minina bailarina

…en sus ojos la muchacha que triunfa;

solo tiene sus pies y el amor

que el viento le devuelve…

La llaman Minina y cuando sube a escena uno queda absorto contemplándola por la sensualidad y la energía que imprime a sus interpretaciones. Joven bailarina de la danza contemporánea guantanamera, los ojos color café claro de Inés María Prebal desbordan pasión, a pesar de que cada día en su existencia es un desafío.

Frente a la Casa del Joven Creador, actual sede de la compañía Médula, donde trabaja -espacio que la ha visto despuntar y obtener sus mayores logros (Premio Nacional Ramiro Guerra y Grand Prix Vladimir Malakhov, entre ellos)- la alcanzo para conversar sobre danza. Como hacemos casi todos los días, andamos hasta el bulevar y nos sentamos a la mesa del café…

Desde el poblado de Caimanera, único territorio dentro de Cuba con fronteras, erigido al pie de la bahía, llegas diariamente y te alistas para una intensa jornada… ¿Cuánto debes a tu pueblo natal?

En Caimanera tengo a mi familia, a mi madre, que es un ángel.

Hay allí un lugar especial para la danza: una sala abierta para todo el que quiera bailar. Esta sala pertenece a la Casa de la Cultura. A los diez años fui captada para un grupo de baile y participé en eventos con buenos resultados hasta incorporarme al proyecto Variedance, pensando ya en el futuro que el baile sería mi vida. Por varias generaciones han surgido allí bailarines que luego se han convertido en referentes para el pueblo.

También el encierro, esta sensación crea en el caimanerense ansiedad por expresarse. Es un círculo muy cerrado Caimanera y un pueblo culto que sigue paso a paso la carrera de sus artistas; los apoyan y admiran.

¿Cuándo empiezas profesionalmente en la danza?

El maestro Ladislao Navarro, director de Danza Fragmentada, me vio bailar con Variedance -habíamos sido invitados a una de sus temporadas-; luego participé en uno de sus talleres de verano y me ofreció sumarme a la compañía.

Danza Fragmentada me dio la oportunidad de adentrarme en el movimiento danzario guantanamero y cubano, fui conociendo la dimensión de nuestra danza. Creé lazos muy fuertes de amistad. Vinieron giras nacionales, intercambios con coreógrafos… Fragmentada fue para mí una gran escuela y agradezco a Dios el haber estado allí.

¿Soñaste con Médula?

Todos los pájaros dejan el nido, tienen la necesidad de volar y descubrir lo que hay después del sol. (Dice observándome fijo; lentamente, se acerca la taza a los labios, aspira el olor del café y prueba un sorbo). Por eso decido irme de Fragmentada. Con Médula encontré mi sello; quería ser yo. Necesitaba ampliar mis conocimientos, alimentarme con otra técnica, sentir más rigor. El cuerpo no debe tener límites y hay que abrirse al mundo. Todavía aspiro a convertirme en un ser único, que deje una huella.

Desde que vi Un último momento, soñé trabajar con Yoel González. Dunia Acosta la interpreta junto a él; también ella se convirtió en un modelo a seguir.

Es el rigor que debes tener para ser un «actor danzante», el compromiso, el sentido de pertenencia. Con Médula conocí lo que es estudiar un personaje, tener que prepararte cada día como un deportista de alto rendimiento, lo que significan nueve meses para crear un sueño. Porque hay que crear.

Me gusta que no se rija por ninguna ley y que su propósito sea conquistar. Amo que quiera ser la mejor compañía del mundo, que sea rebelde y natural, que no exista un código marcado.

Técnica y entrenamiento son muy rigurosos. Las coreografías conllevan alto grado de complejidad, absorben el cuerpo y la mente. Tengo fe en que algún día el mundo la tome en serio y dejen de verla como una compañía de locos rebeldes. Que apoyen a los jóvenes que trabajan de verdad y luchan por un sueño.

¿Qué se siente ser la bailarina guantanamera más laureada en los últimos años?

