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La «fiebre» se hizo más intensa para todos a principio de los 90, cuando, formando parte como aficionados de agrupaciones humorísticas, descubrieron el enorme placer que se apodera de un artista en el instante en que recibe el aplauso agradecido de su público.

Lo conoció Jorge Luis Vega Paján mientras integró Cortocircuito, como mismo lo saboreó Alexis Ayala Wilson, en el tiempo en que creó Katarsis cuando estudiaba Ingeniería de Equipos y Componentes Electrónicos en el ISPJAM (Instituto Superior Politécnico Julio Antonio Mella), en la ciudad de Santiago de Cuba.

Fue en 1994 cuando llegó el momento de tomar una decisión que marcaría la existencia de Ayala, de vuelta ya a su terruño natal, Guantánamo: aceptar la invitación de fundar Komotú que le hacía Vega, hace poco más de 20 años, entonces conformado por ocho integrantes, hasta que se transformó en popular trinomio perfecto, debido a la presencia de Ayala, su actual director, y de los más «televisivos» Miguel Moreno Rodríguez (Deja que yo te cuente) y Yasnai Ricardo Pérez (Fin de semana).

«La fecha exacta de nuestro nacimiento fue el 17 de septiembre de 1994, cuando nos presentamos ante los estudiantes y profesores de la ESBU Pedro Agustín Pérez, dirigidos por Jorge Luis Vega, una persona muy persistente, con mucha energía y fuerzas para sacar el grupo adelante», reconoce Ayala, en su diálogo con JR.

Así pudo mantenerse Komotú a pesar de los obstáculos normales de los inicios, quizá también porque desde aquella presentación inaugural quedó claro que se trataba de una propuesta artística que «rehuiría el chiste fácil y vulgar, la simple caricatura. Desde el principio quisimos desarrollar un humor más pensado, basado sobre todo en la sátira social y hasta política, aunque sin menospreciar el humor blanco, porque sabemos que igual es importante que la gente se ría por pura diversión», acota Miguel Moreno, quien se unió al año de creado este colectivo que en diciembre de 2014, con motivo de las celebraciones por el vigésimo aniversario, recibió La Fama, emblemático símbolo de la ciudad de Guantánamo.

Decisiva resultó, apunta Ayala, la participación de la tropa guantanamera en el Festival Nacional del Humor Aquelarre, «donde pudimos aquilatar lo que estaban proponiendo las agrupaciones más sobresalientes de entonces, bajo la dirección del Centro Promotor del Humor (CPH). Ya teníamos la idea de que podíamos funcionar, por lo que había ocurrido con anterioridad en Las Tunas, donde se había organizado el pre-Aquelarre... Presentamos obras como Afiches, El panadero no llama dos veces, El noticiero Ansoc... y el público reaccionó espectacularmente. Por primera vez nos percatábamos de hasta dónde podíamos llegar con nuestro trabajo».

Bien recuerda Miguel aquel «festival maratónico, en el que actuaron agrupaciones y actores que hoy son muy reconocidos, como Pagola la Paga, Humoris Causa, Punto y coma, y otros también muy aplaudidos en la actualidad, pero que entonces recién empezaban a tomar fuerza como Cari Care, de Holguín. Y sin embargo, nos fuimos con cuatro premios, de manera que entramos con tan buen pie que el CPH nos abrió aun más las puertas de lo que ya había hecho».

«Sí —insiste Alexis— porque lo cierto es que se nos apoyó sin problemas. Fíjate si fue de ese modo, que cuando Jorge Luis se acercó al Centro, que conducía Osvaldo Doimeadiós —todavía no nos conocían—, de inmediato nos ofrecieron una beca para que un actor pasara un curso de verano en el Instituto Superior de Arte (tuve la suerte de ser el elegido), donde recibiría clases de actuación, voz y dicción, expresión corporal, historia del teatro, acrobacia..., asignaturas que me ayudaron enormemente. Es evidente que Doimeadiós entendió que si alguien desde Guantánamo se preocupaba por superarse, por hacer humor profesional, serio, había que apoyarlo».

La historia es que después del Aquelarre del 96 todo tomó mayor fuerza y superior fue el compromiso de sus integrantes con el proyecto. De hecho Yasnai —que no estuvo entre los testigos de aquellos primeros días de gloria (se incorporó en 1998)— lo refiere al interrogar al trío sobre los momentos determinantes que ha vivido Komotú en estas dos décadas.

«Es que sin dudas marcó el camino, la línea de trabajo que se seguiría en lo adelante: escribir los guiones de nuestros propios sketchs, obras teatrales, monólogos..., en los que explotaríamos no solo esa vis cómica que nos distingue, sino recursos como la ironía, el absurdo, la paradoja, el juego de palabras..., sin descuidar la puesta en escena», enfatiza Yasnai, quien al decir de Alexis, salió de la nada, pero con una gracia contagiosa. «Tanto que cuando la presentamos al Aquelarre de ese mismo año en que la encontramos, se llevó dos de los premios en disputa. Si hasta ese instante hubo alguna duda, enseguida se disipó».

