daniel rossTodo empezó por el dibujo y la pintura. Luego asistir a los talleres resultó fundamental para el destacado creador guantanamero Daniel Ross Diéguez, antes de ingresar en la Academia Profesional de Artes Plásticas de su tierra natal, donde pudo desarrollar otras técnicas, igual de llamativas para él, como el grabado y la escultura.
Esa atracción tan temprana, Daniel se la achaca al hecho de que cuando era pequeño se pasaba mucho tiempo «ocioso», «recetándole» medicamentos que ni él mismo conocía a su abuela, quien lo cuidaba, para que su mamá pudiera ejercer de médico. «Llegaba un momento en que en las recetas no quedaba un espacio en blanco, porque las llenaba de dibujos. De las recetas pasé a hojas más grandes, hasta que ya no pude parar más».
Al final, Ross se graduó de grabado, aunque jamás ha abandonado el dibujo. «Siento que es mi fuerte; la técnica que más utilizo para expresarme, para transmitir ideas», afirma y entonces agrega:
«Después fue la plástica la que me abrió las puertas al mundo de las artes en general, porque creo que después de haberlas descubierto, de hacerlas mías, ya no puedo existir sin el audiovisual, la literatura y la música electrónica», confiesa.
¿Resultó sencillo para ti entrar a la Academia Profesional de Artes Plásticas?
—En lo absoluto. Las pruebas fueron muy rigurosas. Recuerdo que se presentó una cantidad enorme de niños, de los que solo dejaron 25, de los cuales 20 éramos varones. De entre ellos, yo quedé segundo en los exámenes de aptitud. Pero en ese tiempo estaba bien centrado en lo que quería y además tenía buena mano... Bueno, tengo todavía (sonríe)...
¿Qué sientes que te aportó la academia?
—Dicho de una manera muy simplificada: te ahorra tiempo. Quizá en el Renacimiento, por ejemplo, los pintores se pasaban años para descubrir una técnica, y, sin embargo, la academia te resume ese conocimiento. Después que aprendes, que lo incorporas, lo que queda es encontrarte, ir acomodando todas esas enseñanzas a tus posibilidades, a tu talento, a tus necesidades de expresarte y de proyectarte. Así, poco a poco, vas descubriendo un color, un tono, una textura, para manifestar tu discurso, para tratar determinada temática que te interese, lo cual te va definiendo como un artista, lo mismo del grabado, que de la pintura, la escultura...
«En mi caso, soy muy amante del dibujo, como te he dicho, y de este parten todas las manifestaciones, empezando por el grabado, mi especialidad, y la pintura. A mí me complace ser expresivo y muy figurativo también».
El tema de la contaminación urbana está muy presente en tu obra...
—El tema de la contaminación, en general, empezó a aparecer en mi obra a partir del tercer año de la academia, pero comencé a ser más enfático en la urbana, porque me llamaba mucho la atención la manera en que las personas fumaban por todas partes y tiraban las colillas; el ruido, el aglomeramiento de la gente en las colas... Fui armándome de una tesis y refugiándome en colores, tratando de emplear colores tierra, apagados...; de utilizar con fuerza el amarillo, que no es tan explotado —pocos, como Vincent van Gogh, lo han sabido defender—, pero que tiene mucho protagonismo en mi obra.
«Asimismo, creé el personaje del Obrero, que ya se identifica claramente en mis creaciones: un sujeto gordito, un poco encorvado, fumando de una pipa, y siempre muy apegado a objetos que están rotos, desgastados, que en apariencia no tienen ningún uso, pero que él se empeña en reparar, en remendar, en devolverlos a la vida.
«Paulatinamente fue surgiendo un discurso que necesitaba de cierta poesía a la hora de concebir la composición de las piezas, en el que destacan escaleras que miran al cielo pero no conducen a ninguna parte; casas tan pegadas unas a otras que parecen que se están abrazando; una hilera de contadores como si estuvieran en una reunión... Al mismo tiempo, los títulos de las obras empezaron a crecer hasta convertirse prácticamente en parlamentos, en párrafos..., son textos poéticos que intentan explicar de dónde nació mi inspiración y cómo se materializó...».
¿No temes estar dándole al espectador todo demasiado «masticado»?
