cientifico joven

Zadiérik Hernández Ortega a sus 36 años de edad luce como esos eternos enamorados de las ciencias, que no pasan un segundo sin pensar cómo usarlas y más si tiene que ver con la naturaleza.

“Confieso que primero me gustó el campo, apreciar y descubrir las maravillas rurales de mi pueblo –Cayamo, en Caimanera-. Después descubrí estando en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas José Maceo Grajales, que para seguir esa pasión debía estudiar Geología o Geografía. Obtuve esta última y en 1999 me fui a estudiar a La Habana” aclara al inicio de nuestra conversación.

La Génesis

Zadiérik, observa su computadora, piensa callado, intenta recordar detalles del pasado, lo interrumpo y le pido que hable de sus días en la universidad.

“Comencé en el 2000. Bien lejos de casa pero siempre he sido independiente y no pasé trabajo. Traté de ser buen alumno, no puedo decir que llegué a serlo.

“Allí fui parte del grupo de estudio ambiental Antonio Núñez Jiménez, con ellos realicé expediciones para el saneamiento de playas habaneras y trabajé en el proyecto CAESAR de reordenamiento ambiental de la cuenca del río Quibú, una experiencia muy gratificante, resultado de una colaboración entre nuestra facultad y universidades de México, España y Alemania.

“Igual de importantes fueron las prácticas en Mayabeque, Artemisa, Pinar de Río y Matanzas, siempre vinculado al medio ambiente: descripciones de suelos, de la vegetación, estudios geográficos completos e incluso estuve en sitios relevantes científicamente como el Centro Nacional de Meteorología.

La jornada en Catedes

En el Centro de Aplicaciones Tecnológicas para el Desarrollo Sostenible (Catedes) de Guantánamo, una de las instituciones más reconocidas en el trabajo medioambiental local, inició en 2006 su labor como ecologista Zadiérik.

“Llevo más de diez años en esta institución, vinculado a proyectos en la franja costera sur de lucha contra la desertificación y la sequia, de manejo de ecosistemas, sobre el corredor biológico del Caribe y de reforestación en la zona de Macambo, valiéndonos de especies autóctonas como el guayacán, y otras introducidas como la yatrofa o piñón, muy usada para cercar fincas.

“Acá trabajamos en constante interacción con la naturaleza y con la comunidad. Incluso hemos creado círculos de interés infantiles en zonas como Bayatiquirí, para que esos habitantes velen por el cuidado de su flora y fauna.

“Experiencia interesante ha sido todos los años el Festival de Aves del Caribe, realizado del 22 de abril al 20 de mayo, coincidiendo con el Día Mundial de la Tierra y de la Biodiversidad. Allí les explicamos a los niños la importancia tanto de las migratorias como de las endémicas, para que aprendan a valorarlas.

“Actualmente trabajo en un proyecto de estudio de ecosistemas costeros y marinos que se va a implementar en la costa sur y norte de Guantánamo, también en otros vinculados a la producción de girasol y ajonjolí con fines alimenticios y sobre el aprovechamiento del estiércol para producir energía.

“Este último trabaja con los porcicultores, pues las eses fecales de los cerdos son muy agresivas al medio ambiente y deben tratarse con biodigestores. Estos mitigan el efecto contaminante y producen gas, útil para la cocina. Tenemos una experiencia de un refrigerador que funciona con ese combustible.

“Además de los proyectos también presto, junto a mis compañeros, servicios científico- técnicos a las empresas, relacionados con diagnósticos ambientales, planes de manejo de productos químicos y desechos peligrosos, de sistemas de gestión, estrategias, entre otros que suelen ser la mayor fuente de ingreso monetario de Catedes.

Visión profesional

El trabajo científico suele ser un campo donde predominan las personas con edad avanzada, y ver savia nueva adentrase en ella, es algo admirable, pero no imposible, como lo cree Zadiérik.

“Un joven aporta siempre algo. La retroalimentación es vital en cualquier área. Cuando se llega novato al centro laboral se viene con los deseos de hacer, las ideas frescas de la universidad, solo se necesita de un ambiente saludable y un equipo que te ayude y permita superarte, entonces el resultado es satisfactorio.

“Acá la dirección siempre ha tenido bien claro el valor de la superación, se nos exige por ella. Hay que hacer maestrías, doctorados, ser profesores adjuntos, investigadores y con publicaciones científicas.

“Yo por ejemplo en este momento estoy en una maestría en La Habana, y espero tener esa categoría científica pronto.

“Además tenemos relaciones muy buenas con el Departamento de Geografía-Química-Biología de la Universidad de Guantánamo (UG) y en el futuro deseo ser profesor adjunto de allí, y así sumar más alumnos a proyectos y trabajos científicos de la provincia, de por sí muy desconocidos.

“Me preocupa en ese aspecto además que en nuestro territorio hay muy pocos vínculos con universidades como la de Oriente y La Habana, que aportan personal científico altamente calificado, de los que hoy carecemos.

“También sucede que los que salen de acá a estudiar fuera, por lo general se quedan pues tienen mejores incentivos, mayor visualización y posibilidades de viajar. Guantánamo debe garantizar el retorno del personal que estudia fuera.

“Sí, la UG trabaja hoy por cambiar esta realidad, pero creo que debería ir más a la Química, Biología, Geografía, etc., puramente, porque tiene muchas carreas técnicas, pedagógicas y escasean las de mi corte.

Más allá de las ciencias

Quien ve a Zadiérik en el trabajo, ni cree que pueda tener tiempo para hacer algo más. Yo mismo ni lo pensaba hasta que me dijo que además de investigar se le puede considerar un experimentador de las artes visuales…

“Con Daniel Ross, un joven graduado de la academia de las artes plásticas, realizó expediciones a lugares de interés natural y local. Fuimos a la cuenca del río Toa, al Campanario, al resolladero del rio Guaso, y el resurgidero del rio Cusco en Limonar de Monterrú.

“Allí hacemos productos audiovisuales que sacan a relucir los valores paisajísticos de Guantánamo, por las redes sociales. Vamos a esos sitios en busca de algún potencial para realizar proyectos y disminuir las presiones sobre ecosistemas amenazados, porque la gente desconoce su valor real.

“Esos recorridos me han confirmado la gran riqueza natural de Guantánamo, que sin embargo no se conoce ni se usa para el llamado turismo ecológico. Que además tiene grandes reservas de recursos renovables”.

Pero el trabajo no lo es todo, nuestro entrevistado lo tiene claro. Debe hacer tiempo para su esposa y su niña de siete años. Aunque no se perdona haberse perdido los primeros pasos de la hija por estar de viaje en México por un año.

No obstante, trata de siempre estar ahí para ella, para ponerle la pañoleta o verla cruzar de grado, eso y el apoyo de la amada, lo compensa casi todo.

“Mi mujer comprende cuanto me dedico a Catedes, sabe que lo hago por placer, porque realmente ganancias económicas no aporta. El salario es poco y también las estimulaciones, pero para mí es un lujo estar donde me gusta”.