esta última donde sobresale por su maestría Michael Columbié Sánchez, jefe de la brigada de carboneros de la localidad y destacado montador de hornos.
Con este curtido trabajador de 57 años dialogamos sobre algunos de los secretos de hacer carbón y las complejidades de las numerosas tareas requeridas para obtener el combustible, que van desde la preparación del terreno donde se montará el horno hasta el traslado de la producción a la nave de beneficio.
- ¿Michael, dicen que es duro de verdad hacer un horno?
Michael deja listo para darle candela a su cuarto horno del año.-Montar un horno es una tarea ardua, todas las actividades que lleva, que son alrededor de diez, exigen un gran esfuerzo físico y mucha voluntad para no abandonar la tarea. Lo primero es seleccionar y limpiar el área donde se levantará el horno (que debe ser plana y haber tierra y hojarascas para taparlo), después picar y acopiar la madera, trasladarla al hombro hasta el sitio donde se construirá, hacerla trozos a la medida deseada, acomodarla palo a palo en forma de pirámide, como una verdadera obra de arte.
“Acto seguido se tapa con hojas, sargazo, junco u otra masa vegetal; se cubre con tierra, se le da candela (en mi caso lo hago mediante un palo que sobresale en la cima del horno) y después se vigila de cuatro a cinco días con sus noches, en dependencia del tamaño del horno.
“Pasado ese tiempo se tumba el horno y se apaga (aquí lo hacemos con tierra ante la limitación de agua). No obstante, siempre yo tengo un poquito de agua por si es necesario apagar un tizo que se quedó prendido. Después se espera un tiempo prudencial para que el carbón se enfríe y finalmente se envasa y traslada a cuestas hasta la nave, donde se selecciona. Como ves en el montaje de un horno todas las tareas son muy duras, pues todo es manual y requiere de gasto físico y mucho sacrificio”.
-Me decías que primero limpias el sitio donde montarás el horno, ¿Por qué?
-Ello se hace para evitar que la candela se propague y se extienda al bosque. Es una exigencia del oficio y del Cuerpo de Guardabosques, una medida de seguridad para proteger la floresta y al propio horno para que no se queme.
-¿Cuántos días, como promedio, demora hacer un horno?
-De 12 a 14 días, 15 cuando más. Eso sí, trabajando fuerte pues si no pudiera extenderse hasta un mes o más.
“Ese que usted ve ahí (señala al frente donde tiene uno a punto de quema) es un horno chiquito y debe darnos alrededor de 500 kilogramos, o lo que es igual, entre 25 y 28 sacos”.
-¿Qué tiempo demora en quemar?
-Ese, que es pequeño, tres días. Uno grande entre cinco y seis días. También influye si está hecho de madera gorda, pues entonces tarda más. Por ejemplo, en La Mesa hacemos hornos más grandes pues allí abunda la uvilla, una madera dura y de buen tamaño, que se regenera por sí sola y no es necesario plantarla. Me gusta trabajar allí pues los hornos rinden más y es mayor el pago a los carboneros.
“El rendimiento depende también de si la madera está verde o seca. Si está seca el horno rinde más pues al no tener humedad la merma es menor. Cuando la madera es verde el proceso es al contrario. Con madera seca estimo que el horno rinde entre el 60 y el 65 por ciento de carbón, y con verde alrededor del 50 por ciento. Por eso nosotros trabajamos casi siempre con leña seca”.
-Veo que su horno está conformado por una amplia variedad de madera.
La rala vegetación de la franja costera Sur exige mayor esfuerzo de los carboneros de Río Seco.-Sí, guayacán blanco, lirio, carbonero, cuaba, barre horno…, provenientes de la que se seca en el bosque o del raleo. Todas son especies duras, ideales para hacer carbón de calidad con destino a la exportación.
-¿Qué es el raleo?
-Es el tratamiento que se le da al bosque para liberarlo de la madera mala, la seca y así protegerlo en su desarrollo. Primero raleamos, luego acordonamos y después realizamos la plantación de posturas para que siga el proceso de rehabilitación del bosque.
-¿Cuándo un carbón es de calidad exportable?
-Cuando cumple los parámetros de tamaño y consistencia (peso), es decir cuando su llama tiene alto poder calórico y no se gasta rápido.
-¿Ese que está ahí es tu primer horno en el año?
- Ni pensarlo, es el cuatro. Está listo para ser tapado y darle candela.
-¿Cuándo sería eso?
- Ya mañana mismo por la tarde.
-¿De las actividades que lleva hacer carbón, cuál es la más difícil para ti?
La brigada de carboneros de Río Seco tiene en Michael a su jefe y a un trabajador más.-La de cuidar el horno para que no se prenda y se pierda. Ello conlleva pasar varias malanoches, tres o cuatro durmiendo en el monte al lado del horno. Si uno se queda dormido y se produce una candela en el horno, éste se pierde como también el esfuerzo de varios días de trabajo intenso. Las restantes tareas también son bien difíciles, pero ninguna como cuidar el horno.
“Para vigilarlo montamos cerca del horno una especie de casita de campaña y le ponemos un toldo de nylon como piso. Más bien la casita es para protegerse de la luna y el rocío, no para dormir, porque si pegamos un ojo el horno puede quemarse e irse a pique todo el trabajo previo”.
-¿Cada qué tiempo se despierta?
-Es que hay que estar despierto toda la noche. Un pestañazo puede decidir la supervivencia del horno.
-¿Nadie lo ayuda con tantas y tan difíciles tareas para hacer carbón?
-Sí, mi mujer viene y me ayuda. Se llama Subeida Matos Samón y es la custodio de la nave donde se beneficia y almacena el carbón, que está allí abajo -señala a nuestras espaldas-. Otra ayuda valiosa de ella es garantizar el café y la merienda.
-¿Genera dinero hacer carbón?
-Hemos ido mejorando en el precio al productor, pues ahora se nos paga a 25 pesos el kilogramo y cada saco lleva 25 kilogramos. Y si este hornito rinde 500 kilogramos entonces debo recibir 12 mil 500 pesos. De este hornito es bien posible hacer dos al mes, entonces ingresaría 25 mil pesos en 30 días, que no está mal, sobre todo en lugares como este en que escasea el empleo.
-¿El estímulo es solo el dinero?
-No, además del pago de la producción por cada tonelada de carbón nos venden un módulo con alimentos, que contiene arroz, azúcar, aceite, frijol, espagueti y a veces una lata de carne. Yo he cogido tres módulos este año, y ya tengo parte de la madera picada para el próximo horno, con el que completaré otra tonelada y tendré derecho a un cuarto módulo de comida.
Epílogo
Zigzagueando por un estrecho sendero descendimos del sitio donde Michael tiene montado el horno, en un paraje en que la rala y ruda vegetación del semidesierto cubano siempre deja en la ropa o la piel la huella de plantas espinosas como maguey, cactus, espejuela de rey, zarza y la cariñosa. ¡Y qué manera de ser cariñosa!




