geerge perez

George Pérez pertenece, y no solo por cuestiones meramente temporales, a la generación de Flavio Garciandía, Zaida del Río, Roberto Fabelo y como en ellos, en sus 1.77 metros de estatura conviven el genio artístico y la responsabilidad social.

Con sus dibujos de manchas y blancos rutilantes, como si algo quisieran decir porque algo dicen, ha llegado a dominar una técnica que lo hace único dentro del panorama pictórico provincial, con obras que se exhiben en galerías, instituciones, paredes del entorno público.

Él, tan dado a los pocos colores, en algún momento cercano a su cumpleaños sesenta y dos se abrazó a la policromía y con la exposición 2012, expuso trabajos, uno por cada mes, hasta diciembre de aquel año, como Mulata, Vitrales y Sombrilla de Placer, donde color y línea se fundían, color vivo, línea continua y firme.

Pero es mucho más. Quien lo ve, sin conocerlo, recorriendo las calles de su natal Guantánamo podría pensarlo absorto, cuando en realidad son sus ojos abiertos los que repasan cada esquina, cada cartel, cada todo.

Si fuera posible más allá del recurso poético, George sería capaz de respirar por su ciudad. En vez de eso, crea.

Su pasión primera, el diseño, la puso desde sus inicios en función de Guantánamo.
Desde 1975, hasta hace muy poco, los machones del periódico provincial –que inicialmente tenía un cañón en la V de Venceremos- llevaron su firma.

A finales de esa década, su pasión por la pelota y el deporte se coló en su mesa de diseño. “Hice muchos uniformes para los peloteros de Guantánamo, cuando las provincias empezaron a tener sus equipos, en aquel momento en tres colores, azul royal, amarillo cromo y blanco”.

Pero también vistieron sus diseños los atletas de fútbol, ciclismo… “logos incluidos cuando surgió la liga selectiva, cuando se unían los mejores peloteros de las diferentes zonas del país. Yo diseñé los primeros uniformes de los Serranos. Eran equipos tremendos. Agustín Lescaille, Orestes Kindelán, Antonio Pacheco, ganaron campeonatos con mis trajes. Entonces sí había pelota y cuando se jugaba en el Van Troi, se paralizaba la provincia”.

El año 1985 fue, dice, uno de los grandes. “Guantánamo mereció la sede del 26 de Julio, creé el logo de la emisora CMKS y gané, por primera vez, el cartel del Carnaval. Dos años después, fui de los primeros trabajadores del telecentro Solvisión, como diseñador gráfico.

“Cuando se creó la televisión, su director Germán Núñez sabía que diseñaba y me llamó junto a un grupo de personas que nos fuimos a formar a La Habana. Entonces todo se hacía con ingenio, manualmente, con papel, con cartulina, nada de técnicas modernas…”.

A George se le debe, en principio, el nombre de Solvisión. “Siempre, me explica, he pensado que el símbolo natural de Guantánamo es el sol, somos la provincia que primero lo recibe en los amaneceres, donde la radiación es más fuerte, y lo propuse. Sonaba bien y así quedó y, por supuesto, también le hice su diseño gráfico”.

Su memoria es un fardo cargado de sueños y aportes, y sus granos de arena desandan muchas playas, iniciativas que llegaron a ser o nunca fueron. “Y eso –recalca- ha hecho que mi opinión se tenga en cuenta, sin importar si es o no definitiva”.

La ciudad, me confiesa, todavía lo desvela. En los noventa, con la creación del Grupo para el Desarrollo Integral de la Ciudad, sintió que su esfuerzo encontraba un cauce y más de un consorte en el empeño por el cuidado de la urbe.

“El grupo ha significado un sitio donde es posible compartir visiones, anhelos, opiniones sobre enfoques de trabajo, hechos… A través de él se hicieron muchas cosas, le debemos la selección del símbolo de la ciudad, cuando ya ésta llegaba a su mayoría de edad, le debemos coherencia en los proyectos municipales, a pesar de que nunca se ha entendido su verdadera misión dentro de las transformaciones de su entorno”.

Todo le preocupa de la comarca que alguna vez anduvieron los Salcines, los Boti, los Pubillones. “Hoy, lo que más me aterra es el desconocimiento del guantanamero de su ciudad, desde que le confirieron el título de Villa. Yo creo que si conociéramos mejor nuestro pasado, estaríamos en mejores condiciones de afrontar nuestro presente y proyectar nuestro futuro. Y no sólo hablo de la historia más antigua, también de la que dejamos atrás hace solo unos años”.

Con la historia camina, sigue creando. Sus trazos, de nuevo, inundan las calles. “Me llamaron para hacer un logo para todo el sistema publicitario de la celebración por el Aniversario 145 del otorgamiento del título de Villa. En el logo, recojo tres elementos que simbolizan nuestra ciudad: la plaza del mercado, la concha del parque y la Fama”.

Siempre La Fama. Me hace la historia, me dice que fue Rafael González a principios de los setenta el primero que manejó la estatua de O. Chini como un referente cultural, hasta que llega a la pequeña estatua que atesora en la sala de su casa, al lado del Guamo que le otorgó la Uneac.

En la noche que la recibió, al lado de Angelina Quert, acuñó estas palabras que, lo saben quienes lo conocen, son su sino: “Cada hombre y mujer trae en sí el deber de añadir, de domar y de revelar. La cultura es aquello que hace que la vida valga la pena ser vivida (…) Gracias a este pueblo porque el arraigo de Angelina y mío es enorme. Gracias, una vez más, a Guantánamo”.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Guantánamo en el Lente

Fotogalería: Imprescindibles damas del campo

mujeres campesinas9 mujeres campesinas4mujeres campesinas8

Las mujeres cubanas constituyen fuente de inspiración y pilar importante en todas las ramas de la sociedad, independientemente del lugar donde realizan sus siempre valiosas tareas, con demostrada sabiduría, responsabilidad, ternura y el amor que imprimen a cuantas acciones emprenden.

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar