Con el recrudecimiento del bloqueo económico y financiero del gobierno de los Estados Unidos a Cuba y el delirante empeño de la administración Trump por asfixiarnos, con la no entrada de combustible al país, 2026 se vive como el año más difícil de la Revolución Cubana en sus 67 años de existencia.
Con el recrudecimiento del bloqueo económico y financiero del gobierno de los Estados Unidos a Cuba y el delirante empeño de la administración Trump por asfixiarnos, con la no entrada de combustible al país, 2026 se vive como el año más difícil de la Revolución Cubana en sus 67 años de existencia.
Y por el azar concurrente que tiene la historia el crudo período al que nos enfrentamos coincide en tiempo, con el año que conmemoramos el centenario del natalicio del Comandante en jefe Fidel Castro, líder histórico de la Revolución Cubana.
Dentro y fuera de la Isla son archiconocidas las carencias que a diario siente y padece el pueblo cubano, como castigo imperial por su único pecado de no plegarse a un amo, defender su soberanía nacional y forjar su propio proyecto social, teniendo como pilar el precepto martiano de “Con Todos y para el Bien de Todos”.
No escapa a los tentáculos del bloqueo ningún sector de la sociedad ahí están los prolongados apagones y las limitaciones con los alimentos, el transporte, los medicamentos y otras necesidades básicas de la población.
La alta dirección del país; las autoridades provinciales, los ministerios y organismos no descansan en explicar las medidas para enfrentar la guerra que se nos hace y el bloqueo a la entrada de combustible al país. Son muchos los retos y desafíos, en tiempos de definiciones.
Durante décadas nuestra nación ha enfrentado grandes contingencias, marcadas por agresiones y la política hostil del vecino del “Norte revuelto y brutal”.
Quienes vivimos los inicios de los 90 del pasado siglo y la desaparición de la URSS y el campo socialista, conocemos como el pueblo enfrentó el denominado “Período Especial”.
La Cuba y los cubanos de hoy, enfrentamos un momento, un escenario mucho más complejo que entonces, signado por tres aspectos que ponen, tanto a la dirección del país, como a cada uno de nosotros, la varilla más alta, en el reto y empeño de seguir construyendo nuestro destino.
Primero el recrudecimiento del bloqueo económico-financiero, apuntalado con la inclusión de Cuba en una espuria lista de países patrocinadores del terrorismo, y con las medidas que casi a diario contra la Isla y su gente, aplican los Donald Trump, Marco Rubio y su comparsa neofascista.
Muy interrelacionada con la guerra económica está ahora la existencia de internet y las redes sociales, dominadas por los círculos del poder imperial, con una ofensiva mediática contra nuestro país, junto al bombardeo, por diferentes vías, de patrones de un, cada vez más creciente, colonialismo cultural que incide con énfasis en la población más joven de Cuba.
Y a todo esto, sumemos que físicamente no está Fidel y su extraordinaria clarividencia para afrontar y explicar, en su vínculo con las masas, los muchos demonios a que nos enfrentamos.
Por eso son tiempos de definiciones, de, aunque parezca retórico apretarnos el cinturón y en lo individual cumplir las medidas para enfrentar esta guerra que se nos hace y otras que podrán venir.
Toca ser creativos y multiplicar la difusión de nuestros mejores valores patrios, lo mejor de nuestra cultura e identidad.
En el año de su centenario Fidel y su legado están en cada uno nosotros, quienes no renunciaremos nunca a los principios que nos hicieron llegar hasta aquí.




