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Rolando Cervera Rigual, más conocido como Gallo, es uno de los activistas más destacados de Guantánamo. Su labor va más allá de su profesión como profesor de Educación Física, y se extiende con reconocidos resultados a la cultura y al ámbito social...


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Rolando Cervera Rigual, más conocido como Gallo, es uno de los activistas más destacados de Guantánamo. Su labor va más allá de su profesión como profesor de Educación Física, y se extiende con reconocidos resultados a la cultura y al ámbito social...

-¿Sabe por aquí dónde vive Rolando Cervera Rigual? -pregunté apenas crucé la avenida Camilo Cienfuegos por la calle Pedro A. Pérez.

-¿Rolando qué? -me inquirió con cara de duda un vecino apostado en su portal muy cerca del 1 Sur.

-Rolando compay, le dicen Gallo -agregué.

-Pero hubiera empezado por ahí, como Gallo si todo el mundo lo conoce. Mire, el vive allá entre 2 y 3, casi a mediación de cuadra en aquella casa de dos plantas -me indicó señalando con exactitud el hogar de quien yo buscaba.

Así pude encontrar sin pérdida la morada de Gallo, que ya me aguardaba con la puerta abierta, sentado en un balance de la sala y leyendo un periódico mientras "mataba" el tiempo de espera.

Tras el recibimiento, apenas movió unos muebles para ponernos más cómodos bajo un foco de luz, y ahí mismo sin esperar preguntas comenzó a dar muestras de sus grandes dotes de comunicador.

"Oiga, le confieso, haber recibido La Fama es uno de los estímulos más hermosos que me han dado por mi labor de amor y cariño como activista.

"Recuerdo que fue en 2007 y me puse tan alegre que no sabría cómo expresarlo en palabras. Imagina, ese premio se lo dieron también a Fidel Castro y solo por eso todos los que la obtuvimos después debemos estar muy orgullosos. Desde ese año, mi trabajo me impele a demostrar que merecía esa estatuilla", confiesa mientras muestra el lugar de la casa donde la guarda como trofeo especial, como a una "niña linda", en medio de otros reconocimientos que atestiguan sus resultados como profesor de Educación Física y activista deportivo, social y cultural.

Rompiendo el cascarón

Nacido en 1953, afirma Gallo que toda una vida le gustó el deporte.

"Yo de niño jugaba siempre como receptor de béisbol en el plan de la calle que se hacía en el Palacio de Pioneros, ubicado en aquellos tiempos frente a la hoy heladería Coopelia. En algún momento me comencé a destacar y me captaron para la entonces Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) de la provincia Holguín, que era la regional para las edades de 13 y 14 años.

"En la EIDE me destaqué y pude llegar a los Juegos Escolares Nacionales. Recuerdo que con Mineros pude un año batear para 500, con 20 hits en 40 veces al bate. De ahí ante la carencia de profesores de Educación Física decidí incorporarme a un curso de habilitación que dieron en un centro ubicado en Cabañas, Niceto Pérez. Me gradué sin tener todavía los 18 años y me ubicaron a trabajar en la escuela Fabio Rosell", rememora.

Luego fue maestro en las primarias Omar Ranedo y Luís Ramírez López, y cuando construyen el preuniversitario Eduardo Saborit Pérez (la 11), en Niceto Pérez, lo mandaron para allá, sitio en el que tuvo la oportunidad de ser delegado del primer mandato del Poder Popular, tras las creaciones de las Asambleas municipales.

Después vinieron años en los que pasó por varias responsabilidades y centros: fue subdirector del primer concentrado deportivo del territorio y luego de la EIDE tras su surgimiento en Guantánamo. También se desempeñó como comisionado provincial de béisbol y de baloncesto, y pasó por la Academia de Boxeo, ubicada entonces en Palmar de Yateras, y por la de Béisbol, al lado del estadio Van Troi. En esta última pudo dirigir el equipo juvenil por cinco años seguidos, en cuya nómina se encontraban peloteros como Jesús Ruiz, Minoel Heredia y Giorvis Duvergel, y guiarlos a esa misma cantidad de finales nacionales.

Del otro lado del Atlántico

En 1994 Gallo parte rumbo a Italia a cumplir misión internacionalista como profesor de béisbol y softbol en la ciudad de Capannori, de la provincia Lucca, región de Toscana.

"Estuve en una sociedad de softbol y por eso la pelota tenía que atenderla prácticamente en tiempo libre, pero lo hacía y casi me cuelo en el torneo élite de aquel país, pero vine de regreso y cuando volví al año siguiente me dejaron solo con el softbol, deporte en el que pude llevar a seis muchachas al equipo nacional de Italia.

"Eso lo pude hacer aplicando mi metodología, que no consiste en otra cosa que mucho guante y pelota. Creo que es muy importante la planificación y la teoría, pero la táctica y el oficio se ganan de forma práctica sobre el terreno.

