rosa“Las vacas son mi vida”, asegura Rosa. Foto: Lorenzo Crespo Silveira.

Dice Rosa Laque Ascón, que su padre solía decirle que mujeres existieron de todo tipo, guerreras, políticas, princesas, nobles, o nada más esposas, así que cuando éste falleció, decidió que no quería pasarse la vida dedicada solo a esposo e hijos, y se dedicó a la ganadería.

A su finca El Encanto, ubicada en Lajas, Paraguay, y adscrita dentro de la Cooperativa de Créditos y Servicios Luis Rustán Rodríguez, se le nota que al mando está una mujer trabajadora.

“Mis labores comienzan a las cuatro de la mañana al colar café. Mi esposo Deni ordeña las vacas por la habilidad y rapidez que tiene, y ya a las cinco y media está todo listo para que el tractor recoja la leche y la lleve a la bodega. Tenemos como plan entregar diez litros diarios a esa unidad de víveres y cuando producimos más de lo planificado la vendemos a la Empresa Láctea a 2,30 pesos”, explicó.

En general, tiene 23 cabezas de ganado, ocho son vacas de las cuales solo seis están en producción, seis terneros, tres novillos, dos toretes que están siendo amaestrados, un toro y tres añojos.

La tierra de que dispone, una hectárea y media, por el momento es suficiente y le permite cumplir lo establecido en cuanto a las áreas de alimento animal de acuerdo a la cantidad de cabezas de ganado…, pero solo por ahora.

“Estoy pensando solicitar más terrenos, pues tengo hembras preñadas y necesito espacio, además como no recibo el pienso para las vacas con regularidad, debo sembrar más king grass, maíz y caña que son los alimentos más consumidos por las bestias”, afirmó, emprendedora.

Con lo que sí se las ve difícil es con el agua. “Este lugar es muy seco. Para darles de beber, debo llevarlos al río, a más de un kilómetro, o traerles el líquido en pipa de un canal igualmente distante”, precisó.

Pero con ganas, dice, todo se puede. Ganas que se traducen, también, en atenciones a la masa. “Hay que ser delicados con los animales, ellos sienten y reaccionan según como una los trate. Esas dos que ve allí, por ejemplo, se llaman Carola y Marlen, y son mis preferidas, será porque son muy intranquilas y a veces hasta me “fajan”, y me he propuesto ganármelas.

“Hago todo lo posible para agradarles, les hablo y cuando se dejan las acaricio. Ellas ya están entrando en cintura”, comentó con una sonrisa.

Y así es con todo. También ha tenido que “amansar” el marabú que cubría su finca. “Ves el área de allí, señaló con la mano extendida, todo era maleza. Poco a poco lo fui cortando, avancé pero todavía debo esforzarme más, mi esposo me ayuda al igual que Feliberto Legrá Michel y Alfredo González Renda, dos compañeros que trabajan aquí”, detalló.

No es nada fácil. Además de la finca, en la que además tiene aves de corral para el autoconsumo y toda una jauría, debe atender a su esposo y a su hijo varón, “que me ayuda en lo que puede” –las tres hembras ya se casaron e hicieron su vida lejos de la vaquería.

La maravilla

Para González Renda, Rosa es la “maravilla” de la finca El Encanto: “Es un fenómeno, siempre está a la par de nosotros chapeando, limpiando, no le tiene miedo al trabajo, es un ejemplo de mujer y por eso no quiero otra jefa”.

A pesar de lo cual, noto, encuentra tiempo para no descuidar su belleza que ya anda por los cuarenta años bien llevados, a pesar de los rigores del campo, de que su vida “son las vacas y a ellas se dedica, todavía más cuando están por dar a luz o se enferman”.

Para las primeras, dedica atenciones especiales, con una sensibilidad que le da su propia maternidad. “No duermo, me mantengo atenta y si siento un gemido, ahí estoy para ayudarlas a parir. Al nacer, los terneros reciben cuidados dobles, de sus madres y mío. Velo constantemente por la salud y desarrollo del ganado en general”, agrega.

vacasEl buen estado de la masa habla de las atenciones en El Encanto. Foto: Lorenzo Crespo Silveira.

A pesar de todo, aun se siente en “deuda” con su ganado. “El techo del corral no está en óptimas condiciones, por el momento lo cubro con guanos pero no es suficiente, si llueve se mojan y si hay vientos fuertes toda la cubierta se va y quedan entonces al sol y sereno”, confesó.

Tiene, también, insatisfacciones: “quisiera tener más apoyo de la CCS, que nos suministren a tiempo el alimento animal y el material para los corrales. Tenemos problemas con el abastecimiento del agua, con el fluido eléctrico, casi siempre hay bajo voltaje, lo que impide buena visibilidad para cuidar los potreros”, precisó esta mujer que, desde hace cuatro años, sobrecumple en la entrega de leche a pesar de los malísimos tiempos que deprimieron la actividad en la provincia.

Y eso, es fruto del trabajo duro. “Si sumo los minutos de receso en la semana creo que no llegan a los sesenta, pero igual me las agencio para regar mis plantas y escuchar un poco la radio, cuando no estoy en el corral, ni montada a caballo guiando a las vacas, ni en los quehaceres de la casa”.

Las personas que se dedican a la ganadería, confirma, “deben ser sacrificadas, solo así logran ver resultados. Esta actividad me satisface mucho, las vacas convierten el forraje que comen en productos derivados como la leche y la carne, que contribuyen a la nutrición de cientos de personas” agrega con orgullo.

“Muchas mujeres no se integran al trabajo de las vaquerías porque piensan que le resta feminidad, invito a las jóvenes que no están vinculadas al estudio o a una profesión, que valoren la posibilidad de dar su aporte al desarrollo de la ganadería y descubran lo bello de esta actividad”, concluye Rosa.

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