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Yaíma Orozco tan solo se dejó llevar por sus deseos, por las creaciones que salen de sí en formas de canción, y ese modo especial de vivir que implica ser trovador.

Lo supe desde que comenzó la entrevista, y con su manera diáfana, casi familiar, contó a Venceremos sobre su trayectoria artística, que merece ya un lugar en el panorama trovadoresco del archipiélago.

Quizás sin pensarlo, sin la magnitud exacta del camino escogido, seducida apenas por la irremediable bohemia del Mejunje santaclareño y la energía de la Trovuntivitis, subió a los escenarios desde finales de 2004 para interpretar a Cuba en melodías y versos, que es lo mismo que cantar al amor, la sociedad, la belleza.

 

Desde entonces, ha recorrido ciudades del mundo dibujando notas a base de guitarra y los colores de su voz.

 

“Cada lugar es distinto y especial –dice- no se sabe qué puede suceder, y uno tiene el compromiso y la responsabilidad de representar un país, a la patria que amo y en la que soy feliz.

 

Cuando canto fuera de Cuba, y quizás por lo aprendido durante la carrera de Educación Musical; el concierto se convierte a veces en una clase, en relatar pasajes históricos, contar nuestra realidad desde otra perspectiva, tal vez más fresca o como una fotografía llena de matices a la que el público extranjero siempre está bien atento.”

 

Por eso, y por la sencillez que en ella se percibe, no es de extrañar que prefiera la trova, que supone casi siempre una canción desnuda, sin maquillajes, “reflejo de la vida, cercana al público”.

 

Hablar con esta intérprete es más o menos eso, un diálogo sencillo que por momentos suscita algunas lágrimas, cuando sale a relucir una canción como Desde Mi; y por otros, los más, despierta en la memoria los buenos momentos y los versos salidos de ellos.

 

Además –explica- “en todas las provincias del país se puede hablar con los mismos códigos, compartir temas musicales propios y de otros e ir a festivales, que son los espacios de reunión preferidos por los trovadores, sin salones de protocolos pero con mucho de debate, guitarras y barras”.

 

Partícipe de proyectos como Raspadura de Ajonjolí (2008), auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz y grabado en la casa productora Egrem; y Todos para Uno, que recibiera la nominación al Cubadisco 2010; en su discografía personal, realizada de manera independiente, cuentan cuatro fonogramas: Como un color, Como Siento Yo, Gracia y Para revolver.

 

Este último es la propuesta que trae a la 42 Jornada de la Canción Política, grabado a dúo con el también cantautor Miguel de la Rosa, que versiona temas de otros compositores.

 

“La propuesta –describe- surgió a la inversa. No se hicieron canciones para un disco, sino que se hizo el disco con muchas canciones ya montadas.”

 

Es la tercera vez que está en Guantánamo, rodeada de trovadores, amigos todos, y según dice “es tremendamente agradable volver, encontrarnos con quienes no vemos hace algún tiempo, presentarnos y ver cómo reacciona el público.”

 

Con sus cualidades artísticas –a pesar que alguna vez vio frustrados sus sueños de ballet- Yaíma Orozco hubiese podido triunfar en cualquier género musical. Domina tonos graves y agudos, se adueña de un registro vocal amplio y fusiona con singular armonía ritmos tradicionales cubanos, tonadas del folclor sudamericano y algo de pop, acompañadas siempre por letras inteligentes, incluso complejas, pero que sin embargo transpiran pasión.

 

Por eso no tiene miedo a que la trova pueda desaparecer, o dejar de ser escuchada, en una sociedad con marcada tendencia a la comercialización del arte.

 

“Los trovadores –confiesa- también estamos atentos a la evolución de la música y del mundo en general. Hemos madurado, y cada vez son muchos los jóvenes que la cultivan, que crean composiciones sorprendentes y siguen expresando los valores del ser humano en un género que, más allá de la música, es un modo de expresión.”

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