justo pastor perello giraltFoto: Lorenzo Crespo Silveira

Dice Justo Pastor Perelló Giralt que el día de su competencia en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan, Puerto Rico 1966, había llovido cantidad y el fango inundaba todo el campo interior y la pista de atletismo.

 

Eran 24 competidores y la tierra remojada tornaba difícil la hazaña de lograr un buen tiro, pues la pistilla en firme para lanzar la jabalina se quedaba muy pequeña ante la invasión de la suciedad.

 

“Yo era el último en tirar, y ya estaba loco por entrar en combate. Los jueces decían que en tales condiciones posiblemente la mejor marca de la primera vuelta seguro era la del oro.

 

“Justo cuando casi me tocaba vino un guardia americano con una ametralladora en las manos, se me paró al lado y me dijo que no compitiera que Fidel Castrose había quedado en Bulgaria. En ese momento pronuncian mi nombre y me dan dos minutos para el lanzamiento.

 

“El tipo me miraba amenazante y yo empuñaba la jabalina como si fuera un arma por si tenía que darle con ella. La sangre me hervía y tomé rápido la decisión. Caminé rumbo a la pistilla y le respondí al soldado: Entonces Fidel se quedó en Bulgaria, pues mira ahora mismo para que veas como Fidel vuela bien alto por ahí para allá.

 

“Y tiré para arriba con fuerzas para que cayera bien parada la jabalina y nadie fuera a creer que podía ser no válida. Con el impulso y tratando de no pasar sobre la raya límite me caí, y justo cuando me levantaba veo en la pizarra el 75 metros de la tirada y al público de pie gritando ¡Viva Cuba¡ Había hecho un lanzamiento dorado.

 

“Ese fue el día más grande de mi vida, sentí que había roto el bloqueo al deporte cubano y le mostraba al mundo que no estábamos flojos. Al rato, cuando me dan la medalla de oro y ponen nuestro Himno Nacional, no sabía qué hacer, la gente callaba de pie y los guardias sostenían mi bandera, guardias con los mismos uniformes que los que antes del triunfo de la Revolución me iban a buscar a la casa para meterme preso por colaborar con el Movimiento 26 de Julio. Sentí que al fin llegaba mi venganza personal, y lo hice con el deporte”, confiesa con emoción Justo Perrelló, como mejor se le conoce, primer medallista dorado de Cuba en la históricamente conocida como la delegación del Cerro Pelado.

 

Antes y después

 

Justo Perelló, ahora rayando los 77 años, pero con una vitalidad de 30, afirma que el deporte le encanta desde su niñez aunque solo pudo vincularse realmente a él tras el triunfo de la Revolución, pues con anterioridad tuvo que enfrentar la dura realidad de la vida para la gente pobre de entonces.

“Era un niño muy sufrido, en casa no teníamos mucho y a la escuela iba con un pantalón con el fondillo roto, poniendo los libros detrás para que nadie viera. Mi sueño era entonces ser cirujano, pero ¿cómo?

 

“Con solo 13 años tuve que irme al corte de caña para ayudar a la familia, pues mi mamá era el sostén y apenas encontraba trabajo. Eso sí, tenía tremenda conciencia revolucionaria, algo que me inculcó ella, que estuvo presa trece veces por colaborar con el Ejército Rebelde, y yo cuatro por servir de mensajero al Movimiento 26 de Julio.

 

“Tras enero de 1959 trabajé en una unidad del Batallón Fronterizo como jefe de información. Luego me mandaron para Yateras como jefe militar y después para Baracoa cuando hacen el intento diversionista de desembarco, previo a la invasión por playa Girón.

 

“En el área de defensa de Baracoa, un día llegó un compañero con jabalinas, discos y balas para competir. No sabía nada de eso, pero cogí una jabalina y la tiré hasta 36 metros. Ahí descubrí que aquello era lo mío y desde entonces me puse a entrenar hasta de madrugada, con una lanza hecha con palo de monte.

 

“Mi brazo era poderoso y mi técnica pésima por lo cual perdí los primeros Juegos Militares en Santiago de Cuba y en La Habana, pero tuve la suerte de que me llamaran de La Habana para entrenar era el estadio Pedro Marrero con los mejores atletas del país”, recuenta Perelló, quien en 1965 implantó record nacional con 77,34 metros, una muestra progresiva de su crecimiento deportivo, ese que lo hizo formar parte de la delegación a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan, Puerto Rico 1966.

 

“A Puerto Rico íbamos a competir, pero también asistíamos para defender nuestro derecho a participar como país independiente, y pensábamos ir como sea.