También los marcó el hecho de que poco a poco Komotú se fuera reduciendo hasta quedar como un trío. «Fue muy duro, admite Miguel. Hablamos de amigos que empezamos juntos, que nos formamos pasándola bien difícil, trabajando sin ponernos a pensar en las condiciones u horarios... Fue duro decirles a esos que fundaron el grupo contigo que ya no podían permanecer porque lo que se estaba proyectando con ellos no nos interesaba. Sí, eso resultó bastante fuerte para todos, en el sentido negativo».

De cualquier modo, los tres coinciden en que a pesar de algún que otro momento de baja, lo que más han abundado en estos años han sido las altas, gracias a aplaudidos espectáculos que se han agenciado, además, el reconocimiento de la crítica, al estilo de Adorable mentira, Ahora sí tengo la llave o El muro, pieza con la que todavía andan celebrando su cumpleaños y con la que planean recorrer toda la Isla en este 2015.

Por eso no les resulta demasiado complejo conquistar los más disímiles espacios teatrales del país. Especialmente después de que Komotú llamara poderosamente la atención en ¿Y tú de qué te ríes? «Ocurrió en el 2000 —rememora Alexis— cuando nos presentamos con el sketch titulado Un fraude celestial (conocido por muchos como Los angelitos) y con el monólogo Papeles secundarios, a cargo de Yasnai. Aquel afamado programa de la televisión que inspiró Ulises Toirac nos mostró a Cuba entera.

«Antes no habíamos tenido una oportunidad así a pesar de que habíamos alcanzado no pocos reconocimientos. Ya después Yasnai sería convocada por Julio Pulido para su sabatino Fin de semana, mientras que Miguel se agenciaba más tarde una popularidad mayor con Deja que yo te cuente».

«Lo importante de esas presentaciones en la TV —admite Miguel— es que propiciaron que cambiara definitivamente la manera en que las instituciones y las personas apreciaban nuestro quehacer, en tanto llegaban más propuestas de trabajo, lo cual ha sido posible, sobre todo, gracias al trabajo que hemos realizado con Komotú».

—Todavía suelen presentar con éxito espectáculos que datan de los inicios, como Afiches... ¿Será que la sociedad cubana apenas ha cambiado en estos años?

Alexis: «No es eso. La cuestión es que cuando abordas un tema que es universal, que tiene trascendencia, no pierde su vigencia. Normalmente nos referimos en nuestros espectáculos a problemas que están arraigados en el ser humano, como puede ser el burocratismo, que es un mal mundial. Ah, pero nosotros lo actualizamos, lo ponemos en contexto, y funciona. Son situaciones que al parecer permanecerán mientras haya humanidad, aunque esta evolucione en otros sentidos».

Miguel: «Ello explica que constantemente estudiemos el comportamiento humano, y que concibamos obras alrededor de la eterna justificación ante lo mal hecho, la mentira... Por eso perduran muchas de ellas, aunque también hemos ideado otras que han sido más coyunturales, por encargo, más fugaces».

—¿Me podrían esclarecer: de dónde salió el nombre de Komotú?

Miguel: «Salió de entre los integrantes iniciales del grupo. Cuentan que alguien propuso: "¿por qué no le ponemos 'Como tú', igual que a la perra de un vecino? Así cada vez que alguien pregunte, la respuesta lo deje como loco". A todos les pareció que era gracioso y se quedó, solo decidieron escribirlo como una sola palabra y con k...»

Alexis: «Después, claro, tuvimos que buscarle una "perra justificación" (sonríe), porque no podíamos pararnos a decir la verdad. Por suerte ese Komotú respondía perfectamente a nuestra intención: presentar, representar, el comportamiento de gente como tú: un médico, un auxiliar de limpieza, un periodista, una ama de casa, un director, una maestra... Eso es lo que la gente quiere ver».

—¿Ocurre en otras provincias como en su tierra, donde tienen el privilegio de ser los únicos capaces de llenar el teatro Guaso?

Alexis: «Por lo general sí, a no ser que se haga una promoción inadecuada, la verdad es que la recepción del público en todas las provincias (hemos actuado en los principales teatros del país) ha sido formidable. Hemos conseguido atraerlos con ese humor que hacemos para reírse, alejado de lo grotesco, de lo vulgar, y siempre punzante. Porque nos interesa mover ideas y al mismo tiempo conseguir en nuestros seguidores ese estado de bienestar que provoca la risa».

Miguel: «Cuando concebimos las obras nos proponemos que lleven de una cosa y de la otra, que haya un equilibro. Queremos llegar lo mismo a la gente que no posee un nivel intelectual muy alto; a esas personas que captan todas las sutilezas, que a aquel que goza porque el flaco se mueve asao o porque a la muchacha se le zafó un zapato, por eso hacemos obras como El fraude celestial o El boxeo, que tanto les gusta a los niños por las acciones físicas con que cuenta. Sabemos que es ambicioso de nuestra parte, pero es posible...»

Yasnai: «Realmente nos ha ido bien en toda Cuba, aunque nuestro público, lo decimos donde quiera, es el de Guantánamo. Exigente, pero muy, muy fiel. No nos podemos quejar: somos profetas en nuestra propia tierra».

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