—Es muy posible. Tal vez parta de que me haya quedado esa insatisfacción de cuando uno es niño y todavía no tiene la academia para dibujar a mamá o a papá, y entonces pinta unos muñecos y los identifica escribiéndole al lado: «mamá y papá». Quizá yo tenga ese «problema» y a veces no me baste la imagen, lo que he reflejado en la obra pictórica, y necesite decir más con poesía, ofrecer más información; hacerlo todo más evidente. Puede que corra el peligro de limitarle un poco la imaginación al espectador, pero es mi manera de crear, de vincular distintas manifestaciones artísticas. Igual me gusta trabajar en los más diversos soportes, y aprovecho otros materiales que no son los convencionales, como tejas de zinc, cartón, papel manufacturado...
¿Cómo concibes tus exposiciones?
—En principio no soy muy prolífico, me tomo mi tiempo. Trabajo las ideas hasta casi agotarlas, porque no me gusta estarlas repitiendo de exposición en exposición. Y si necesito mantener un tema, como el de la contaminación urbana, por ejemplo, entonces tengo que presentarlo de una manera distinta, buscar otra forma de crear.
«Aunque he intervenido en varias exposiciones colectivas, las personales son todavía contadas, entre ellas están: Kafetánamo, que se inició con la idea de pintar con café; Prohibieron fumar y sus ideas se hicieron cenizas y Diferentes estados de ver la igualdad.
«Para la más reciente tomé como galería a Facebook, una red social que posibilita el intercambio con la gente que expresa de inmediato lo que piensa de lo que le estás proponiendo. Fue una expo muy interactiva en la que convidé a participar a todos mis seguidores. Se titulaba Rosstros y resultó una experiencia muy enriquecedora. Me interesa llegar a otro público y saber cómo piensa».
Entonces la literatura apareció en ti «empujada» por la plástica...
—Exactamente así. Recuerdo que hacía los bocetos, pero tenía que reforzarlos muchas veces con palabras. No me alcanzaba con poner el color. Entonces acotaba: «Le falta tal tono», y trataba de ser más preciso. Y esos señalamientos empezaron a convertirse en breves descripciones de la idea de la pieza que deseaba desarrollar... Por ahí comencé a interesarme por la poesía y la narrativa, lo cual me llevó a participar primero en talleres literarios en busca de mis propias herramientas, y luego a enviar cuentos a varios concursos, en los que alcancé algunos reconocimientos.
«Cuando me sentí más listo hice llegar al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso unos relatos, gracias a los cuales pude recibir el valioso curso de técnicas narrativas que me moldeó, porque es como una especie de laboratorio que me sirve para mucho.
«Prefiero la narrativa, aunque en mi caso tiene mucho de poesía, es decir, me gusta escribir prosa poética, o la antipoesía al estilo de lo que hacía Nicanor Parra, Charles Bukowski...».
Dj Ross, a ti también la música electrónica te ha cautivado...
—También desde pequeño quise ser músico. No olvido que hice las pruebas, pero ya no había matrícula. El rock fue lo que me impulsó. Enseguida me empezó a interesar esa música de sonido estridente, esas baladas tan cargadas de guitarras, de baterías, de voces tan fuertes... Y con el rock apareció también mi atracción por la música electrónica, que me posibilitó hacer después mis propias creaciones.
«Gracias a la música electrónica creé un espacio en Guantánamo que se denominó Beat x Beat (Latido por Latido) y que realizo con Omar Mayor Álvarez, Dj Thor, licenciado en Estudios Socioculturales, todos los segundos y cuartos sábados de cada mes en la sede de la compañía Danza Fragmentada. Aquí ahora es que está tomando fuerza, porque apenas había referencias, pero poco a poco nos hemos ido haciendo de un público...».
Incluso has conseguido un espacio en la radio...
—Tal parece que mi gusto ha envejecido, porque me encanta la radio, lo que no es común en un joven de mi edad (sonríe). Mi primer acercamiento a ese medio fue en busca de un espacio donde se hablara sobre rock. Así nació Gravedad Zero, que ahora constituye una sección dentro de un programa. También realizo Beat x Beat, pero pensado en la música electrónica.
Eres un creador muy inquieto. ¿Te ha ayudado la Asociación Hermanos Saíz (AHS) a canalizar todos esos intereses artísticos?
—A la AHS me acerqué desde que estudiaba en la Academia Profesional de Artes Plásticas de Guantánamo. De hecho, fui el primero de ese centro que formó parte de dicha organización, que me atraía porque todo el tiempo intentaba mezclar las diferentes manifestaciones en sus actividades. Me encantaba aquella mezcolanza. Veía a la AHS como esa gran mesa donde me podía servir libremente lo que quería y necesitaba. Y me nutrió muchísimo. Bueno, aún lo hace, ofreciéndonos siempre esos espacios diversos para crear, para participar como artistas.

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