Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire (…) Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo (…) Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; (…) Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa (…).

Instrucciones para darle cuerda al reloj. Julio Cortázar

guantanamo relojeroArgimiro García Montero es relojero hace 35 años. Foto: Leonel Escalona Furones

La relojería, me dice Argimiro García Montero como si me confesara un secreto recién nacido, lo es todo. Y sin amor, no hay buen relojero que valga, como tampoco es posible sin seriedad y sabiduría.

Sabiduría. Eso me dice. Y a continuación, que sin los relojes no se puede vivir. “Porque el tiempo lo es todo, y más en la modernidad”, aunque prefiere los relojes de antes, los mecanismos de metales preciosos, con pedrería, tallas. “La relojería ha cambiado mucho, ahora hay más tecnología y complicaciones, pero menos belleza”.

Estamos en la Relojería de Pedro A. Pérez entre Paseo y Narciso López, en la ciudad de Guantánamo, donde además de él, hay otros 10 puestos de trabajo por cuenta propia. Su mesa, empero, lleva el número 33. Una fiesta de significantes, de esoterismo, un número maestro, con poder, equilibrio, con historia y misterios. Eso le digo, y se sonríe.

Argimiro es relojero hace 35 años. Empezó desde abajo, que para ese oficio es la categoría D, luego de un año en la escuela, donde lo llevó su hermano, “que en paz descanse, porque sin él, no estuviera hoy aquí. Y ese es solo uno al que tengo que agradecerle por lo que soy”.

La lista es larga -periodista, me había dicho en medio de la entrevista, y no me va a preguntar de dónde vengo, porque nadie sale del aire, nadie es lo que es por sus propios medios, siempre hay gente que te ayuda y eso tiene que mencionarse porque si no, estamos perdidos-, pero la reduce a cuatro nombres:

“Néstor Rojas, Nené, y Sandalio Carbonell, ellos me formaron en la Escuela de relojería. Manuel Navarro que fue mi maestro en el taller hasta que se jubiló, y Eduardo Rojas, Nené, con quien me hice maestro relojero”.

De sus manos, fue creciéndose. Relojero C, B y A. Y maestro relojero, “la mayor categoría que se puede lograr en Cuba, donde no hay ingeniería para fabricar relojes”, hace 17 años. Con el título, “se espera de mí que sepa enfrentarme a cualquier mecanismo, desde el más sencillo hasta el más complejo”.

Un aprendizaje que, me alerta, no se detiene. Cada día, hay que estudiar los nuevos relojes, los nuevos mecanismos adicionales porque, antes, “el reloj más complejo tenía la hora y el calendario, y hoy son automáticos, vienen con doble calendario, cronómetro…, todo a la vez, y uno no puede quedarse detrás”.

Al margen de las nuevas tendencias, de los artículos de usa y bota, toda la parafernalia desechable…, dice no sentirse amenazado. “La relojería siempre va a existir porque las personas no pueden vivir sin el tiempo, y mientras eso suceda, van a demandar buenos relojes, mecanismos confiables, y para eso estamos nosotros”.

Porque el reloj, y vuelve al terreno de los afectos, “es como la vida. Es la vida y da vida. Yo vivo gracias a él, y soy capaz de mantenerme a mí y a mi casa, de tener economía gracias a mi oficio”.

Los ama. Se ve cuando los mira descubriéndole los achaques, no importa la marca que sean. Pero si es para su muñeca, prefiere el Citizen, la japonesa en el mercado desde 1918. “Por confiable, por dócil”. Y de ella, tiene algunos en casa. Acaso su única pasión, pues nunca se ha dedicado al coleccionismo.

Los cuida. “Porque son como las mujeres. Si no le das cariño, los pierdes. Los relojes se rompen y las mujeres se van. A los míos, les doy su mantenimiento, los mantengo limpios. Tener un reloj no es cualquier cosa”, y me parece estar leyendo a Cortázar en su Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj.

¿Qué espera un relojero del suyo? “Que sea lo más exacto posible. Aquí en el taller, incluso tenemos la manía de ver quién tiene la hora más exacta, es como un orgullo”.

¿Cree que un reloj habla por quien lo lleva? “Sí. No sé si es el oficio, pero lo primero que hago cuando conozco a una persona es mirarle el reloj. Eso me dice sus gustos, su posición, si es sencillo, su modestia, si se toma el tiempo en serio. No entiendo a quienes no tienen uno. Para mí, son nada”.

¿El rey de los relojes de pulsera? “El rolex, y hace poco el Battlefield, un reloj que se hace por pedido. Son muy precisos y los mecanismos tienen metales preciosos”.

¿Los más complicados de arreglar? “Esa es fácil, los chinos que vienen últimamente. Son tricompás, doble calendario, tienen cronómetro y son automáticos. Complicados por gusto. Lo peor, porque además tienen una gran cantidad de plástico. Qué va, los chinos están a mil años luz de la buena relojería”.

¿El mejor regalo para un relojero? “Un reloj bueno. Siempre un reloj”.

¿Y el colmo? “No dar la hora exacta, o no tenerla. Eso, a mí, no me pasa. Y se lo digo con modestia. No ando por ahí hablando de mi trabajo ni haciéndome el mejor. De relojería, de maestría, solo hablo en el trabajo”.

Comentarios   

0 #1 manuel batista 16-03-2015 17:41
en mi plano personal mas q maestro es el embajador de la relojeria guantanamera ademas de ser un gran ser humano gran amigo gran hombre del cual me siento orgulloso de ser su amigo de muchos anos cuando un reloj se me danaba enseguida acudia a el.t quiero y no t olvido nunca gran amigo .pronto estare de visita en gtmo pasare a verte.abrazos en la distancia
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0 #2 manuel batista 16-03-2015 17:43
gran amigo hombre y guantanamero me siento orgulloso de ser tu amigo de anos pronto t visitare EMBAJADOR DE LA RELOJERIA GUANTANAMERA .ABRAZOS
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