profesor educacion fisicaYoandris Pérez de los Ángeles afirma que el impacto de la bomba de aire va más allá de las clases de Educación Física. Foto: Lorenzo Crespo Silveira.

A Yoandris Pérez de los Ángeles, se le podría dar bien aquello de “vivir del invento”, y no por andar cazando lo que aparezca, sino por su capacidad de darle uso a su imaginación para solucionar los problemas de su entorno.

Este joven profesor de Educación Física, de 35 años, del centro mixto Manuel Sánchez, en el municipio Manuel Tames, aparte de intentar siempre dar lo mejor en sus clases, gusta de “echar a andar las neuronas” en beneficio de los demás, tal como lo avala su pertenencia hace tres años a la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR).

Casi bajo la sombra del central Argeo Martínez, donde los olores vecinos del azúcar se hacen más fuertes, conversamos con él para descubrir “los ingredientes” que conforman su bomba plástica para inflar balones, ingenio que obtuvo el primer lugar en el concurso de clases de los profesores de Educación Física municipal y provincial en la categoría de medios de enseñanza.

¿Cómo y por qué surge la idea?

Partiendo de la necesidad real que teníamos en la escuela de que los pocos balones sanos con que contábamos, algunos ya rellenos con poliespuma, tuvieran suficiente aire como para poder impartir con calidad las clases de fútbol, baloncesto y voleibol principalmente, me di a la tarea de confeccionar una bomba de aire con componentes reciclables, con la ayuda del profesor de computación Anniel Pons Torres.

La iniciativa, pensada originalmente para las bicicletas, me llegó como propuesta de parte de un profesor durante mi cuarto año de la licenciatura de Cultura Física, a raíz de su interés en terminar y mejorar la idea que los metodólogos de deporte en el municipio tenían conciba desde hace tiempo, la que tenía como inconveniente que la zapatilla era de madera y se partía.

¿Cuáles son los “ingredientes” de la bomba?

La bomba se arma con un tubo plástico, que en su interior tiene una zapatilla de goma que cuando se aprieta se expande, dos tapas de champú en ambos extremos para que al chocar el pasador la goma no se salga, una barrilla de acero, tornillos de 6x1 y 8x1 y una válvula de goma de bicicleta con un pedazo de manguera de acetileno para ajustarla.

La vocación de innovar, de crear, ¿dónde nace?

Trabajé durante quince años como tornero en el taller de maquinados del central y allí hay que innovar todo el tiempo para poder hacer la zafra. La experiencia adquirida en ese tiempo me ayudó bastante para aplicarlo luego a ese invento, sobre todo porque anteriormente ya había hecho otras bombas para bicicletas, pero de cobre.

De tornero a profesor de Educación Física hay buen trecho.

Eso es claro –se ríe- pero así de grande es la Revolución, que me permitió pasar el curso de superación mientras trabajaba en el central, y cogí la carrera de Cultura Física, de la cual llevo graduado no más de un año.

Volviendo a la bomba, ¿cuál crees que sea su trascendencia?

Sin lugar a dudas su principal aporte es que su simpleza es inversamente proporcional a su utilidad, aún y cuando el tema de la cantidad de pelotas también es un problema latente.

Lo digo porque en conversaciones con un profesor y compañero mío, descubrí que una bomba de este tipo puede llegar a costar en el mercado internacional, principalmente en Estados Unidos, de 80 a 90 dólares por unidad (hasta más de 200 dólares), y por lo general se rompen muy fáciles.

Entonces, cuánto no le ahorraríamos al país por concepto de importaciones de estos implementos si se aplicara su confección en todas las escuelas, que por demás su impacto va más allá de las escuelas y combinados deportivos, porque también se puede usar en la vida práctica.

¿Qué otros ingenios guardas para el futuro?

Las ideas surgirán a raíz de otras necesidades, de momento, dar mis clases de Educación Física con la calidad que mis estudiantes se merecen.

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