bouly baloncestoBouly jugó en 2016 como contrato con el equipo argentino Talleres de Paraná. Foto: Tomada de Internet

A los 10 años, Yunieski Bouly Garzón comenzó a practicar baloncesto en el área especial del reparto Obrero con la “profe” Caridad, quien le despertó aún más el amor e interés por el “balón marrón”, que según cuenta esta joven de 24 años y 1.86 metros de altura, le absorbía el tiempo libre y la energía.

 

Cuando llegaba una pelota a sus manos, la hacía picar de un lado a otro simulando torneos, en los que marcaba pasos y puntos para luego recibir la ovación del público.

 

“Desde pequeña amé el deporte. Practiqué atletismo, pero finalmente terminé en básquet. Me encantaba escuchar cómo rebotaban los balones en la madera, además de pasarlos de un extremo a otro de la cancha sin perderlos”, comenta la lozana atleta.

 

Por la versatilidad en el tabloncillo, pronunciada estatura y excelentes resultados matriculó en la Escuela de Iniciación Deportiva Rafael Freyre, donde se destacó en la categoría pioneril, esto le posibilitó llegar a la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético nacional y luego al Cerro Pelado.

 

“En el último estoy hace ocho años, y a pesar de que los entrenamientos son estrictos les pongo más rigor. Me exijo al máximo, debo desarrollar sin límites la técnica, porque físicamente no soy muy buena”, precisa la deportista, quien asegura jugar cómodamente en cualesquiera de las posiciones.

 

“Acoplé bien en la cuatro conocida como poste y encargada de atrapar los rebotes. También juego en la tres -mi puesto actual en el Cuba-, en la que realizo la función de alero, ataco, tiro y penetro, en fin, acepto cualquier tarea, lo importante es desarrollarse”, explica satisfecha, quien experimentó el pasado año sus primeros eventos internacionales en Brasil, República Dominicana y Argentina.

 

Lejos de casa

 

Dos meses, Bouly estuvo lejos del Cerro Pelado y mucho más de su natal Guantánamo. “Fui contratada para jugar en el equipo argentino Talleres de Paraná. Allí, los entrenamientos eran completos y rigurosos al igual que aquí, aunque más actualizados, los gimnasios tienen superioridad tecnológica”, añade mientras abunda sobre su estancia en tierra gaucha.

 

“Dormía en las mañanas para recuperar fuerzas, porque entrenaba al mediodía y por las noches. Eso me chocó bastante, pues en Cuba no es habitual. Gané en experiencias, crecí como deportista, conocí nuevas formas de entrenamientos, hice amigos, incluso dejé de impresionarme con la multitud”, reconoce sobre lo aprendido en Argentina.

 

“Ahora también aplico esas técnicas y las enseño a mis compañeras de equipo”, expone mientras señala la importancia de jugar en otras ligas para elevar el nivel competitivo.

 

Y de la familia

 

Dice estar muy contenta con su progreso deportivo, “ellos me animaron mucho cuando tuve que ir para La Habana -donde paso la mitad del año-, porque no aguantaba estar lejos de mis padres y hermanas, con quienes vivía aquí.

 

“Tengo dos sobrinitas a las que amo mucho y de las que me cuesta separarme. Quiero ver cómo crecen y se forman, además enseñarles a encestar, a lo mejor alguna se inclina por el baloncesto”, dice entre risas.

 

“Es duro dejar lo que amas y adaptarte a un nuevo estilo de vida, pero al ver resultados y un pueblo jugando contigo en cada partido, percibes que no fue en vano. Es inimaginable la satisfacción que siento cuando retorno a Guantánamo, y piso la cancha donde aprendí a driblar, tirar…”, rememora agradecida de sus inicios.

Todavía recuerdo mi primera Liga Superior en la polivalente Castiello. Tenía 14 años y estaba súper impresionada, las jugadoras contrarias eran más altas que yo, por lo que estaba muy nerviosa y en vez de defender, atacaba y corría desorientada”, evoca una de sus novatadas, quien ha participado en más de 10 ligas.

 

Del pasado al futuro

 

Primero integró la preselección nacional y luego el equipo Cuba como titular, “solo resta concluir mi carrera de Cultura Física y, por qué no, lograr algún día la corona olímpica. De momento continuaré concentrada en conquistar junto con mis compañeras el oro en esta Liga.

 

“Seguiré con mi ritmo de juego, me concentraré en la cancha donde lo único que tengo en mente es anotar, defender y contribuir a la victoria del conjunto”, señala mientras precisa lo esencial de congeniar con su quinteto dentro y fuera del terreno y en especial el guantanamero, el cual alude necesita más atención.

 

Solo al básquet se refirió Bouly Garzón como su principal pasión, no obstante, enumeró de forma rápida y jocosa las cosas que más le gusta hacer cuando está lejos de la cancha: bailar y ver la televisión -exclusivamente novelas.

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