jorvis winterWinter asegura que seguirá defendiendo el legado de su abuelo. Foto: Lorenzo Crespo Silveira

Es sangre pero también danzón lo que corre por las venas de Jorvis Winter Vicet. Es perseverancia y fe en mantener vivo un legado de más de 28 años que pasó a sus manos en un santiamén y es responsabilidad sobre todas las cosas.

Para él es eso y mucho más dirigir hoy el Club del Danzón en Guantánamo, compromiso que anteriormente correspondía a su abuelo Jesús Ángel Winter y que se nombraba, en aquella etapa, Alturas de Simpson, en honor a la primera pieza de danzón estrenada por Miguel Faílde el primero de enero de 1879 en el Liceo matancero, y declarada Patrimonio inmaterial de la nación cubana hace más de tres años

Desde muy pequeño, dice, su abuelo le transmitió casi de manera “obligada” la pasión y los deseos por aprender a bailar aquella variación de la contradanza cubana, que era conocida mayormente por “los que peinan canas”; -desde mis primos hasta los niños del barrio éramos “secuestrados” por mi abuelo a ritmo de danzón-.

Poco a poco se fue enamorando de este baile típico, a la vez que ponía en práctica todo lo aprendido representando a la provincia en festivales nacionales e internacionales y llegando a su terruño con las manos llenas de laureles.

Jorvis recuerda su primer baile oficial bajo la supervisión de Jesús Ángel cuando, en el Festival Internacional del Danzón en la provincia de Matanzas, en el 2009, cuando alcanzó junto a su pareja Dailín Altires, el Gran Premio y el Primer Lugar en la competencia de baile.

“Al fallecer mi abuelo y la dirección nacional del Danzón determinar que el club se quedara bajo mi tutela, sentí que se hacía doble mi responsabilidad de llegar a casa con premios en las manos, creo que por una cuestión de que los años de mi abuelos dedicados al club, a mí en particular y a mantener latente la tradición de bailar y tocar danzón en el territorio, no fueran en vano.”

Desde el Gran Premio en el Primer Encuentro Internacional de Danzoneros “Miguel Faílde in memoriam” en Matanzas, hasta recientemente la segunda posición en el Encuentro Nacional de bailadores de danzón realizado en Bayamo como parte de la 22 Fiesta de la Cubanía, demuestran que Jorvis está dispuesto a no dejar que las costumbres danzoneras en Guantánamo mueran, al menos mientras él y su familia, existan.

Y ya no es solo por deber, sino porque le gusta; es por eso que los terceros sábados de cada mes el danzón siempre tiene su espacio en la Casa de la Cultura Rubén López Sabariego; y los primeros domingos la peña comunitaria en su propio hogar en el Consejo Popular Centro Oeste, con la ayuda de los promotores de cultura de esta zona y de la agrupación Rumores del Guaso que siempre los acompaña y apoya.

Pero al joven Winter no solo le basta con ser presidente del Club del Danzón, también lleva la dirección, junto a Yoandra Castro, del grupo de moda guantanamero Estaciones.

A pesar de haberse graduado de técnico medio en construcción civil en el politécnico Julio Antonio Delgado, sabía que su destino estaba en el arte, ya fuera como bailador del danzón, o como modelo, no importaba; en ambos casos, estaba y está haciendo lo que más le gusta.

Dice que el grupo es ya casi una compañía, con modelos, cantantes, bailarines, diseñadores, y que se siente bien llevando adelante todo eso. “A pesar de llevar estas dos grandes responsabilidades, me encanta lo que hago; hay días que confluyen actividades de la peña y de Estaciones, pero más las arreglo para que no dejen de suceder ningunas de las dos…y ambas salen”.

“He tenido varios tropiezos por el hecho de ser joven y al mismo tiempo estar comprometido con estos proyectos culturales, pero esos obstáculos que van apareciendo en la vida te incitan a seguir y no rendirte, a ponerle más tesón y esperanza”.

Ahora, en el caso del danzón, una de las metas de Winter es lograr que a los 70 asociados del Club, mayormente de edad avanzada, se unan niños y jóvenes para de esa forma asegurar el relevo y la continuación de la peña creada por su abuelo y que ahora defiende como suya.

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Esta tarta de piña sin horno es un clásico de los postres sencillos y cómodos porque no hay que ser experto para hacerla. La podemos preparar en formato redondo o en formato rectangular, que también queda muy bonita. Es tan deliciosa como efectiva, con un sentido sabor a piña si usamos la gelatina de este sabor. Una estupenda forma de iniciarse en la repostería y uno de esos postres que gusta a todo el mundo.

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