"Estando en Italia la gente aquí comenzó a conocerme un poco más, porque en vez de pensar en el beneficio de mis familiares y amigos, siempre buscaba de qué forma podía serle más útil desde allá a mi Guantánamo. Todos los años traía 20 cajas para donar al movimiento deportivo aquí, en la que incluía bicicletas, ropa para los ciclistas, armas de esgrima, 100 pelotas de voleibol -a un costo de 100 dólares cada una- y de fútbol, trajes para los cancerberos, entre otros implementos.

"Además, en Capannori yo hacía tantas cosas como aquí. Hasta tenía montado un gimnasio para embarazadas y aunque no era mi responsabilidad chapeaba el campo, arreglaba cosas por aquí y por allá, y vivía buscando trabajo extra para ocupar el tiempo y no estar ocioso", expresa poniendo cara de orgullo.

Su regreso a Cuba fue en el 2001, volviendo a la Academia de Béisbol, pero poco a poco se fue dedicando a atender desde el punto de vista deportivo a las prisiones, y en la actualidad esa es precisamente su responsabilidad en el Índer.

Un activista de armas tomar

Algo que distingue a Gallo es su labor como activista social, deportivo y cultural, trabajo voluntario que inició allá por los años 70 del pasado siglo.

En lo social, uno de sus anhelos y luchas más grandes ha sido la de lograr que se haga un puente o paso sobre el río Guaso para la Ciudad Deportiva en las cercanías de la zona sur, y por ello impulsó en tres ocasiones la construcción de la calzada, cuyos restos todavía sirven de vía de comunicación.

Desde el punto de vista social una labor que en los últimos años mueve a este inquieto guantanamero es la atención a los adultos mayores y a las prisiones. En el primer caso, el vínculo viene desde la misma creación de los Círculos de Abuelos y constituye una de sus prioridades diarias.

"Considero una responsabilidad personal atender a los ancianos y por eso todos los martes en el patio de mi casa tengo un aula de casi 70 integrantes de la Universidad del Adulto Mayor, con réplica en las prisiones de hombres y de mujeres. Además, coordino una peña en la Casa de Cultura Rubén López el tercer viernes de cada mes, otra en la sala 5 E del Hospital General Agostinho Neto el segundo viernes, participo en un espacio los jueves en la revista Señal de la emisora CMKS y en el programa Ya está el café, del telecentro Solvisión, una vez al mes, y cuando puedo traigo viejitos hasta de La Habana para que conozcan la provincia e intercambien con los de aquí.

"En el caso de las prisiones, vamos todos los meses y hacemos actividades. En un mismo día pasamos por la cárcel de mujeres y la de la Tarea Confianza, y otro día por la de hombres. Allí llevo el grupo musical aficionado La Pequeña Compañía del Adulto Mayor y hasta algunas personalidades del deporte y el arte nacional de visita por Guantánamo me han acompañado.

"Con la cultura inicio mi labor en el año 1977, cuando comienzo a realizar en mi cuadra los homenajes a los atletas guantanameros que murieron en la explosión de un avión de Cubana de Aviación en aguas de Barbados. Eso lo hago todos los años con carácter comunitario, aunque ya provincialmente siempre se hace un acto en la EIDE.

"Sin contar que de forma voluntaria muchas veces buscaba agrupaciones musicales y me iba hasta La Habana a llevarles actividades recreativas a atletas de primer nivel como Félix Savón, y en los carnavales siempre movilizo a mis vecinos para engalanar la cuadra y celebrar cada nuevo cumpleaños del Comandante en Jefe Fidel Castro. Por otro lado, en mis actividades en la prisión y con los ancianos, nunca falta la cultura.

"Respecto al deporte, más allá de mi trabajo como profesor de Educación Física, dirijo una peña deportiva que radica en mi casa -con más de 50 integrantes- llamada Los Gallos, soy presidente del Movimientos de Peñas en la provincia -son cerca de 100-, y superviso regionalmente a todas las que existen de Las Tunas para acá.

"Ahí lo mío es convocar a los miembros para competir entre nosotros en torneos como el reciente de softbol para personas con más de 50 años, que fue un éxito, visitar atletas y glorias deportivas, apoyar los equipos y las diferentes competencias y cuidar las instalaciones", cuenta.

La gasolina

Gallo afirma que él nunca se cansa y que las fuerzas para hacer todo lo que realiza diariamente no sabe bien de qué lugar las saca. Cada mañana se levanta a las cinco de la mañana, hace un poco de ejercicios y al despuntar el día inicia su ajetreo hasta que cumple todo lo que lleva en su agenda personal --que no es más que un grupo de papelitos que coloca debajo de su reloj-.

"Mi familia también constituye un motor de impulso para lo que hago, por su apoyo. Me gusta compartir siempre que puedo con mis 10 hijos y darle mis consejos, escucharlos. El ejemplo debe comenzar por casa, así pienso.

"Y mi otra gasolina para laborar son los sueños, la lucha para convertirlos en realidad. Eso no me deja estar quieto y me obliga a vivir metido en proyectos de beneficio social para aportar mi granito de tierra en la búsqueda de un Guantánamo mejor, ese que vamos creando ya de poco en poco entre todos", concluye Gallo.

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