Un taller guantanamero sueña en grande: convertirse en un productor de falsos techos para las inversiones locales y la venta a la población

produccion falso techoLa producción de falso techo, actualmente de forma manual, podría agilizarse con la compra de batidoras para la mezcla del mineral, el incremento del espacio del taller y de un horno para agilizar el proceso de secado de las losas. Fotos: Lorenzo Crespo Silveira

Se trabaja en dos mesas, que en realidad es una en el medio, con la balanza de un lado y dos recipientes vacíos de pintura, y una especie de meseta paralela a la primera, donde hay dos moldes, no más que dos cuadrados de madera con un fondo negro y figuras que parecen hojas.

Guillermo Porte, matricero con varios años de experiencia en la producción de artículos de yeso en el taller de artesanía Babo, ubicado en el centro de la ciudad de Guantánamo, da las últimas instrucciones al par de mujeres a las que les corresponde hacer la próxima losa.

La producción de piezas de falso techo es totalmente manual. Lo primero, les había dicho el hombre casi al momento de nosotros llegar, mientras media docena de trabajadoras prestaban atención al proceso, es pesar el yeso y verterlo en el agua que ya espera, en parte, en uno de los antiguos recipientes de pintura.

Una mujer se ocupa del gramaje y de batir con una mano la mezcla que debe quedar sin grumos mientras otra, que a primera vista parece menor, esparce con una brocha mediana el lubricante en el molde. Como si fuera una danza, cuando la una termina, ya la otra ha dejado la brocha para darle paso.

Es el tercer paso. Verter, con calma, el contenido en el molde, empujando la mezcla hacia los espacios en blanco, que por esta vez son espacios en negro. El cuarto, esparcir algunos puñados de fibra de coco, -que por lo general se desecha en los campos- por todo el molde. Es parte del secreto para una losa más ligera.

El quinto, empero, es el secreto definitivo: una pieza de madera que presionan contra la superficie blanca y aplica el principio que, al ser descubierto, provocó en Arquímedes de Siracusa el ahora archiconocido grito de Eureka. Ellos, en el taller, le llaman simplemente macho.

La mezcla reposará en el molde unos 20 minutos, hasta fraguarse como una masa plástica, después de lo cual será retirada y sacada a un patio donde, expuesta a la intemperie, se secará durante 72 horas. Luego, también de manera manual, otra artesana rematará con yeso los bordes, las imperfecciones.

Son los pasos de un emprendimiento, y de una promesa…

produccion falso techo2Retomar la producción de artículos de yeso como una de las producciones fundamentales, es el objetivo, asegura Columbié, administrador del taller de artesanía Babo, ubicado en el corazón de la urbe guantanamera. Fotos: Lorenzo Crespo Silveira

Lo que hizo la chispa

Ya la gente no busca figuras decorativas de yeso como antes. Lo saben los empresarios y lo saben los artesanos del taller que de ese mineral constituido por sulfato cálcico ha vivido por tanto tiempo.

Esa sapiencia los hizo buscar alternativas para generar ingresos: escobas de yarey, bolsos, tapicería…, hasta que “la directora de la empresa municipal, nos pidió soluciones para retomar -porque lo visto no es nada nuevo entre esas paredes, por lo menos no completamente nuevo- la producción de falso techo”.

Quien habla es José Daniel Columbié, administrador del taller y, junto al matricero, uno de los artífices fundamentales de las nuevas losas.

“Las de antes -con yeso y soga de polietileno- pesaban muchísimo, y era necesario acercarnos a los 3,5 kilogramos de las importadas. Probamos con muchas cosas, hasta que llegamos a la fibra de coco -por sugerencia del director de la Empresa provincial de Industrias Locales Varias, Jorge Sierra-  que rebaja costos y agrega consistencia, y a una pieza que las ahueca el centro”.

Para las figuras decorativas de su superficie visible, también un aporte del citado director, se usa una alfombra plástica de auto. “También usamos cristal corrugado como base, que se ve muy bien…, en realidad, en ese sentido, podemos buscar muchas alternativas”.

Hoy, con unos pocos moldes -la idea, asegura Columbié, es llegar en un primer momento a seis de estos, nueve trabajadores y una producción potencial de 25 losas por cada molde- se han fabricado unas 390 unidades de 60 por 60 y 250 de 50 por 50 de falso techo, así como 50 piezas de pared, “que son las primeras que hicimos, según la forma tradicional, más pesadas”.

Además de las dimensiones, varía el color que puede ser blanco o amarillo, de acuerdo con el tono del yeso, un material que llega de la Industria de Materiales de la Construcción, de Santiago de Cuba, aunque “nace” a unos 50 kilómetros de la ciudad de Guantánamo, en Los Siguatos de San Antonio del Sur.

