ELIO bailarín

A Elio Oreste Reyna Figueredo lo que le gusta es bailar. Bailar, cuando el resto de los niños querían ser policías, maestros, médicos. Bailar a pesar de su tamaño, a pesar de la reticencia materna, que terminó torciendo su rumbo a la práctica de un deporte de combate.

 

Y como es lo que le gusta hacer, y se lo veía haciendo de mayor cuando no levantaba una cuarta del piso, hoy baila. Baila, además, de forma profesional como miembro de la compañía Danza Libre, la primera de las creadas en esta ciudad y una de las cuatro que conforman, hoy por hoy, el movimiento profesional danzario de la provincia.


Pero para llegar al presente tuvieron que pasar muchas cosas. Empezó de cero, en una compañía folclórica en Manzanillo, Granma, su provincia natal, y a Guantánamo llegó en 2011 para prepararse para las pruebas del Instituto Superior de Arte y más nunca se fue.

 

Aquí, dice, se definió realmente como bailarín de la mano del maestro ya fallecido Alfredo Velázquez. "Fue duro. Yo venía prácticamente de la calle, de una compañía donde lo único que se bailaba era folclor, así que él tuvo que iniciarme en la danza contemporánea.

 

"Iba a las clases y eran fortísimas y luego de ese horario, el maestro se quedaba conmigo y repasábamos cada movimiento. Invirtió su tiempo en mí, y eso me hizo mejor profesional y mejor persona. Además, me inspiró a crear", asegura.

 

Con sus 30 años cumplidos siente que todavía está en formación a pesar de que los escenarios se han enterado ya de su buen arte como danzante, sobre todo, interpretando a los orishas del panteón yoruba, del que prefiere al que abre los caminos, aunque su papel más reconocido ha sido personificando a Shangó.

 

Con la compañía Danza Libre, además, encontró el espacio para estrenarse como coreógrafo con la obra Yemayá lokuolona Okun, que recreaba la relación de la diosa de las aguas salobres con los movimientos del mar, y continuar ese rumbo, al punto de que la última temporada de la compañía tuvo entre sus estrenos a una de sus creaciones, bajo el título Diana tata tandile, inspirada en la historia de Romeo y Julieta.

 

"Guantánamo, repite, ha sido un espacio de creación, de libertad para mí. Empecé a bailar a una edad en la que muchos bailarines llegan a la madurez y mido un metro 70 de estatura, pero he sido capaz de llegarle a los papeles que me han confiado..., y es cierto que he trabajado muy duro por ello, pero también que nada hubiera sido posible sin esta ciudad, sin mis maestros, sin Danza Libre y sin Alfredo".

 

Y ahí llegamos al hoy. "Hoy soy un bailarín, como lo había soñado. Terminé el quinto año de la carrera de Danza en el ISA, en el Curso para Trabajadores, Estar del otro lado del escenario, empero, lo hizo crecer aún más como bailarín y entender el trabajo de coreógrados, directores y reggiseur. "Porque cuando sueñas una obra, es cuando te das cuenta de la importancia de la exactitud de los movimientos que, sobre las tablas, son como las palabras".

 

En la provincia más oriental, también le abrió las puertas la Asociación Hermanos Saíz, a cuyo amparo, como muchos otros jóvenes, encontró un buen puerto para sus proyectos.

"Es, en la práctica, lo que anuncia ser: una casa para los jóvenes creadores, un sitio donde es posible encontrar un espacio para hacer arte. De la institución, recibí todo el apoyo necesario cuando me planteé el proyecto Fusión Cuerpo, que no continué por priorizar otros proyectos.

 

"Pero fue la Asociación, continúa, donde primero se presentó Fusión..., y la que promovió mi primera gira, junto a otros seis bailarines de nivel medio de la Escuela Vocacional de Arte, de Guantánamo y Santiago de Cuba".

 

Bailar, es lo concreto. El presente de su vida y, lo quiere así, de su futuro que sueña formando parte de Danza Libre, a la que se resiste a dejar, sobre todo, porque atraviesa tiempos difíciles, "y no por falta de opciones y propuestas".

 

"Yo quise bailar y bailo. Un día empecé a crear coreografías, y ya las he visto materializadas sobre el escenario. No me arrepiento de nada ni del karate do, cuyos entrenamientos y constancia son tan parecidos a los que sigue un bailarín. Y mi madre., bueno, ella se adaptó a la idea y hoy está orgullosa de mí".

 

Foto: Leonel ESCALONA FURONES


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