ismaire dia mujerIsmaire Guillén Fresco siente orgullo de ser la primera mujer que barrió las calles en el municipio de El Salvador. Fotos: Leonel Escalona Furones

Ismaire

Siempre que se va, regresa; no como el amante que reconoce lo perdido, sino porque siente ese oficio parte de su sangre y lo defiende “a capa y espada”. Tal vez es el orgullo de ser la primera mujer que barrió las calles en el municipio El Salvador, quizás sentido de pertenencia por los Servicios Comunales.

Ismaire Guillén Fresco comenzó a trabajar a los 14 años en la agricultura, primero como ayudante de un campesino, luego en labores del plan viandero de la Empresa Lorenzo Moisés, en el Jobito, y posteriormente en la recogida de café.

Esta mujer conoce de cerca el valor del trabajo y los esfuerzos por la superación. Responsable y desprejuiciada, es de las personas que creen en la fortaleza del género femenino, en el espíritu emprendedor y la capacidad para enfrentar disímiles tareas a la vez; valores que pone a prueba su desempeño como directora de Servicios Comunales en el Salvador.

Madre desde muy joven, cuenta que cargaba con su pequeño para todas partes, “hasta que prohibieron llevarlo al campo porque el traslado se hacía en tractor y corría el riesgo de un accidente”.

“Cuando recogía café junto a Los Blancos, productores del rubro en la zona de Carrera Larga, salí en busca de otra oferta laboral y me acerqué a la Dirección de Comunales. El jefe me preguntó: ¿No tienes pena barrer?-Contesté que no, y al otro día me contrataron. Es así como empecé de barrendera, el primero de noviembre de 1983”, rememora.

“Muchas personas me preguntaban si no me daba pena lo que hacía, pero ese es un trabajo igual a los demás -considero- no veo por qué avergonzarme. Fui barrendera, pañolera, almacenera, técnica necrológica y además, dirigente sindical, miembro del secretariado de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) municipal”.

“Desde que vivía en Jobito era dirigente de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), donde me desempeñaba como ideológica en mi delegación. Nunca olvido los días que íbamos a Perseverancia y Sempré a ahilar caña”.

Y añade: luego me incorporé, en ese orden, a la dirección sindical, de servicios comunales y por último el Partido”.

Ismaire agradece el apoyo de la familia y los amigos, por ellos pudo compartir las responsabilidades políticas con las domésticas. “Mi madre, la abuela de mi hijo, mis hermanos y vecinos me han ayudado mucho. He recibido también el apoyo y la orientación de la FMC para trabajar, integrarme en las actividades y para superarme. De hecho, soy miembro del comité provincial de la organización femenina hace 32 años”.

Ahora, tras 20 años fuera, regresa al territorio donde un día trabajó protegida con camisas mangas largas, nasobuco, sombrero, guantes y botas. Ahora, como ingeniera.

Y no hay otro calificativo que perseverante para esta mujer que se presentó en cuatro ocasiones al examen de ingreso a la Educación Superior. Con ella el dicho cambia: a la cuarta fue la vencida.

“Durante el tiempo de preparación para la prueba de ingreso me hice técnico medio en Economía del Trabajo, pues no tenía la base adecuada para enfrentarme a la prueba. Estudié y estudié hasta que lo conseguí, y me gradué como ingeniera Agrónoma en el 2002”, rememora.

Con su tesis de grado -detalla- “introduje el cultivo de los gladiolos rojos en Guantánamo, específicamente en la zona de La Tagua. Por donde quiera que pases, en la ciudad o fuera de ella, está mi mano”.

magalis dia mujerEn la finca El Guayacán, de Magalis Rodríguez Guerra, se constituyó la primera brigada FMC-ANAP el 12 de julio de 2014. Fotos: Leonel Escalona Furones

Magalis

Empezó con apenas seis integrantes el proyecto que inicialmente nombró Mujeres Creadoras. Hoy suman 34, organizadas en la primera brigada FMC-ANAP creada en Cuba, constituida el 12 de julio de 2014.

Magalis Rodríguez Guerra no cree en diferencias de géneros, mucho menos comportamientos machistas. Profesa que “no hay obstáculos para los propósitos” y en su quehacer, no desmaya para hacer más atractiva la vida de las campesinas en su poblado La Jabilla.

“Empecé en la agricultura a partir del proceso de entrega de tierras en usufructo de 2011. Dicen que la mujer transforma, y eso fue lo que hice en mi Finca agroecológica El guayacán de 2.10 hectáreas de extensión, ubicada en el kilómetro nueve y medio en la carretera a Caimanera”, relata.

“Cuando llegué era una zona totalmente cubierta de marabú -explica- de conjunto con mi familia lo tumbamos y con la leña hicimos carbón vegetal que vendimos. Con ello compré un caballo y una carriola…”.

En su dominio, dedicado a los cultivos varios -fundamentalmente plátano- esta campesina tiene además 50 puercos y 25 ovejos, sumadas a las gallinas, patos, guanajos que revolotean en su patio.

Su día comienza a las cinco de la mañana, cuando atiende a los animales, luego las actividades planificadas para el día.

“A veces nos toca deshojar, hacer la limpieza o el riego, este último generalmente de noche, primero porque las plantas lo agradecen más, y segundo porque a esa hora la mayoría de las personas descansan, y no hay que disputarse la escasa agua de la zona”.

Pero Magalis no solo se dedica a la agricultura. Desde los 14 años es muy activa en el trabajo de la FMC, con responsabilidades que van desde el nivel de base, en sus inicios; hasta Ideológica de su Bloque y Presidenta de la Brigada FMC-ANAP.

“Salgo de una cosa y voy para otra, todo pasa por la planificación y por la disposición de la gente. Junto a las responsabilidades políticas tengo a la familia que no se puede dejar de atender”, explica mientras muestra su propiedad.

Cuenta que “la brigada se inserta en el trabajo comunitario, apoyamos al médico de la familia con la lactancia materna y la prueba citológica. Ayudamos a quienes necesiten de algún trámite, ya sea en la ciudad o ver a la trabajadora social. Buscamos empleos a las mujeres y –anuncia con mucha alegría- pronto tendremos nuevos talleres: tejido, corte y costura. Si estamos en el campo tenemos que ser feliz desde aquí”

Asegura Rodríguez Guerra que la brigada revolucionó el trabajo de la federación en su bloque.

“A las madres les angustiaba el hacinamiento de los más de 50 niños en la escuela primaria, así que los campesinos aportamos el 2 % para la cuenta sociocultural y hoy esperamos por los documentos de planificación física para construir un aula. Nos preocupamos y ocupamos de los problemas de la comunidad, sobre todo con los planteamientos relativos a la insuficiencia de empleos en la zona.

“Una mini industria y una finca de uso colectivo para la siembra de flores, podrían paliar las necesidades cada vez más crecientes de empleo”, propone, en tanto muestra preocupación también por la creciente dificultad para acceder al agua potable.

Compartiendo las tareas de la vida junto a su esposo Alberto Regalado y sus tres hijos –incorporados al trabajo agrícola en sus ratos libres- Magalis Rodríguez no cesa en lo que denomina “su constante y difícil lucha contra manifestaciones machistas”.

“Mientras tengas fuerzas –dice- trabajaré, cuidaré de mi familia y trasmitiré las experiencias a las jóvenes generaciones”.

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