El costo por una losa de 50 por 50 para la empresa, abunda Columbié, es de 26 pesos y 43 centavos en pesos cubanos (CUP), mientras el precio de venta, establecido por una especialista de la empresa, es de 65 pesos para las entidades y 85 para el comercio minorista.

Lo más caro, y más difícil, es el yeso. Una tonelada, precisa esta vez, cuesta 250 pesos en moneda libremente convertible (CUC) y mil pesos en CUP, y solo les destinan una al mes que, aún con sus producciones incipientes, su sana ambición ve demasiado poco.

Algo que pudiera solucionarse, si es que depende únicamente del suministro del mineral, dijo a Venceremos Luis Felipe Mandariaga, director comercial de la Empresa de Materiales de la Construcción de Santiago de Cuba: “Tenemos, aseguró, capacidad productiva suficiente para entregar el yeso que se solicite, con el único requisito de que se haga un pedido, al menos, con un mes de antelación”.

El otro gran problema es la ausencia de los perfiles, marcos de metal que sostienen las losas, lo cual -aunque son piezas que pueden obtenerse de recortería en otras industrias- es la principal limitante de las brigadas de montaje de la empresa, que solo pueden instalar las lozas a los clientes que tengan los perfiles, y a la venta a la población.

Sobre esta situación en la reunión presidida a finales de enero pasado por el vicepresidente del Consejo de Ministros Marino Murillo Jorge, este dijo que apoyaría, y ya se gestiona con otras fuentes, en otras provincias del país.

produccion falso techo3Así se ve una losa terminada. “Mucho más ligera, hecha con yeso y con fibra de coco, que es fácil de conseguir, ligera y fuerte”, dice el matricero, responsable de hacer los moldes y mezclas para la producción. Fotos: Lorenzo Crespo Silveira

La concreta

Mientras en el taller se afanan en dar forma al yeso, en la Empresa provincial de Industrias Locales Varias, con la marca registrada Velisa, se trabaja en afianzar el futuro de la producción de losas de falso techo.

Lo más urgente, para salvaguardar la fórmula guantanamera de frente al mercado, “es patentar el proceso con la delegación territorial del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente, lo que ya estamos haciendo”, tercia Celia Creagh, la directora técnica, productiva y comercial.

Se trabaja, también, en la elaboración del proyecto que buscará financiamiento -para la ampliación de capacidades productivas y mejoras tecnológicas-, ya sea con el Gobierno como parte de su política de sustentar proyectos de iniciativas de desarrollo municipal o a través de la colaboración internacional.

Todo, me repite, está en ciernes. “Tenemos una ficha técnica con las especificidades del proceso y los productos, y ya el director dispone de un anteproyecto de norma que deberá gestionar con la Oficina de Normalización, pues aspiramos a certificar nuestros productos -o procesos, si no hubiera normas en específico- y poder expandirnos con confianza al mercado nacional”.

Entretanto, el Comité de Normalización de la empresa -argumenta, a su vez, Elvia Pérez Cisneros, analista de producción para la atención de proyectos y miembro ella misma del citado- elabora una regla propia que, como se mire, es una garantía de doble sentido: para los clientes en tanto certifica la calidad de los productos y para la entidad que, de esa manera, salvaguarda sus inversiones.

De momento, las piezas de Babo han pasado sin problemas las primeras pruebas de fuego. Lo demuestra el buen estado y belleza del falso techo de la Farmacia Internacional ubicada en el céntrico bulevar de la calle Crombet, puesto desde finales del pasado año.

Las primeras pruebas de calidad, aclara la directora técnica Creagh, se realizan en el taller, y “nosotros tenemos los controles sobre las producciones, pero, sobre todo, el listón los ponen los clientes, que cada día exigen más calidad y, hasta ahora, están satisfechos”.

Gaspar Atarés, arquitecto desde hace un año de la empresa, aclara a su vez que “en general, se busca en las losas que cumplan con los requisitos del peso y las dimensiones, y que además no presenten curvaturas o fisuras”.

Algo en lo que, a juzgar por las demandas de estos materiales que ya han recibido y que la directora comercial de Velisa asegura “importantes”, parecen convenir algunos de los empresarios y directores de la provincia. “Tenemos entidades interesadas, pero no queremos adelantarnos”.

No será tan fácil. Nada más nacer, el falso techo local tendrá que vérselas con los importados de fibra de plástico, fáciles de limpiar y resistentes al agua, duraderos y con precios muy competitivos -losas similares son comercializadas de forma mayorista a 1.33 CUC y 0.32 CUP para inversores estatales-, que campean en nuestras inversiones.

Pero, sea como sea, lo que vendrá, está por verse.

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