1 eldescanzo Imías1. Un refrescante descanso en El Descanso.La verdad es que cuando uno pasa más de dos días en la finca El Descanso -ubicada a unos cinco kilómetros del Consejo Popular Cajobabo-Veguita, en el municipio de Imías, ya no quiere regresar a la ciudad de Guantánamo.

No importa que para llegar hasta el espacio montuno de Manuel Roque Díaz -dueño de aquella propiedad - tenga que salvar 17 pasos de río en tractor o con el agua cubriendo los zapatos, o que la zona permanezca aun sin electrificación.

Lo cierto es que en aquel terreno de la serranía guantanamera afirmado en la Circunscripción 8, que abarca los asentamientos El Descanso-Najesial-Arrollo de Carlos-Las Cruces; se respira limpio y no hay sonidos estridentes que echen a perder la buena siesta; allí se degustan platanitos dulces que empalagan, y el café colado de Nelsa mancha hasta las vasijas de metal.

Me cuenta Manuel -quien a sus 87 años exhibe una sonrisa amplia y sincera- que llegó a la finca que pertenecía a sus progenitores hace más de cincuenta años, y que desde entonces, ya nombraban El Descanso.

"Me imagino que sea porque aquí se juntan los caminos que vienen de La Vega, Cotilla, Nasejial y Veguita", argumenta.

2 el descanso Imías2. Macanabo está convencido que laboriosidad, confianza y respeto son valores indispensables en la vida de cualquier persona.Tal vez no sepa explicarme bien por qué en aquella zona de solo 192 habitantes desde tiempos inmemoriales llaman de ese modo a su hogar; pero afirma que "tiene azúcar" para recibir visitas de otros territorios de la provincia... bien sean médicos, policías o periodistas... cualquiera que busque reposo.

"Me regocijo con cada nueva visita porque es sinónimo de confianza. Esa vieja que tengo a mi lado se conduele de todo el mundo; hasta a nuestros animales de casa los alimenta día y noche. Cómo no hacerlo con nuestros semejantes", y no vacila cuando pronuncia estas palabras mi longevo entrevistado.

"Somos humildes, pero compartimos todo. Puedo asegurar que mi familia es bien llevada con todos los vecinos de por aquí".

Y eso lo demuestra no solo Macanabo –así le llaman algunos lugareños- y su esposa Nelsa Frómeta. Igualmente el resto de los familiares que conviven junto a él, quienes suman seis entre hijo mayor, esposa y descendencia.

Para el dueño de El Descanso, que antaño fuera bien activo en labores agrícolas y ceba de animales, laboriosidad y respeto son valores indispensables en la vida de cualquier persona.

Este simpático campesino guantanamero, amante de la tierra y el surco, me cuenta que en su finca (una caballería de extensión) hace años se recogían más de quinientas latas de café, en cada temporada. Aunque en el presente, un buen por ciento de ese plantío se ha visto afectado; sus hijos y nietos reemplazan los sembradíos con posturas más jóvenes, y también se dedican a la siembra de cacao, coco y hortalizas para el consumo en casa, y la entrega a la Cooperativa de Crédito y Servicios Constantino Lores a la que pertenecen.

Manuel es de esos abuelos amantísimos y sosegados que velan cada paso de la única nieta que vive junto a él, como también del joven Manuelkis, futuro profesional de casa que cursa estudios de Licenciatura en Cultura Física en la Universidad de Guantánamo; y quien me lleva en la travesía de ida y vuelta de la finca, en el tractor que él mismo conduce.

El Descanso está en medio del monte; se cocina con leña y no hay equipos electrodomésticos que faciliten la vida; tampoco hay cobertura para teléfonos celulares -ni empinándose a lo alto de una loma- y las noches son oscuras como boca de lobo; sin embargo, cuando uno pasa más de dos días allí, ya no quiere marcharse.

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