Nada. No, verdaderamente me siento feliz de no haber pasado desapercibida, de que reconozcan que tengo algo especial por lo que no me podrán olvidar. (Baja la cabeza hasta posar la vista en el mantel). Igual siento que no es suficiente, eso me lo dice el tabloncillo cada día. Para conquistar a un público, a un jurado, nunca es suficiente. Los premios son un compromiso, un reto, porque te obligan a no fallar.

Háblame de tus maestros en la danza…

Voy a mencionarte a los que me han dado algo. Por ejemplo, Louris Gámez fue el primero que me montó una obra contemporánea. Pero también María Eufemia de Almas, Yeni Thompson y Yoleisi Rivera, director de Variedance. Pasé tres meses en Danza Libre junto a Alfredo Velázquez, ese grande guantanamero. Y el maestro Ladislao, Maricel Godoy, Delia Olivares, Yoel… Todos ellos me han aportado un arsenal de conocimientos, han sobrellevado el hecho de que soy una bailarina empírica. Agradezco a cada uno su paciencia, el haber puesto su empeño y apostar por mí; haber sido fieles a mí.

¿Algún otro referente danzario que quieras destacar?

He tenido muchos referentes, de acuerdo a la etapa creativa en que me he encontrado. Actualmente, sueño con Sylvie Guillem, la mejor bailarina de los últimos veinte años en el mundo. Ella demuestra que no es imposible inmortalizar un nombre.

¿Te resientes de no ser una bailarina con formación académica?

Hay cosas que se dificultan porque la danza es un proceso que debe empezar temprano. Comencé desde niña, pero no tuve esa formación objetiva e intencionada que te educa el cuerpo y te va creando condiciones.

El bailarín empírico tiene que desdoblarse el triple para alcanzar, en poco tiempo, lo que debió adquirir desde edades tempranas en la escuela, en años de estudio. No obstante, no me siento limitada. Quizás por no ser académica mi cuerpo es libre, no tiene vicios y puede adoptar cualquier forma y estilo.

¿Cómo es un día en la vida de Minina?

A veces doloroso. Caimanera es un municipio alejado, debo madrugar y sortear las vicisitudes del transporte para llegar a mi centro de trabajo, a mi tabloncillo. Mi trabajo es mi vida, la danza, aprender cada día algo nuevo. No tener las condiciones objetivas para hacer lo que se ama resulta incómodo y frustrante. Hablo de un buen espacio, propio, y otras cosas que podrían ser insignificantes para algunos, pero que son imprescindibles para que un bailarín se desarrolle sin tantos contratiempos.

Tengo días difíciles, en que no logro dar lo que se me exige a pesar del esfuerzo.

A veces contemplo los rostros de las personas en el trayecto. Veo que hay gente insatisfecha, que se siente humillada… Eso me deprime porque no puedo evitar el hecho de que me sirvan como instrumento de trabajo. Esos rostros tristes alimentan mi creación porque es lo que reflejo; el dolor, la angustia, los temores… Llevo las imágenes del diario en mi conciencia, y a veces las incorporo a mis personajes. De eso también construyo mi vida.

De tus planes inmediatos, ¿algún evento, gira, concurso…?

Ahora mismo Carmen está en mi cuerpo. Quiero que sea una Carmen que nunca ha existido, que solo existe en mí, e inmortalice mi nombre. Quisiera bailarla hasta en la luna. (Risas). Mi sueño es conquistar. Quiero llevarla a muchos escenarios, a los concursos, eventos, giras que podamos asistir.

¿Qué podremos esperar de Inés María Prebal en el futuro?

Espero seguir respirando. Que surjan nuevos retos, que a través de mí se abran nuevos caminos. Quiero ser un modelo para alguien. Incluso, pienso en ampliar mi espectro artístico, tal vez incursionar en otras artes. Ejercer el magisterio también me interesa, formar generaciones. Seguirán viendo a una bailarina entregada.

Fuente: Sitio web de la AHS

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