silverio mambi

                                       “Guerra es insustituible en el llano y su

presencia allí de una importancia extrema”.

                                                                                           General Pedro A. Pérez

El 8 de enero de 1927, en la vivienda de la calle Luz Caballero esquina a Prado, en Guantánamo, fallecía, rodeado de familiares y de viejos compañeros independentistas, el coronel Silverio Guerra Téllez, uno de los jefes mambises más distinguidos del Alto Oriente cubano.

Hijo del mártir independentista del 68, Manuel Guerra del Castillo, y de la mambisa Mariana Téllez Fonseca, naturales de Bayamo, Silverio fue el menor de los tres hijos varones del matrimonio, quienes se establecen, junto a su madre en Guantánamo en 1868.

En la villa del Guaso, Silverio estudia junto a sus hermanos José María y Manuel en la escuela del distinguido educador José Dolores García, quien les inculca, junto a la autora de sus días, los sentimientos de amor a la patria. Años más tarde labora en los ingenios San Antonio de Redor (hoy Manuel Tames) y Romelié.

Incorporado a la conspiración revolucionaria en 1890, es nombrado en 1893 por Pedro Agustín Pérez, jefe del grupo separatista de San Antonio de Redor, que integraban también Pedro Mestre, Bartolomé Cuza, Eleusipo Bertot y su hermano mayor José María Guerra, este último bisabuelo del mártir de la Revolución Manuel Tames Guerra.

Al producirse el Levantamiento del 24 de febrero de 1895, Silverio recibe la orden de permanecer en el valle y cumplimentar misiones que le asigna Pedro Agustín Pérez.

A principio de abril, después del desembarco de Antonio Maceo, se une en las montañas de Yateras a la guerrilla que dirige el comandante Francisco Bejerano. Días después de la muerte del general Flor Crombet, Pedro A. Pérez se entrevista con Silverio y el coronel Juan de León, a quienes explica la delicada situación que prevalece en Yateras, por la conducta antinacionalista que han adoptado los indios de Yateras incorporados al ejército español, causantes de la caída de Crombet.

Silverio, conocedor de la zona y de los indios Rojas-Ramírez, recomienda a Pérez que la persona más indicada para desarrollar trabajo de captación con los jefes indios era la partera y espiritista Cristina Pérez, famosa médium oriental, abnegada mambisa que cumplimenta la peligrosa misión, al lograr persuadir al cacique Francisco Rojas Ramírez y otros líderes menores de los nombrados “terribles indios de Yateras”.

Ya incorporados a la revolución, un importante contingente de indios se dirige bajo el mando de León y el cacique Rojas a El Cedrito, al norte de Jamaica, campamento de Antonio Maceo, al que arriban el 14 de mayo. Es entonces que el Titán de Bronce conoce a la famosa mambisa-espiritista y al joven teniente Silverio Guerra. Como premio a la labor emprendida, Cristina Pérez recibe de Maceo el nombramiento de capitana y jefa de los servicios médicos del Regimiento Hatuey.

En los momentos en que se organiza el cuerpo invasor que marchará a occidente, Silverio es seleccionado para integrarlo, sin embargo, en el Combate de Los Plátanos recibe una peligrosa herida y no puede participar en esta operación. Auxilia en noviembre de ese año a los expedicionarios que han desembarcado por Jauco, bajo el mando de Carlos Manuel de Céspedes, hijo del Padre de la Patria.  Ese mes José Maceo le otorga el grado de capitán.

Destacada es la participación de “Guerrita” como le nombraban, en la denuncia que promueven varios capitanes del Regimiento Hatuey contra el oficial Francisco Bejerano, autor del asesinato de un soldado, renegado jefe que es juzgado y sentenciado a muerte por un tribunal sumario. La justicia revolucionaria se imponía con hombres como Silverio, quien demostró ser fiel cumplidor de las leyes y de los principios éticos.

Ya con los grados de Comandante, en marzo de 1896, parte para Baracoa y contribuye a proteger al mayor general Calixto García, el cuarto líder de la revolución, y a los expedicionarios del vapor Bermuda, días en que estrecha amistad con el coronel e ingeniero matancero Eduardo Rosell Malpica, quien anotó en su diario de campaña: “Allí conocí a Silverio Guerra, valeroso oficial de las guerras en Guantánamo, con mucho de sangre de los aborígenes…

Participa en numerosas acciones combativas en el valle de Guantánamo, Yateras, Sagua de Tánamo, Manzanillo, Palma Soriano y Baracoa, y recibe varias heridas de balas. En noviembre de 1896 es ascendido a teniente coronel y nombrado jefe del primer batallón del Regimiento Hatuey, cargo desde donde apoya a Emilio Lateulade a desarrollar el valioso trabajo de cobrar los impuestos de guerra a los propietarios de cafetales e ingenios.

En enero de 1898, Pedro A. Pérez designa a Juan de León, jefe de la Brigada Guantánamo, y a Silverio Guerra lo nombra jefe accidental del Regimiento Hatuey, unidad que tenía su cuartel general en la Loma de la Piedra, Yateras. Con esta unidad y con el Regimiento Garzón ataca al fuerte español que protege el ingenio La Isabel, y toma el bastión enemigo.

La probada inteligencia y valentía combativa de Silverio queda nuevamente demostrada en febrero de ese año cuando a pocos kilómetros de Jamaica, al frente de 15 hombres montados, realiza una carga al machete contra el renombrado escuadrón de caballería peninsular María Cristina, acción donde mueren varios españoles, es capturado un teniente enemigo y son ocupados 12 caballos y numerosas armas.

Poco después, empleando dinamita hace rendir a la guarnición del fuerte que protegía el ingenio San Carlos. Por esa y otras acciones destacadas, Pedro A. Pérez le escribe al general Calixto García, proponiendo le otorgara a Guerra los grados de coronel: “El teniente coronel Silverio Guerra tiene un intachable historial militar y fue herido en varias ocasiones, tengo a bien proponerlo al empleo inmediato. Me atrevo a suplicarle para que sea premiado a este valiente jefe que bien se lo merece y que mucha falta me hace utilizarlo como coronel. Guerra es insustituible en el llano y su presencia allí de una importancia extrema”.

En el verano de 1898, participa en el cerco a la villa de Guantánamo como jefe de las unidades que presionan a la guarnición peninsular por el este de la población. Después de la rendición española en Santiago de Cuba, permanece con el regimiento en Santa Cecilia, ante la negativa de las autoridades yanquis de permitir la entrada de Pedro A. Pérez y sus mambises a Guantánamo. Allí, como expresa en carta que envía a “Periquito” tiene el deber de controlar la irritación de los libertadores.

Participa como coronel y miembro del Estado Mayor de la Primera División Mambisa, que dirige el general Pedro A. Pérez en la entrada a Guantánamo el 8 de octubre de 1898, y recibe junto al adalid del Guaso el caluroso reconocimiento del pueblo que los aclama.

Los restos mortales del coronel de las montañas de Yateras descansan para siempre en el Mausoleo del Mambisado Guantanamero, Monumento Nacional, reconocimiento del pueblo cubano a su valentía, patriotismo y entrega a la causa de la independencia nacional.

Fuentes consultadas:

Archivo Nacional: Fondos Ejército Libertador y General Calixto García.

Archivo de la Oficina del Historiador de La Habana: Fondo Personalidades de las Guerras de Independencia.

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