 

“La delegación se preparó en La Habana, de ahí nos montamos en aviones para Camagüey, y seguimos después para Santiago de Cuba. Hubieron muchas trabas, primero con los pasaportes y luego con la vía de transporte para llegar a San Juan.

 

“Fue una madrugada cuando nos montamos en el Cerro Pelado, barco mercante preparado para nosotros en el puerto santiaguero. Todo fue en absoluto secreto. Tuvimos que ir escondidos, evitando que nos vieran. El calor era inmenso y durante la travesía entrenábamos en el propio buque. La delegación era muy unida y nos queríamos y cuidábamos mucho; todos para uno y uno para todos.

 

“El día que nos descubrieron vestidos de uniforme, con momos deportivos, y con la bandera cubana, la aviación y los barcos norteamericanos de guerra comenzaron a sobrevolarnos o seguirnos. Nos decía que viráramos, que iban a confiscar o hundir el barco, pero seguimos contra viento y marea hasta anclar frente a las costas de Puerto Rico, en aguas internacionales.

 

“El día de la inauguración de los Juegos teníamos los pelos de punta y en el mar los tiburones estaban como aquí las palmas reales. Pero existía la disposición de llegar de cualquier forma con el pasaporte arriba. Si nos tirábamos al agua los primeros seríamos carnada, eran como 4 ó 5 millas, pero alguien iba a llegar, aunque fueran solo los de natación. Sabía que estaba la muerte ahí, pero no le tenía miedo.

 

“Las cámaras de lejos ya habían captado a la embarcación cubana y comenzaron las manifestaciones para que nos dejaran entrar. Fue mucho el apoyo del pueblo puertoriqueño.

 

“Al parecer eso obligó a tomar la decisión de darnos entrada, en un barco de la marina de guerra de Estados Unidos, pero nosotros dijimos que preferíamos que se hundiera nuestro mercante antes de montarnos ahí.

 

“El Comité Olímpico llamó a conversar, y enviaron una barcaza con capacidad para cien personas que duplicamos. Casi se hundía, pero llegamos a tiempo para el desfile, aunque muchos no pudieron ni siquiera participar por estar indispuestos.

 

“Durante los Juegos la tensión era grande. En los entrenamientos nuestros los mercenarios se paraban armados en la cerca perimetral y nos decían barbaridades, pero resistimos, competimos y logramos salir de allí segundos por medallas.

 

“De regreso para Santiago de Cuba amenazaban con torpedear el barco. Al acercamos a las costas cubanas llovía intensamente y vi una lancha que se acercaba y en ella venía Fidel. Subió saludó y me preguntó por José Llanusa –entonces presidente del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación- Fue un momento insuperable ese.

 

“Fidel nos acompañó hasta Santiago de Cuba conversando, reconociendo la proeza realizada y puntualizó que esa hazaña era un Girón deportivo. Al llegar a tierra la gente esperaba. Fue muy bonito, las sirenas, helicópteros tirando flores, los abrazos, las lágrimas, los besos.

 

“Aquella fue una verdadera prueba de fuego para el deporte cubano, pero cumplimos compay”, rememora Justo.

 

Después

 

Tras los Juegos de 1966, Perelló logró una medalla de bronce en los Panamericanos de Winnipeg, Canadá 1967, y fue cuarto en los de Cali, Colombia 1971.

Se retiró del deporte activo en 1976 tras sufrir una lesión en los dedos, y entonces se fue a Isla de la Juventud a trabajar como entrenador tras graduarse de Licenciado en Cultura Física.

 

“Hace cuatro años decidí regresar a mi provincia. Siempre me gustó mi pueblo de Jamaica. Aquí hice de todo (técnico de fríos y de radio, zapatero remendón, cortador de caña…) y es donde me he podido dedicar a mi otra gran pasión: el dibujo.

 

“He pintado un millón de paticos y ahora quiero pintar cuatro millones con ayuda del Gobierno y lo voy a hacer aunque me quede ciego. Ya estoy algo viejo para el deporte aunque tengo hasta records en la categoría de veteranos.

 

“Yo me creo que soy invencible, y si me propongo una cosa la hago. No me siento nunca derrotado, y eso lo demostré toda una vida, incluyendo eso Juegos en Puerto Rico”, concluye esta gloria del deporte que el pasado 23 de julio recibió la medalla 50 Aniversario del Cerro Pelado.

Comentarios   

0 #1 Dilene Perello Isa 23-02-2017 20:12
Muy buenas tardes,
Quisiera dar las gracias a todos los que hicieron posible la publicacion de esta bella historia de mi padre, JUSTO PASTOR PERELLO GILART, gloria del deporte cubano.
Saludos Dilene Perello Isa, hija de esta bella gloria del deporte Cubano
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